Miguel Hernández y su esposa Josefina.

“Tengo la pena de una sola pena”

Comienza el año del centenario del poeta de poetas, el español Miguel Hernández. Serrat volverá a cantar sus poemas, se publicarán biografías, habrá exposiciones y festejos que llegarán, literalmente, hasta la luna… Un solo problemita: los herederos.?

2010/03/16

Por Hernán A. Melo Velásquez*

El legado del poeta Miguel Hernández (Orihuela, 1910 - Alicante, 1942), quien irradió en sus versos el amor por su tierra y su familia y la zozobra que vivió en las cárceles antes de sucumbir enfermo a manos de la represión franquista, es objeto de un tira y afloja cuando se cumple, en octubre, el primer centenario de su nacimiento.

La ciudad de Elche, en la provincia española de Alicante, acoge el legado de Hernández desde que en 1982 le fuera cedido en depósito por su viuda, Josefina Manresa. Ahora aspira a hacerse con él definitivamente cuando a la familia le quedan aún diez años más para cobrar por los derechos de autor. Sin embargo, los responsables municipales de Orihuela, localidad natal del escritor, no se dan por vencidos y buscan recuperarlo con talonario en mano.

Y en medio de tanto revuelo, los poemas del poeta alicantino se irán a la luna. Los versos de Perito en Lunas (1933), el primer libro de poemas de Miguel Hernández –que recoge 42 poesías de influencia gongorina–, viajarán este año en una cápsula espacial hasta el suelo lunar. Se trata de un vuelo organizado por la empresa norteamericana Celestis, contratada por la fundación que lleva el nombre del poeta cabrero.

Con los pies bien puestos en la tierra, la familia de Miguel Hernández espera obtener este mismo año una millonaria oferta por la compra del legado del escritor que consta de unos 1.200 manuscritos más un millar de cartas dirigidas a su esposa, Josefina Manresa, y figuras literarias políticamente comprometidas como Vicente Aleixandre, Pablo Neruda y Federico García Lorca, por quien Hernández tuvo un particular afecto. El resto del legado consta de una biblioteca con más de 200 libros sobre su obra, 1.500 artículos de prensa, 200 fotografías y una pequeña colección pictórica en el que figura el famoso retrato a carboncillo del poeta que le hizo su amigo Buero Vallejo en una prisión madrileña.

Pero hay más en todo este lío. Investigadores, escritores, editores y hasta el Ministerio de Cultura español lamentan que las excesivas pretensiones financieras de los herederos estén impidiendo la correcta difusión de los versos del poeta que, hoy por hoy, tiene más probabilidades de éxito en la misma luna. Muchos aseguran que los legatarios reclaman cantidades abusivas por el derecho a reproducirlos.

Las pruebas no faltan. La editorial española Aguilar enfrentó a la familia Hernández mientras preparaba la edición de una biografía en la que Eutimio Martín, profesor emérito de la Universidad francesa de Toulouse, ha trabajado quince años. La versión, que aparecerá en febrero, no es la que en un principio había dispuesto el biógrafo. "Por los poemas que reproducíamos pedían porcentaje sobre el precio de venta al público", lamenta Santos López, editor de Aguilar. La petición superaba en cantidad al dinero que va a percibir el autor. "Al final, hemos tenido que cambiarlo y adaptarlo a citas, sin más. Su exigencia no era sensata", asegura el editor español.

Por fortuna, también existen ejemplos de generosidad de algunos herederos, como la familia del poeta Antonio Machado que cedió gratis la reproducción de poemas para la biografía del irlandés Ian Gibson o los herederos de Juan Ramón Jiménez, siempre muy abiertos a las propuestas para difundir su obra. El mismo Ramón a quien Miguel Hernández escribió: "Soy pastor desde niño, es un oficio de dioses paganos y héroes bíblicos".

 

Los obstáculos

A pesar de que la economía española es una de las más golpeadas por la crisis económica mundial, la administración de Elche ha llegado a ofrecer hasta tres millones de euros (¡nueve mil millones de pesos!) para quedarse definitivamente con todo el legado de Miguel Hernández. Sustenta la oferta en una tasación realizada por la Biblioteca Nacional que tuvo en cuenta diversos factores como el volumen del material que lo compone y la predisposición de los herederos. Como ejemplo, el legado de la poetisa chilena Gabriela Mistral (Premio Nobel de Literatura en 1945) con cerca de 40.000 originales procedentes de la Biblioteca del Congreso en Washington, fue adquirido por el gobierno chileno por 1,6 millones de euros. Por su parte, el legado de Luis Rosales, Premio Cervantes en 1982, se vendió por 200.000 euros.

La oferta no tardó en ser calificada de "insuficiente" por los herederos del poeta. Los sucesores, encabezados por Lucía Izquierdo, la nuera de Miguel Hernández, emitieron un comunicado donde lamentaban "que la única opción para poder conservar su legado de la forma debida sea la venta del mismo y, ante esta imposición, exige una tasación en los términos y formas tal cual se han realizado para otros legados ilustres".

