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Setenta años al aire

La Radio Nacional de Colombia llega a su séptima década con un valioso legado de voces. Esta es la historia de la magnífica emisora estatal, no exenta de tensiones políticas, ni ayer... ni hoy.

2010/03/16

Por Jorge Patiño

Quizá no esté de moda, pero tampoco pasa de moda. Como una camisa blanca o unos zapatos negros, la Radio Nacional de Colombia no depende de los vaivenes en los gustos. Lo cual, por supuesto, no quiere decir que no esté pendiente de lo que buscan sus oyentes o de lo que está pasando en el país.

El 1º de febrero de 1940, el presidente Eduardo Santos inauguró la Radiodifusora Nacional de Colombia (que ahora lleva el nombre de Radio en lugar de Radiodifusora), tal como se puede ver en una placa metálica que hay en el tercer piso de su sede en la avenida Eldorado en Bogotá. En esa época, la emisora formaba parte del Ministerio de Educación.

En el discurso preparado para la ocasión, Santos dijo de la Radiodifusora que “estarán excluidas de ella las polémicas personales, las voces de discordia, las propagandas interesadas. Sus únicos propósitos son trabajar por la cultura nacional en todos los órdenes, colaborar con las universidades, colegios y escuelas en intensas labores de enseñanza, contribuir a la formación del gusto artístico con programas cuidadosamente preparados, dar una información absolutamente serena y desapasionada”.

Julio Sánchez Reyes, ex director de la emisora, dice que en ese sentido, la aspiración de la Radiodifusora era seguir el modelo de la BBC, es decir, que fuera una entidad más estatal que gubernamental, lo cual no impidió que en varias ocasiones el gobierno de turno metiera mano en algún asunto de programación. En 2008, esto volvió a salir a flote con la conmemoración de los 60 años del asesinato de Jorge Eliécer Gaitán. A las oficinas de Radio Nacional de Colombia llegaron solicitudes de emisoras para tener acceso a grabaciones de la voz del líder liberal. Sin embargo, estas no existían. En los años cuarenta, la polarización entre política era tal, que si conseguir puesto en la Radiodifusora era difícil para quien no fuera del Partido Conservador, salir a grabar al principal político opositor era una misión imposible. Gaitán, entonces, quedó condenado al silencio radial, al menos desde los micrófonos del Estado.

Aparte de algunos episodios como esos, la fonoteca de la Radio Nacional de Colombia es un cofre de tesoros. Allí están las grabaciones originales de Jacqueline Nova, la pionera de la música electrónica en Colombia, registros de la Orquesta Filarmónica de Bogotá en su interpretación del Concierto para piano Op.42 de Blas Emilio Atehortúa, bajo la dirección del compositor, o cintas de carrete abierto de finales de la década del setenta con presentaciones de la naciente Orquesta Sinfónica Juvenil de Colombia, en tiempos en los que el maestro Ernesto Díaz emprendió la quijotada de iniciar una orquesta de este estilo en el país, algo que ahora, gracias a Batuta, no resulta descabellado.

Pero si de quijotadas se trata, algunos de los personajes que pasaron por la emisora tuvieron el aspecto y el espíritu del personaje de Cervantes. León de Greiff y Guillermo Abadía Morales caminaron innumerables veces por los pasillos de la Radiodifusora, uno con sus poemas y el otro con sus grabaciones de música folclórica. Abadía, quien falleció el 20 de enero de 2010, poco antes del cierre de este artículo, fue un etnomusicólogo clásico, un hombre que recorría el país, grabadora en mano, para registrar todas las músicas tradicionales de Colombia. Aparte de eso dedicó diez años de su vida a hacer una clasificación etnolingüística de las comunidades indígenas del país.

Aparte de León, el poeta, otros De Greiff, como Otto y Hjalmar, fueron la voz de la música clásica y contemporánea en la Radiodifusora. Cuando la emisora aún no tenía suficientes discos, los De Greiff prestaban volúmenes de su envidiable colección para poder hacer los programas.

Es fácil caer en la tentación de pensar que todo tiempo pasado fue mejor y si bien personajes como León de Greiff y Guillermo Abadía son difíciles de repetir, las condiciones actuales de la Radio Nacional están más allá de lo que hubieran soñado los antiguos eruditos con sus discos de 16 pulgadas y el escudo nacional pintado a mano en el centro.

Una colección creciente de 27.000 discos guardados en una fonoteca bajo condiciones controladas de humedad, luz y temperatura, una página de internet con transmisión en directo y una segunda emisora, Radiónica, enfocada al público joven, son algunas de las cosas que puede encontrar el público de la Radio Nacional en la actualidad. Pero, sobre todo, existe una nueva vocación, que es la de conservar, cosa que no siempre era posible en el pasado. El cuidado y clasificación del material de archivo ha tenido una historia irregular en Colombia, que solo en los últimos lustros ha empezado a ser corregida, y la Radio Nacional no ha sido la excepción, a pesar de que, comparada con otras entidades, el manejo que le ha dado a su material ha sido bueno. Sin embargo, no es poco el material que se perdió por simple falta de presupuesto. Para ahorrar costos de cinta de carrete abierto, muchos de estos rollos, con programas que nunca volverán a oírse, fueron borrados para poder grabar nuevo material encima.

Pero, por otra parte, es mucho lo que quedó guardado. Al pensar en el pasado es difícil que la mente proyecte imágenes en colores. Casi siempre aparece en blanco y negro, sepia o acaso, en colores pastel. Con los sonidos pasa algo similar, desde el punto de vista (o de oído) auditivo. Locutores pausados, políticos que hacen discursos empleando la segunda persona del plural (vosotros), y en nuestro acento colombiano, voces graves, muy diferentes del hablar nasal y un poco agudo de los locutores anglo de antaño. Y esas voces forman el grueso del archivo de la Radio Nacional, que es el más grande del país en su género (el más grande de música lo tiene la Universidad de Antioquia).

La conservación del archivo de la Radio Nacional no es un asunto de nostalgia o, como dirían Les Luthiers, de “añoralgias”, sino de memoria. Por eso, aparte de poner a salvo todo el material, la emisora empezó un proceso de digitalización de su archivo, que irá poniendo en su página de internet según se vaya completando la tarea y se resuelvan asuntos de derechos de autor. Parte de ese material está disponible en la página que la Radio Nacional dedica al Bicentenario en la cual hay material nuevo y antiguo sobre la vida republicana del país.

Aunque no es el primer caso de radio pública en Colombia, porque en 1929 había sido creada la HJN, la Radio Nacional ha sido una de las entidades más perdurables que ha tenido el Estado. Ahora que está de cumpleaños, conviene volver al discurso de Eduardo Santos para recordar que la emisora es de todos, sobre todo después de la reciente visita que hicieron a sus instalaciones escuderos del gobierno como José Obdulio Gaviria y Ernesto Yamhure con el fin de obtener un espacio informativo, algo que, por el bien de la independencia de la Radio Nacional, no llegó a concretarse.

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