Seguidores de Trump celebran los resultados de la elección. Crédito: Mandel Ngan / AFP.

Trump y la política del resentimiento

El fenómeno que explica la elección de Trump no es solo una lucha de clases, no es solo una tensión entre lo urbano y lo rural, no es solo racismo y discriminación de género: son todas las anteriores.

2016/11/22

Por Sandra Borda

Leyendo y escuchando todas las explicaciones habidas y por haber sobre el triunfo de Trump que pululan en medios de comunicación y redes sociales, he encontrado una que me ha llamado poderosamente la atención. Se trata del argumento que desarrolló Katherine Cramer en su libro The Politics of Resentment, un intento por explicar la consolidación de la derecha y de su figura más sobresaliente, Scott Walker, en el estado de Wisconsin. Viví por casi tres años en Madison, Wisconsin y para cuando me fui, ya la derecha estaba en el poder. Así que acudí a este libro en el afán de entender lo que pasó en ese entonces en Wisconsin y lo que pasó recientemente en las elecciones en Estados Unidos. Es todo parte del mismo proceso. Cramer ya era profesora mientras yo cursaba la etapa inicial de mi doctorado en UW pero nunca tuve la oportunidad de ver clase con ella. Así que decidí que esta también era una forma de compensar por esa falta.

Para empezar, creo que Cramer rompe en su libro una verdad de a puño ya poco discutida en la Ciencia Política: que las preferencias electorales resultan de una suerte de sumatoria de las preferencias políticas por temas de los individuos. Lo que siempre se ha dicho es que usted termina escogiendo el candidato que más de acuerdo esté con su propia posición en los temas que más le importan. Nunca encaja la cosa 100%, pero usted define prioridades, y el político que más se acerque a opinar lo mismo que usted en los temas que a usted le parecen fundamentales es el político por el que usted vota.

Cramer sugiere que el asunto es más complicado y que más bien la decisión de votar esta mediada por un tema identitario: usted termina votando por aquella persona que se parece más a usted y a aquellos que conforman su comunidad, o por lo menos, por una persona que es más susceptible de entenderlo a usted y a los suyos, de ponerse en sus zapatos. Rasgos como hablar directo y sin eufemismos, como despreciar a las elites políticas tradicionales por esnobs, ineficientes y perezosas, y como generar empatía por la dificultad de los otros, es algo que para un votante puede ser más importante que si su candidato de predilección está o no de acuerdo con el aborto, o con el matrimonio gay o con la igualdad salarial para hombres y mujeres.

La autora sugiere entonces que la división rural/urbano en las preferencias electorales y la tendencia de lo rural a apoyar el empoderamiento de la derecha son el resultado de un componente identitario que ella denomina la “conciencia rural”. Tres son los componentes cruciales de esta conciencia: una creencia en que lo rural es constantemente ignorado por los tomadores de decisiones/políticos, una percepción de que en el proceso de distribuir los recursos a lo largo y ancho del país a las zonas rurales les toca la peor parte, y la sensación de que quienes viven en el campo tienen valores y estilos de vida distintos a los de los centros urbanos y que son malentendidos e irrespetados por quienes viven en las grandes ciudades.

Esta “conciencia rural” es justamente el caldo de cultivo de la política del resentimiento. La posición política de los ciudadanos pasa entonces inevitablemente por el resentimiento hacia otros, la condición propia siempre es interpretada como responsabilidad de otros grupos que además “no se merecen lo que tienen”, “no trabajan lo suficientemente fuerte, a sol y a sombra, para lograrlo”. La principal causa del predominio de esta política del resentimiento y de la generación de la “conciencia rural” descrita por Cramer, es la profundización de las desigualdades económicas en Estados Unidos desde la década de los setenta. Lo dice claro: “En la política del resentimiento, interactúan consideraciones económicas con consideraciones sociales y culturales que se incorporan en la interpretación del mundo que cada uno construye”. Luego no es solo una lucha de clases, no es solo una tensión entre lo urbano y lo rural, no es solo racismo y discriminación de género: son todas las anteriores.

De esta forma, lo que muchos desde su púlpito liberal/progresista entienden como ignorancia y falta de sofisticación política es más bien un entendimiento complejo del mundo, que sobrepone muchos factores y que está basado en las identidades fundamentales de la gente. Seguir juzgando a estos votantes desde una situación de superioridad solo contribuye a que la política del resentimiento se siga alimentando y consolidando. Esto es algo que vale la pena también entender para el análisis del debate político colombiano.

La fórmula de Cramer es otra: la única forma de desarticular los estereotipos sobre el conservador y el liberal y dejar de contribuir con la política del resentimiento es hablando y, sobre todo, escuchando. Solo a través de la comunicación se puede lograr, a pesar de las diferencias, identificar que hay proyectos comunes que allá y acá todavía nos unen como nación.

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