Orlando Echeverri Benedetti.

'Criacuervo': ¿vivir con el destino?

La novela más reciente del escritor cartagenero Orlando Echeverri Benedetti, publicada por la editorial Angosta de Héctor Abad Faciolince, es un relato que deja puertas abiertas y genera preguntas. Es la historia de dos hermanos que deciden reencontrarse en el desierto de La Guajira, ayudados por un amor en común que ambos tuvieron.

2017/05/22

Por Adriana Cooper

Si me piden que pronuncie una sola palabra para definir la nueva novela de Angosta Editores diría esta: sorprendente. No solo por tratarse de un autor que hasta ahora era desconocido para muchos, sino también por contar una historia que habla de varios mundos y oficios alternos.

Después de leer los textos previos de esta editorial que nació en octubre pasado, aparece este relato que no se parece en nada a los anteriores y comienza con tono de crónica policial para describir un suceso relacionado con un tema que luego se repetirá varias veces: la tiranía del destino.

Lejos de aquí, exactamente en los caminos que llevan de Berlín a Stuttgart, ocurre la muerte de un matrimonio de biólogos. Ambos pierden la vida en un accidente de tránsito que despedaza literalmente el vehículo y, en un sentido más figurado, la vida de sus hijos, Klaus y Adler Zweig, quienes quedan bajo la custodia de un abuelo que ha sido lejano. Los dos se separan física y emocionalmente al crecer.

Klaus vive en una casa prefabricada en el desierto de La Guajira que da nombre a la novela y se convierte en un símbolo de la soledad, el vacío y la tensión latente. Mientras atraviesa un divorcio que no cree real del todo y tiene como telón de fondo las bandadas de mariamulatas volando sobre las lagunas de flamencos y caseríos indígenas, Klaus siente la necesidad de unir las piezas rotas de su pasado. Por eso invita a La Guajira a su hermano Adler, a quien no ve desde hace tiempo y abandonó su carrera como nadador olímpico después del tedio y un dopaje comprobado que lo descalificó en Alemania. Una amiga de la infancia que ambos tuvieron en aquellos días de orfandad obligada aparece para confirmar los giros imprevistos del destino.

Aunque la novela haga pensar a ratos en Truman Capote o tenga guiños literarios, tiene un ritmo propio que el escritor Héctor Abad Faciolince define como “raro” porque no se parece a nada. Dice que al leerlo recordó en algunas partes la prosa “seca y dura” de Agota Kristof, una escritora húngara que escribe sin énfasis, rodeos o adornos. Y también resalta esa mezcla de América y Europa junto a la rapidez de la prosa y a lo que él llama “la eficacia de la historia”.

Además de estos elementos que menciona Abad, el texto también asombra por esa combinación minuciosa de algunas palabras que le concede belleza al relato y confirma el talento literario de su autor, Orlando Echeverri Benedetti, un periodista que nació en Cartagena en 1980 y en 2014 obtuvo el Premio Nacional de Novela Idartes con el libro Sin freno por la senda equivocada (El Peregrino, 2016).

Aunque en el relato no se menciona la presencia de Dios y las creencias espirituales de los personajes son desconocidas, hay un tema que está presente desde el principio: el destino. El autor dice que lo ha incluido en su relato porque lo conmueve la idea que tiene la tragedia griega de él y que está relacionado con una especie de tiranía. “Tiene las connotaciones de una maldición porque aunque el protagonista intente huir de él como de una trampa, siempre terminará cayendo directamente en ella. Es un desenlace que, en consecuencia, él mismo ha elegido sin darse cuenta”.

Y agrega que tal vez el peor sinsabor de la vida es el que deja tomar decisiones que conducirán a la persona en el sentido opuesto al que buscaba.

Esta novela de 202 páginas, en la que la idea de futuro se quiebra una y otra vez y cuyos diálogos tienen la potencia que da lo escueto, es precisa y conserva un tono austero que no riñe con los adjetivos variados que hay en algunas de sus frases.

Aunque los temas que más espacio ocupan son el destino, el reencuentro o la tensión que se vive antes del amor o la quiebra, la novela también trata los temas ambientales y tiene un tono crítico hacia el impacto que genera en la naturaleza la presencia del hombre. Esto puede verse cuando Cora, la amiga de ambos hermanos, habla de la destrucción de lugares o el narrador describe el petróleo de ese desierto como un “líquido que destruye pueblos”.

Al igual que ocurre con su prosa o el desierto que le otorga el nombre, Criacuervo termina con un final seco sin muchas emociones o detalles. Un desenlace que deja puertas abiertas y genera preguntas, permitiendo que el lector cumpla una de sus funciones vitales: imaginar escenarios, caminos alternos y darle su propio significado al relato.

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