Nina Stemme interpreta a Isolda.

Óperas sobre amantes legendarios

En un hecho cultural con pocos antecedentes en el país. La ópera será protagonista: se podrá ver Tristán e Isolda, de Wagner, en las salas de Cine Colombia, junto con Don Giovanni, de Mozart, desde el Met.

2016/09/29

Por Luis Carlos Aljure Bogotá

Las dos óperas que el público podrá ver este mes de octubre en las salas de Cine Colombia se basan en historias de amantes legendarios que pagaron con su vida la osadía de sus pasiones desbocadas. Por un lado, Tristán e Isolda, de Wagner, esa pareja trágica que ha circulado en diversas versiones desde la Edad Media, y que es arrastrada al amor y al adulterio por el efecto irresistible de un elíxir mágico. Y por otro, Don Giovanni, inspirado en la leyenda del Don Juan español, que recorre Europa con su agudo ingenio al servicio de la seducción y el engaño, y deja tras de sí un nutrido catálogo de conquistas femeninas. Para ser exactos: 2.065, de acuerdo con la obra de Mozart.

Son muy pocas las óperas de Wagner que se han presentado en el país. Se tiene noticia de una primera representación en 1916, cuando una compañía itinerante italiana montó Lohengrin en el Teatro Colón de Bogotá. Después hubo que esperar casi un siglo para que en 2013, en el bicentenario del compositor, la Ópera de Colombia estrenara Tannhäuser en el Teatro Jorge Eliécer Gaitán, y la Filarmónica de Bogotá ofreciera una versión de concierto —es decir, sin puesta en escena— de Tristán e Isolda. Por eso es sorprendente que durante octubre la cartelera de espectáculos públicos muestre cuatro importantes funciones wagnerianas.

La habitual temporada de transmisiones que realiza Cine Colombia desde la Ópera Metropolitana de Nueva York (Met) comenzará con Tristán e Isolda. Así que el 8 y el 29 de octubre se podrá ver en varias salas de cine de Bogotá, Medellín, Cali, Barranquilla, Bucaramanga y Cartagena la puesta en escena de esa obra que propone la afamada compañía neoyorquina, que para la ocasión contará con la dirección musical de Simon Rattle —titular de la Filarmónica de Berlín— y solistas de alto nivel como la soprano Nina Stemme (Isolda), el tenor Stuart Skelton (Tristán) y el bajo René Pape (Rey Marke).

La música de Wagner ejerció una enorme influencia tanto en su tiempo como en las generaciones posteriores, y puede decirse que provocó a la vez una fuerte corriente de seguidores que se dejaron seducir por su estética, y otra tendencia de compositores que, por alejarse de su poder contagioso, buscaron nuevos rumbos para su arte. Tristán e Isolda, novena de sus 13 óperas, compuesta entre 1857 y 1859, es un buen ejemplo del alcance de sus logros. Cuando luego de diversas dificultades la ópera se estrenó finalmente en Munich, gracias al apoyo del rey Luis II de Baviera, los primeros espectadores entendieron que se enfrentaban a algo nuevo para entonces. La música tenía una fuerza expresiva arrolladora y empleaba las disonancias con singular libertad hasta crear un fluido musical lleno de tensiones y de ambigua armonía. La orquesta tenía un papel muy protagónico, y los cantantes eran exigidos al máximo en sus intervenciones con un tipo de canto muchas veces declamatorio, que se alejaba del estilo más abiertamente melódico de las óperas italianas y francesas de la época. Desde entonces se ha considerado un hito en la historia de la música, que señaló caminos intransitados por los cuales aventurarse.

El Don Giovanni, de Mozart, es otro de los grandes títulos del repertorio operístico. La transmisión desde el Met podrá verse el 22 de octubre, con repetición el 26 de noviembre, y será protagonizada por el gran barítono Simon Keenlyside, con la dirección musical de Fabio Luisi.

Mozart pasó los últimos diez años de su corta vida en Viena, y en ese periodo, entre otras maravillas, escribió sus tres óperas sobre libreto de Lorenzo da Ponte: Las bodas de Fígaro (1786), Don Giovanni (1787) y Così fan tutte (1790). Eran los años finales del siglo XVIII, cuando se vivía un esplendor de la ópera cómica en Europa. En la historia del libertino, sin embargo, Mozart combina con mano maestra elementos bufos y dramáticos, una doble condición que se aprecia desde la Obertura, que tras una introducción en tono sombrío desemboca luego en una música de carácter festivo. En Don Giovanni, estrenada en Praga con éxito rotundo, el arte de Mozart se aprecia en su esplendor: inventiva melódica, riqueza en la orquestación, pasajes vocales memorables, tensiones dramáticas, espíritu chispeante, y efectos geniales como el que logra durante la escena en la que tres grupos instrumentales tocan simultáneamente en ritmos de danza diferente.

Si en Tristán e Isolda los míticos amantes encuentran en la muerte un camino para la redención, el lujurioso Don Giovanni muere por castigo divino, porque no le perdonaron su falta de arrepentimiento ni actuar según una consigna: serle fiel a una sola mujer es mostrarse cruel con todas las demás.

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