Todo empezó en los años ochenta. La viuda del poeta decidió dejar en la localidad las pertenencias a cambio de un acuerdo casi de buena voluntad por el que el ayuntamiento se comprometía a entregarle un dinero mensualmente y cubrir la educación de los nietos hasta el final de la universidad. Ni una cosa ni la otra se cumplieron, según la familia de Hernández. Cuando Josefina Manresa murió, Lucía Izquierdo se hizo cargo de todo. Prorrogó en 2002 el acuerdo con Elche por siete años más a cambio de 108.428 euros anuales.

Con la inminencia del centenario del poeta llega entonces la renegociación. No está del todo claro que la familia quiera vender. Las dos ciudades en disputa prefieren hacerse con todo de una buena vez, pero los herederos aseguran ahora que prefieren seguir con la fórmula del depósito que les aseguraría, a la larga, más dinero. "Hay que tener en cuenta que la obra de Miguel Hernández es escasa. Comprende 11 años de producción. Si la de Vicente Aleixandre, con tres veces más tiempo, se valoró en cinco millones, hagamos cuentas. No puede ser mucho más dinero", puntualiza Rogelio Blanco, director general de Archivos, Bibliotecas y de las Letras Españolas.

Actualmente los familiares se reservan todo el uso de la marca Miguel Hernández. De esta manera, en la ciudad natal del poeta se ha creado la sociedad Orihuela 2010 y sus representantes se refieren a los actos que se están organizando con el nombre de "Año hernandiano", puesto que no pueden utilizar el término "centenario Miguel Hernández", pues se lo prohíbe la familia.

Con todo, más de 500 actividades tendrán lugar este año en el ayuntamiento de Orihuela y Elche prevé gastar más de medio millón de euros en diversos actos de conmemoración. Entre otros homenajes especiales, el cantante Joan Manuel Serrat volverá a grabar un disco con los versos de Hernández bajo el título de Hijo de la luz y de la sombra.

 

Reescribiendo la Historia

¿Qué diría Miguel Hernández de todos estos líos? Quizá habría respondido, algo enfadado, que más que el dinero a él le interesó la suerte de su querida Josefina (su primer amor y con quien contrajo nupcias en su lecho de enfermo días antes de morir), su hijo Manolito y el paisaje rural alicantino.

Desde los siete años había ayudado a su hermano Vicente en las labores del pastoreo y por eso la naturaleza constituye su primera escuela y el tema de sus primeras composiciones. "De padres cabreros, hijos cabreros", respondía su padre a la iniciativa de algunos profesores para que Manuel siguiera la carrera eclesiástica.

"Como el toro he nacido para el luto y el dolor", escribió el mismo Miguel Hernández para referirse a su desdichada vida. Antes de comenzar la guerra civil colaboró como redactor de la enciclopedia taurina conocida popularmente como El Cossío e incluyó en su libro El rayo que no cesa algunos de los mejores sonetos taurinos.

Pero Miguel Hernández nació, por encima de todo, para ser poeta en un ambiente religioso, ultraconservador y santurrón. Su otro destino le llevaría a convertirse en mártir de la Guerra Civil española, en la que desempeñó un papel de propagandista y voceador en el frente de batalla. Una misión que cumplió hasta que unas fiebres tifoideas, agravadas por la tuberculosis, le impidieron llegar a los 32 años.

Murió el 28 de marzo de 1942, a las cinco y media de la mañana, en el Reformatorio de adultos de Alicante, pensando en su hijo Manolito y en su mujer. "¡Qué desgraciada eres, Josefina!", dicen que fueron sus últimas palabras. Tras su fallecimiento nadie pudo cerrar sus ojos, tremendamente dilatados por un hipertiroidismo. Al final, Miguel Hernández, que nunca eludió el peligro o el sacrificio, tampoco huyó de la mirada de la muerte.

En marzo de 1940, en la prisión de la Plaza del Conde de Toreno de Madrid, Miguel Hernández fue juzgado y condenado a muerte por sus "antecedentes izquierdistas", "dedicarse a las actividades literarias" y publicar "numerosas poesías, crónicas y folletos de propaganda revolucionaria". Posteriormente, gracias a la intercesión de amigos, intelectuales y el vicario general de la Diócesis de Orihuela, se le conmutó la pena por treinta años de prisión.

Casi setenta años después, esta sentencia podría ser anulada. Una propuesta de varios municipios alicantinos pide al Gobierno y al Tribunal Supremo que, en coincidencia con la celebración del centenario del nacimiento de Miguel Hernández, se anule el "consejo de guerra sumarísimo 20.000", y la sentencia que condenó a muerte al poeta.

La Diputación de Alicante aprobó la moción institucional, con los apoyos del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y el Partido Popular (PP), que tilda la sentencia contra Hernández de "deshonra para los demócratas que piensan, creen y siguen luchando por una sociedad libre", y califica de "insulto a su memoria" la pena que le fue impuesta. Es de rigor terminar citando al poeta, aunque su familia vigile el precio de sus vocales: Hoy estoy sin saber yo no sé cómo,/ hoy estoy para penas solamente, / hoy no tengo amistad, / hoy sólo tengo ansias / de arrancarme de cuajo el corazón / y ponerlo debajo de un zapato.

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