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De una pantalla a la otra

El escritor que ganó la última edición del Premio Herralde de Novela con su primera obra es, casualmente, uno de los directores de cine cruciales en la historia de la España contemporánea. Arcadia habló con Manuel Gutiérrez Aragón sobre cine y literatura.

2010/03/16

Por Gloria Esquivel

Antes de ser cineasta, Manuel Gutiérrez Aragón quiso ser escritor. El director cantabrés, que es conocido en el mundo como uno de los cineastas españoles más importantes del período de la transición por películas como Habla, mudita (1973), La camada negra (1976) o La mitad del cielo (1986) cree que fue el azar el que dictaminó su ingreso a la facultad de cine y no a la de periodismo, como originalmente deseaba. Se dejó intoxicar por “el veneno lento del cine” y durante cuarenta años sostuvo una prolífica carrera como director hasta que anunció su retiro en el año 2008. Fue entonces cuando comenzó a escribir su primera novela, La vida antes de marzo –un relato sobre dos extraños que se encuentran en un tren en el año 2024 y que rememoran su juventud en el Madrid previo a los atentados terroristas del 11 de marzo–, la cual recibió el pasado mes de noviembre el Premio Herralde de Novela, otorgado por la editorial Anagrama y que ha premiado a escritores como Roberto Bolaño, Enrique Vila-Matas y Alan Pauls.

Su primera vocación fue la escritura, antes que el cine. ¿Por qué espero a retirarse del cine para hacer literatura, en vez de alternar estas actividades?

Cuando se hace cine no se hace sólo la película, sino que tú vas tomando notas, vas paseando, estás escuchando música y todo el tiempo estás pensando cómo puedes meter esas cosas en película. Cargo mi cabeza y mis imágenes para hacer una película, no para hacer una novela. Yo no tengo cabeza para hacer las dos cosas a la vez. Hasta que no decidí dejar el cine no me atreví a escribir una novela. Ahora siento que he retomado mi vocación de chico y siento que estoy rejuveneciendo. También la pasé muy bien escribiendo porque comparado con el cine no tenía que depender de otros para tener un producto final. Éramos mi ordenador y yo y no tuve que pasar por los tropiezos y los líos que se arman en el cine.

¿Comparten algo el cineasta y el novelista que hay en usted?

No. Yo no encuentro mucho paralelo entre mis películas y mi actividad literaria. Son cosas distintas porque yo quiero ser distinto. Tanto así que le propuse a mi editor que hiciéramos una falsa biografía para la solapa del libro, como si el que escribió la novela hubiera sido ese chico joven que quería escribir periodismo, y que al final escribiéramos: “No debe confundirse con el director del mismo nombre”. Yo no soy un director de cine que escribe novelas, no soy un cineasta reciclado como novelista.

Pero en su obra cinematográfica la literatura y el cine han estado juntos. Usted hizo una adaptación de El Quijote.

Tal vez en la escritura de mis guiones hay una influencia de la literatura, pero es importante notar que los primeros guionistas de cine aprendieron a escribir de los narradores del siglo XIX. El drama, el entretenimiento, eso lo aprendió el cine de la literatura. Ahora, yo creo que en otros escritores actuales hay más influencia del cine que en mi novela. Muchos ellos son cinéfilos y no les importa que en sus novelas aparezcan referentes cinematográficos. Sin embargo, yo me cuidé de eso. En mi novela la influencia del cine es mínima.

El telón de fondo de su novela es el atentado terrorrista en Madrid. ¿No es sospechosa la tendencia a incluir acontecimientos de gran actualidad en la literatura?

La verdad es que mi novela, más que tratar los hechos terribles del 11 M, es sobre el choque de las culturas. Lo que ocurre es que si una película o un libro hablan sobre el 11 M eso lo tiñe todo. A mí me gusta pensar mi novela en términos de un crítico español que dijo que era “la pesadilla de la alianza de las civilizaciones”, haciendo referencia al pacto que tiene el presidente Zapatero con el presidente turco Güll que se llama la alianza de las civilizaciones y que busca unir a la civilización musulmana con Occidente.

¿Cómo fue el proceso de documentación sobre estos hechos reales en los que se basa su novela?

El proceso no fue tan difícil. Hay mucha información sobre los atentados y mucha más sobre la cultura musulmana, entonces esa parte fue sencilla. Lo que sí me costó fue inscribir esos hechos reales dentro de la ficción y que no se notara porque lo que más me molesta de algunos libros es que se nota la diferencia entre las partes que son ficción y las que son realidad. En mi novela la mayoría de las cosas son reales, hasta los pequeños detalles como que uno de los terroristas trabajaba reparando electrodomésticos.

Su carrera como cineasta fue bastante prolífica. ¿Cree que sucederá lo mismo con su carrera como novelista?

He comenzado a tomar notas para una segunda novela, pero todavía no sé siquiera cuándo empiece a escribirla. Me divierto mucho escribiendo pero no me conozco lo suficiente como novelista.

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