Guadalupe Salcedo (1922-1957), comandante de una de las guerrillas liberales de los Llanos. (El Tiempo) / El caudillo liberal Jorge Eliécer Gaitán (1903-1948). (Archivo Semana) / El presidente conservador Mariano Ospina Pérez (1891-1976). (Archivo particular)

¿De dónde salen las Farc?

A propósito del especial que publicamos el año pasado titulado ‘Sobrevivir a la guerra’, compartimos esta pieza de opinión de la historiadora Clara Nieto, para quien el conflicto armado en Colombia no inició con la fundación de las Farc en los años sesenta, sino con la violencia conservadora en la década de los cuarenta.

2017/04/22

Por Clara Nieto* Bogotá

El reputado sociólogo Gonzalo Sánchez Gómez, uno de los investigadores más reconocidos de nuestra historia, hoy director del Centro Nacional de Memoria Histórica, creado por el gobierno de Juan Manuel Santos, trata en la revista Arcadia (julio de 2016) el tema más importante de la actualidad colombiana: el conflicto armado y el proceso de paz.

Para lograr la paz, el gobierno de Santos negoció con las Farc, en La Habana, Cuba, durante más de cuatro años y, a pesar de los obstáculos que planteó en forma constante la oposición, lo logró.

Gonzalo menciona en su artículo titulado Un camino sin más muertos la dificultad de llegar a un acuerdo entre analistas y militares sobre cuál ha sido el origen del conflicto. Menciona el problema agrario de los años treinta, la liquidación del movimiento popular que encarnó el gaitanismo, el cierre de los espacios políticos y sociales por el acuerdo bipartidista del Frente Nacional, pero no menciona —anoto— que este se origina en la violencia conservadora de los años cuarenta.

El conflicto armado no se inicia en los años sesenta, como lo vienen afirmando quienes discuten las negociaciones de La Habana. Sindican a las Farc de originar el conflicto armado, pero la historia verdadera es otra. Las guerrillas campesinas de esa época, liberales y la comunista, apoyada por su partido, surgen en los Llanos Orientales, Tolima, Santander y otras regiones del país. Son bandas armadas de autodefensas contra la brutal persecución oficial que solo busca exterminio.

Tal violencia la instaura el presidente conservador Mariano Ospina Pérez (1946-1950) contra el pueblo liberal y contra los gaitanistas. Por la usual persecución del gobierno a los comunistas, con bombardeos del presidente Valencia contra la guerrilla comunista en Marquetalia, en 1964 decide conformarse en un ejército: Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, las Farc.

Los medios de comunicación y los opositores de Santos, con Álvaro Uribe a la cabeza, se ocupan de divulgar las atrocidades cometidas por las Farc contra la población civil. Su intención es impedir que se llegue a un acuerdo de paz, que haya perdón, que se ponga en uso la “justicia transicional”. Nada de reingreso a la vida civil, ni participar en política, ni ocupar curules en el Congreso. Quieren que vayan a la cárcel. En efecto, son culpables de muchos crímenes, pero así no funcionan los acuerdos de paz.

Jorge Eliécer Gaitán, liberal, creó un movimiento político disidente de enorme fuerza popular. En 1947, en las votaciones nacionales para el Congreso, Asambleas y Consejo, Gaitán ganó la mayoría indiscutible y logró la jefatura única del Partido Liberal. Las posibilidades de ser elegido presidente eran patentes. Los conservadores y el oficialismo liberal que apoyó la candidatura de Gabriel Turbay temían que Gaitán llegara a la presidencia con el apoyo masivo del pueblo.

Ospina restringió entonces las garantías políticas a liberales y a gaitanistas, y en el campo la policía política, Popol, y la Chulavita en Boyacá, creadas por Ospina —algunos las llaman la Gestapo criolla—, y en el Valle del Cauca las bandas armadas de campesinos conservadores, los “Pájaros”, partidarios de Ospina, persiguieron y masacraron al pueblo liberal. Sus actos fueron atroces, de extrema sevicia. Víctimas de esa violencia murieron entre 200.000 y 300.000 colombianos, la inmensa mayoría campesinos inermes. La migración forzada en el país superó los dos millones.

Gaitán denunció la persecución y lanzó “La Marcha del Silencio” para demostrar la dimensión de la protesta. En la noche del 7 de febrero de 1948, más de 100.000 personas, hombres y mujeres, en perfecto silencio, con velas encendidas y crespones negros en señal de duelo marcharon por la carrera séptima hacia la Plaza de Bolívar en la capital. Fue una imponente manifestación popular de apoyo a Gaitán y de rechazo a la violencia del gobierno.

Dos meses después, el 9 de abril, asesinaron a Gaitán y estalló el llamado Bogotazo, la ira desatada del pueblo, el saqueo, los incendios, la destrucción de la ciudad. Su muerte es un crimen de inmensas proporciones. Detuvo un importante cambio democrático que estaba en proceso y rompió la esperanza y la ilusión de todo un pueblo.

Algunos historiadores sitúan el periodo de la violencia entre 1946 y 1957. Coincide con el periodo de los gobiernos conservadores de Ospina Pérez, Laureano Gómez, Roberto Urdaneta Arbeláez y el general Gustavo Rojas Pinilla, calificados de dictadores. En 1958, con el acuerdo bipartidista del Frente Nacional, entre Laureano Gómez y Alberto Lleras Camargo, terminó oficialmente el enfrentamiento partidista y Lleras fue elegido presidente (1958-1962).

Lo que quiero decir aquí es que el conflicto armado, que la inmensa mayoría del país quiso liquidar, comienza en los años cuarenta, no en los sesenta, como lo presentan. Ospina Pérez, Laureano Gómez y su hijo Álvaro, Urdaneta y Rojas, todos involucrados en esa violencia bipartidista, y todos muertos, son responsables de esta estrategia plagada de horrendos crímenes.

La realidad histórica de la responsabilidad del Estado y de los presidentes en el conflicto armado —durante más de 70 años— nunca se ha establecido, nadie ha sido condenado y los crímenes de lesa humanidad permanecen y permanecerán impunes.

*Historiadora.

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