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No todo son malas noticias en La Nacional

Mientras se viven tiempos de confusión en la Universidad Nacional, su Dirección Nacional de Divulgación Cultural está dando un giro radical: de ser un organismo universitario y prácticamente desconocido se está convirtiendo en un motor de la actividad cultural del país.

2010/03/15

Por Carlos Vallejo

Desde el pasado abril y hasta inicios de junio, la Universidad Nacional estuvo en la mira de los medios de comunicación. El desacuerdo de algunos sectores de la comunidad académica con la reforma estudiantil aprobada por el Consejo Superior derivó en un paro nacional que llevó a las directivas de la institución incluso cancelar algunos de los semestres de las carreras más afectadas. Tras seis semanas de paro, y después de discusiones en cada programa, la mayoría de ellos en Bogotá y Manizales retornaron progresivamente a las aulas, en Medellín siguen suspendidas las clases y en Palmira se canceló definitivamente el semestre académico.

Mientras de esto era de lo que más se hablaba, pocos sabían que una dependencia organizaba sin contratiempos actividades como el concierto de Aterciopelados y ChocQuibTown que congregó el 4 de abril a más de 15.000 personas en su Plaza Central o las presentaciones en el auditorio León de Greiff de la misma universidad de la retrospectiva del Teatro La Candelaria en mayo y del renombrado músico camerunés Blick Blassy el 24 de junio: se trata de la Dirección Nacional de Divulgación Cultural, DNDC.

Y aún pocos lo saben porque se trata de un organismo no muy conocido, pese a que es el encargado de organizar las actividades de espacios culturales del ente universitario que como el auditorio León de Greiff y el Museo de Arte han sido claves para la cultura colombiana (el primero es la sede de la Orquesta Filarmónica de Bogotá desde 1973 y en el segundo nació el Museo de Arte Moderno de la ciudad).

La razón es que por años fue parte de la dependencia de Bienestar Universitario, por lo que se dedicaba a hacer cursos de educación no formal para estudiantes y profesores. Como parte del Plan de Desarrollo de la institución, que en palabras del vicerrector de la sede Bogotá, Fernando Montenegro, está dirigido a que “una universidad pública con 17 edificios que son patrimonio y 117 hectáreas que la convierten en el complejo urbanístico más grande de Bogotá debe estar abierta a la comunidad” (incluso ya abre sus puertas los domingos y festivos como parte de la ciclovía y se proyecta quitarle la valla, construir una alameda y un parque deportivo), la DNDC se está abriendo. María Belén Sáez de Ibarra, su directora, explica que “se quiere pensar en una universidad abierta y nosotros debemos estarlo, tanto a la comunidad académica nacional e internacional como a la gente del país, a las relaciones interinstitucionales con organizaciones y a las políticas y movimientos culturales”.

Por eso se separó de Bienestar universitario, definió parte de su agenda al compás de los programas de la Secretaría de Cultura, invirtió una fuerte suma en la readecuación y mantenimiento de sus espacios (600 millones de pesos), hizo un necesario vínculo con Mister Ticket para que los espectadores adquieran las boletas y empezó a definir qué artistas y programas pueden ser parte de su programación (ver recuadro).

La apuesta ha funcionado. El año pasado, por primera vez, el auditorio León de Greiff fue escenario de la programación del Festival Iberoamericano de Teatro, con 18.000 asistentes, de los que apenas el 15 ó 20 % pertenecían a la comunidad universitaria. Mónika Suárez, jefe de prensa del Teatro Nacional, piensa que “lo del año pasado fue importante porque con el León de Greiff se abrió un espacio que no se aprovechaba de la mejor manera y que es ideal para algunos espectáculos; es clave recuperarlo justo cuando escenarios como el Teatro Colón y el Jorge Eliécer Gaitán están iniciando sus procesos de restauración”. Tal fue el éxito de esta alianza que el Teatro Nacional organizó en el auditorio el concierto de Narcotango —pionero del tango electrónico en Argentina— el pasado 6 de junio, trajo de nuevo a Tito Losada y su compañía flamenca y espera seguir usándolo en adelante.

Yamile Velosa, jefe de Sala del auditorio, dice que “el cambio es notorio, pues al apuntarle a un mayor público tenemos una difusión diferente, que incluye medios de comunicación, cosa que antes no pasaba porque todo se reducía a repartir volantes entre los alumnos”. De hecho, uno de los puntos importantes del cambio es la puesta en marcha de un sitio web que, aunque aún no logra el mejor funcionamiento, en parte por estar en desarrollo, ofrece alguna información (http://www.divulgacion.unal.edu.co).

Aunque para muchos la política de la DNDC solo es parte de un plan de desarrollo que detrás de sus ideas de apertura pretende instaurar un modelo que terminará en la privatización de la universidad, varios alumnos, ex alumnos y docentes que fueron consultados lo ven con buenos ojos. Andrés Sicard, docente y ex director académico de la sede Bogotá, dice por ejemplo que “hay una línea de pensamiento que cree en una universidad de finales del siglo XIX en la que sólo se trataba del estudio de las clases desfavorecidas y no se admitían recursos que no fueran estatales, pero ahora cabe una pregunta ¿quién debe divulgar la cultura: el Estado, el sector privado o la academia? En principio son todos, y cada uno debe hacer algo. Por eso la idea de que la DNDC y la universidad se abran le quita a la institución esa prepotencia de mirar a la sociedad desde adentro y la hace entender que debe participar dentro de ella como un actor más, que es lo que debe ser”.

Hacia allá apunta la dndc, porque la idea no es solo organizar eventos sino justamente participar. Sin duda, lo más importante de esta gestión es el diseño de programas que buscan cubrir todas las áreas de la cultura y ofrecer espacios abiertos a los estudiantes, a la comunidad en formación e incluso a los artistas profesionales, y vinculados con organizaciones que apoyan actividades culturales para darlas a conocer: Lecturas inéditas, Crítica cultural, Orquestal internacional, Música contemporánea, Ciudad abierta y el Sistema de patrimonio y museos.

Y en la programación de este año ya se puede hablar de eventos de primer nivel. Como parte del Programa Orquestal Internacional, estará en Bogotá la Orquesta Sinfónica Nacional de la Juventud Venezolana, el producto más destacado del Sistema Nacional de Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela que creó hace 30 años el maestro Antonio Abreu, y que recientemente obtuvo el prestigioso Premio Príncipe de Asturias de las Artes 2008. Por su parte, en su programa de Música Contemporánea vendrán figuras como el trompetista de jazz contemporáneo Erik Truffaz.

Sáez explica que “si queremos impactar la cultura del país no nos podemos limitar a programar eventos; por eso articulamos estos programas con una universidad que lo tiene todo para ser un centro cultural importante: está en un sector de fácil acceso, tiene el mejor auditorio acústico del país, un museo apto para grandes exposiciones y un campus ideal para eventos como el concierto del 4 de abril”.

Y a largo plazo, la idea es que sea nacional. Así lo afirma Natalia Ortiz, vicerrectora académica: “Los planes son que cada sede tenga relaciones con las instituciones culturales y estén articuladas internacionalmente, que las cosas que traigamos no se queden solo en Bogotá, sino que lleguen a sedes como la de Palmira y Leticia”.

El giro de la Dirección está dando resultados. Así lo dice Yamile Velosa, quien ha sido jefe de Sala del León de Greiff durante tres años y ha vivido todo este proceso: “Antes la ciudad le tenía miedo a la universidad, la gente no se acercaba. Pero con lo que estamos haciendo, estamos consiguiendo que se le pierda ese miedo”.

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