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¿Qué hacer con Venezuela?

La crisis de Venezuela se ha convertido en un tema de discusión electoral en Colombia. ¿Cuáles son las posiciones de la izquierda, de la derecha y del gobierno?

2017/08/25

Por Sandra Borda

La crisis venezolana ya se convirtió en un tema de discusión electoral en Colombia. Y ha servido, entre otras cosas, para medirle el aceite a la actitud democrática de las distintas alternativas políticas en el país. Cada cual propone una forma de lidiar con esta crisis que deja claro el orden de prioridad que le otorga a ciertos principios. Y este, por supuesto, es un componente clave para que los votantes empiecen a definir sus preferencias de cara a las elecciones de 2018. Por cuestiones de espacio no puedo pintar el mapa en detalle y con matices de la discusión entre izquierda y derecha sobre el régimen de Maduro, así que advierto que se van a encontrar con algo de simplificación. Sin embargo, hay rasgos generales de las posiciones en ambos extremos que me parece importante discutir.

De un lado, una parte de la izquierda (no toda) ha sugerido que el principio de la autodeterminación de los pueblos y el respeto a una noción un tanto trasnochada de soberanía deben guiar cualquier acción de Colombia frente a Venezuela. Entonces, reza este argumento, no importa cuán autoritario y violador de derechos sea el gobierno venezolano, nadie debe hacer nada al respecto. Algunas posiciones incluso insisten, a estas alturas del paseo, en negar o (peor aún) justificar los abusos del régimen en contra de la población y repiten sin cesar que Colombia no tiene autoridad moral para decir nada porque acá las cosas están igual o peor. Con lo escasa y casi inexistente que es la autoridad moral como recurso de poder en la arena global, tendríamos que sentarnos a presenciar todos, como en película, el sufrimiento de una población civil inerme.

Pero estos mismos principios han llevado a la izquierda a insistir en que una intervención militar de Estados Unidos o cualquier otro actor internacional sería inaceptable como solución. En parte porque violaría los principios anteriormente mencionados y, además, porque como ha sucedido en otros lugares del mundo, este tipo de intervenciones no constituyen una solución de largo plazo y solo producirían más inestabilidad política. En medio de la cruzada de brazos general que nos proponen, es preciso decir que su intento por buscar un manejo menos unilateral e impositivo de la crisis es bienvenido.

El problema con la posición de esta izquierda que describo es que no reconoce que hay opciones intermedias entre intervenir militarmente y de forma ilegal, y cruzarse de brazos. Muchas de estas opciones intermedias son legales y alcanzan niveles de efectividad importantes. Pero ante este cálculo más pragmático, a veces sale a relucir que la prioridad para estos sectores de la izquierda parece ser la de proteger a un gobierno con el que guardan cierto nivel de afinidad política o ideológica. Ante tanto abuso a la población civil, esa solidaridad los deja muy mal parados.

De otro lado, algunos sectores de la derecha tienen prioridades distintas: para ellos el fin justifica los medios y ponerles demasiada atención a las sutilezas del derecho internacional es una pérdida de tiempo. Para algunos, la única salida a la crisis es tumbar a Maduro y este objetivo se puede alcanzar apoyando las fuerzas armadas venezolanas o con una intervención militar. Hacer algo distinto es símbolo de debilidad. Las vías de hecho parecen ser la opción privilegiada. Pero otros prefieren no hablar de una fórmula concreta y más bien se dedican a señalar al gobierno colombiano de tibio y cobarde frente a la crisis venezolana. No sabemos entonces con exactitud cómo luciría nuestra política exterior en este tema si “tuviésemos más bolas”, si fuésemos “más valientes”.

Ambas aproximaciones, la de izquierda y la de derecha, tienen dos problemas graves: el primero es que son abiertamente antidemocráticas y dejan en claro que para ambos priman las empatías o antipatías políticas e ideológicas y no la defensa de los principios democráticos y el estado de derecho. Así de simple. Y el segundo, es que son feroces críticos de la política del gobierno, pero ninguno ha sido capaz de construir una propuesta alternativa concreta sobre cómo lidiar con este problema.

Los principios que han guiado el comportamiento del gobierno colombiano frente a la crisis venezolana, en cambio, intentan sacar el tema de la discusión electoral y actuar con base en premisas convenientes para el proceso de inserción internacional de Colombia y para la solución de la crisis venezolana. La acción multilateral, el respeto a la soberanía entendido en un contexto en el que la prioridad son los derechos de los ciudadanos y el respeto al derecho internacional, son algunos de los puntos de partida de la actual política hacia Venezuela. Colombia se ha acercado a los intereses de la región y ha tratado de generar un espacio de autonomía frente a Estados Unidos. No sé ustedes, pero yo prefiero eso a lo que nos proponen los candidatos de los extremos.

Parte II

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