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El precursor

Una reseña de 'Echeverría' de Martín Caparrós.

2017/01/24

Por Alejandro Quintero Mächler

Echeverría es la historia de un comienzo y de una promesa, tejida como una biografía novelada del letrado argentino Esteban Echeverría. Es la historia de un comienzo pues sin él no habrían existido ni Borges, ni Puig, ni Cortázar, ni ninguno de los grandes escritores de su país, entre ellos el mismo Caparrós, que vieron en Echeverría un padre fundador, un pionero. Desilusionado con la Argentina posindependentista de mediados del XIX, decepcionado con la pobreza intelectual de su entorno y sofocado por una tiranía feroz, la de don Juan Manuel de Rosas, Echeverría se impuso la más difícil de las misiones en un país latinoamericano: ¿Cómo crear una patria a partir de la materia que nos había legado la Colonia, una confusión de razas, regionalismos, ansias de progreso y jerarquías feudales? ¿Cómo, tras la política, adquirir la independencia cultural de España? ¿Cómo utilizar la pluma para componer un país viable?

Hoy resulta fácil tildar a Echeverría de idealista, iluso, cuando la palabra parece haber perdido su valor. Pero en su momento, cuando el progreso era religión y la prensa el templo del debate democrático, el proyecto letrado era visto como la única vía directa hacia la civilización. Se enfrentaba a múltiples problemas, aún sin resolver: ¿Por dónde se empieza una nación? ¿Por las leyes, por el Estado, por una literatura, por una identidad? ¿Existe la nación antes que la palabra o, más bien, es esta la que da vida a aquella? ¿Qué lenguaje debe usarse para narrar la nación, la del erudito elitista o la del pueblo explotado? Ninguna de estas preguntas escapó a la mente de Echeverría, y Caparrós es hábil al entretejerlas en el texto, más un retrato psicológico del letrado decimonónico que una biografía en toda regla. Uno de los grandes aciertos del libro consiste en explicar cómo Echeverría fundó una literatura a pesar de sí mismo y de sus dudas. Hasta el día de hoy, su cuento costumbrista El Matadero, denuncia de la barbarie dictatorial, es lectura obligada en colegios argentinos, por no decir latinoamericanos.

Y digo también que Echeverría es la historia de una promesa porque narra, con el acostumbrado ojo escéptico de Caparrós, la maduración de un intelectual moderno, ese individuo cuya función consiste en dirigir la opinión pública y enfrentarse, cuando sea necesario, al abuso del poder. Como muchos de su generación, Echeverría debió padecer y afrontar una dictadura que lo forzó a un triste y solitario exilio. Desde allí defendió la democracia bien entendida: no el populismo manipulador de las mayorías, conducente a déspotas entronizados, sino el verdadero gobierno del pueblo, acotado entre contrapesos. Por eso en la novela Echeverría termina siendo cifra de una promesa que todavía nos obsesiona, la del intelectual comprometido. Caparrós se propuso, acaso, retratar la carrera sinuosa y trágica de un letrado que califica de “primer antiperonista”; sin embargo, la novela adquiere una inquietante vigencia al abordar los dilemas del compromiso intelectual ante quienes coartan nuestras libertades. ¿Quiénes serán los intelectuales mesiánicos que nos salvarán de las tendencias antidemocráticas actuales? ¿Acaso los necesitamos? Los coetáneos de Echeverría se plegaron con molicie al poder de Rosas antes de caer en la cuenta de su error. Solamente Echeverría, terco, se mantuvo como opositor desde el inicio de la dictadura hasta el final de su vida, cuando todavía soñaba una patria que siguiera el camino señalado por sus letras.

Echeverría | Martín Caparrós  Anagrama | $64.900 |365 páginas  

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