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Señas particulares: Asesinado

El Premio a la Libertad de Prensa Unesco/Guillermo Cano fue entregado en Dubái el 3 de mayo, de manera póstuma, al periodista investigativo más importante de Sri Lanka, Lasantha Wickrematunge, acribillado hace tres meses en la isla.

2010/03/15

Por Andrés Felipe Solano

En ciertas personas la inminencia de una muerte violenta despierta un extraño orgullo. En el periodista Lasantha Wickrematunge ese brote se manifestó después de comprobar que había dado el último paso en un camino sin retorno y no como prueba de un fin propio de una vida temeraria. Wickrematunge escribió un largo editorial en enero de 2009, justo al final del monzón, cuando se apaciguan los vientos que alteran el clima del que fue su país, Sri Lanka. Quizás esta vez escogió hacerlo a mano, dado su carácter testamentario: “En el transcurso de los últimos años se han incrementado los ataques contra los medios independientes. Medios electrónicos e impresos han sido quemados, atacados con bombas, sellados y coercionados. Incontables periodistas han sido perseguidos, amenazados y asesinados. Es para mí un honor pertenecer a todas estas categorías, y ahora especialmente a la última”. El texto fue publicado el 11 de enero, tres días después de que fuera asesinado en Colombo, la capital comercial de Sri Lanka, esa isla en el Océano Índico nombrada en las enciclopedias antiguas como la Lágrima de la India.

Cuarenta y ocho horas antes de que dos hombres que se movilizaban en una moto negra rompieran el vidrio de su carro y le dispararan en el vientre y la cara al editor del Sunday Leader, la estación de televisión más grande de Sri Lanka fue atacada. Durante la noche, 20 hombres entraron a MBC/MTV y detonaron algunas granadas. Wickrematunge salió de su casa en la mañana del 8 de enero y la tensión en las calles era evidente. Sin embargo, en mitad del recorrido hacia el periódico que fundó con su hermano en 1994 una petición de su esposa lo distrajo. La empleada se había enfermado y necesitaba que le comprara un remedio en una farmacia. Después de llevarle el medicamento a su mujer, el periodista investigativo más importante de Sri Lanka recibió varios tiros en una populosa esquina. A las dos y media de la tarde fue declarado muerto. Tenía 50 años.

Wickrematunge era el menor de seis hijos de una familia acomodada que consolidó su riqueza en la época poscolonial. Recibió una educación con acento británico, se tituló como abogado y afinó su estilo de jugar al cricket. Por eso nadie entendió cuando se presentó en 1980 vestido todo de blanco para un puesto en la redacción del Sun Newspaper. Su personalidad, una mezcla de extrema disciplina y buen talante, lo llevó a ser el subeditor de un periódico a los 22 años. Al mando de 26 reporteros empezó una carrera que terminaría por introducir los más importantes cambios en la historia del periodismo en Sri Lanka, entre ellos los reportajes investigativos como forma incuestionable de denuncia. A lo largo de su carrera se opuso al enfrentamiento entre el gobierno y la guerrilla separatista de los Tigres de Tamil, una minoría étnica que históricamente fue despreciada por los cingaleses, el pueblo mayoritario de la antigua Ceylán. A pesar de las tácticas de los separatistas —el martirio suicida es uno de sus sellos de combate y tiene como subgénero a las Gatas negras, mujeres que se abrazan a su víctima antes de detonar la carga explosiva— Wickrematunge siempre se opuso a la confrontación violenta por lo que fue llamado “periodista terrorista” por el presidente Rajapakse durante una entrevista concedida a un representante de Reporteros sin fronteras en octubre de 2008.

El poder de la guerrilla que depuso sus armas el pasado 17 de mayo ha puesto en aprietos al gobierno desde hace más de 25 años y su poder llegó a tal punto que hasta febrero de este año, antes de una recia incursión del ejército, vivían en un estado de facto con una capital independiente al norte de la isla y contaban con una pequeña armada y algunos aviones. El crimen de Wickrematunge quizás es un coletazo de esa acción del Estado que obligó a los rebeldes a replegarse en las selvas del norte, tal y como lo deja entrever una declaración de Reporteros sin fronteras: “Las victorias militares en el norte en contra de los Tigres de Tamil no deberían ser vistas como una luz verde para la creación de escuadrones de la muerte que siembren el terror entre los críticos del gobierno, incluidos los periodistas”. Lamentablemente se perdió de informar al mundo sobre la que quizás sea la noticia más importante que se ha producido en su país en las últimas décadas. Cinco meses después de su asesinato esta semana parece haber sido confirmada la derrota a sangre y fuego de los temibles tigres.

Pero su legado pacífico no está perdido. El cingalés fue reconocido de manera póstuma con el Premio a la Libertad de Prensa Unesco/Guillermo Cano 2009, que se entregó el 3 de mayo en Doha, capital de Qatar. Es la segunda vez que se concede a un periodista asesinado. En el 2007 el premio fue para la rusa Anna Politkovskaya, que curiosamente nació en 1948, el mismo año que Wickrematunge, y también se opuso a la represalia violenta de parte del gobierno contra rebeldes separatistas, en este caso los chechenos. Como ocurrió cuando la rusa fue escogida, “el nombre del candidato sorteó tres rondas de estrictas deliberaciones entre los jurados, que llegaron al finalista después de haber descartado a 14 candidatos. La Unesco le entregará el premio a la viuda del periodista asesinado”, aclara Marisol Cano Busquets, representante de la Fundación Guillermo Cano.

Ante la proximidad de su muerte violenta, Lasantha Wickrematunge no tuvo otra salida que dejar las pistas para que uno de sus colegas en el Sunday Leader la investigara. En su carta de despedida el periodista que tenía varias debilidades, entre ellas la ingestión de chocolates, los overoles de jean y una incontinencia crónica a la hora de denunciar ratos de corrupción y nepotismo, dejó entreabierta la puerta al dirigirse al propio presidente Rajapakse, de quien fue amigo alguna vez: “Para decir la verdad ambos sabemos quién está detrás de mi muerte, pero no me atrevo a decir su nombre. No solo mi vida sino la tuya dependen de eso”.

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