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Una pequeña revolución agraria

La biografía de Rosie Boycott es desmesurada y caótica, es decir, apasionada: editora de una revista feminista a los veinte años, fundadora de la gran editorial Virago Press, periodista brillante, primera mujer en llegar a la cima de dos de los más prestigiosos periódicos ingleses, y primera en rodar cuesta abajo también. Una vida audaz y sobria a la vez, aunque no siempre... Su nueva pasión: la comida.

2010/03/16

Por Catalina Holguín

Feminista de vanguardia, ex alcohólica, editora de influyentes diarios ingleses, celebridad, periodista, socia del Hay Festival y neocampesina, la británica Rosie Boycott es ahora directora del programa de alimentación de la alcaldía de Londres. Apasionada y efervescente, esta británica ha dado de qué hablar en su país desde los años setenta, cuando en compañía de Marsha Rowe fundó la revista feminista Spare Rib, caracterizada por titulares como: “Sobre la piernas de tu jefe en estas navidades, bajo su mando el próximo año”. De nuevo su nombre ocupó titulares cuando se posesionó como la primera mujer editora de dos periódicos de distribución nacional, y una vez más cuando, desde su cargo como editora de Independent on Sunday promovió en 1997 una campaña para la legalización del consumo de marihuana.

Tras perder su trabajo como editora del periódico Daily Express, Boycott recayó en el alcohol en el 2003. Esta vez, mientras conducía su auto, sufrió un gravísimo accidente en el que casi pierde una pierna. Prácticamente inmovilizada, Boycott descubrió que al menos podía jardinear y decidió dedicar su tiempo a criar cerdos, gallinas y lechugas en una granja. A pesar de haber perdido 200.000 libras esterlinas (cerca de 400 millones de pesos) en su experimento de subsistencia agricultural (experiencia que consigna en su libro Spotted Pigs and Green Tomatoes: A Year in the Life of a Smallholding), el alcalde de Londres la nombró en agosto de 2008 directora de Food London, oficina gubernamental que dicta políticas de alimentación de la ciudad.

Boycott, desde su nuevo cargo lidera Crecimiento capital, programa de huertas urbanas que tiene como meta habilitar en los próximos dos años un total de 2012 terrenos para siembra dentro de la ciudad. El programa sigue los pasos de otras ciudades como Vancouver (Canadá) y Chicago (EE.UU.), que han adoptado políticas verdes. A la vez, la medida hace eco de una tendencia global.

Desde la publicación en 2001 de Fast Food Nation: ¿Quiere una ración de mentiras con su menú?, del periodista norteamericano Eric Schlosser, se ha transformado la manera como el mundo piensa en la comida. Orgánico es el adjetivo de moda y si en los supermercados colombianos se venden huevos de gallinas felices, en los norteamericanos no falta la leche de vacas felices. Sembrar tomates, calcular emisiones personales de carbono, intercambiar semillas y maldecir a Monsanto son algunas de las ocupaciones predilectas de un creciente grupo de citadinos. En Bogotá se les conoce como neocampesinos y al otro lado del océano como nyudies (new yuppie diggers, que traduce algo como nuevos excavadores yuppies). En Londres, asalariados, banqueros y humanistas siembran huertas en baldíos y terrenos comunitarios; la reina Isabel come fresas orgánicas y raras habichuelas francesas sembradas en un parche del palacio de Buckingham; y Michelle Obama impone desde su huerta en la Casa Blanca la pinta para la perfecta granjera suburbana: brazos tonificados, vestidos de algodón y canastas de mimbre.

Tras el bestseller de Schlosser se ha generado una verdadera oleada de documentales y libros en Inglaterra y EE.UU.: los documentales Súper engórdame, de Morgan Spurlock, y Food, Inc., de Robert Kenner; la serie de libros de Michael Pollan, periodista dedicado a investigar la producción y consumo de alimentos en Norteamérica; The Virgin Gardener, de la joven escritora inglesa Laetitia Maklouf, que incluye desde instrucciones para hacer un jardín casero hasta recetas con vegetales frescos; y está también el chef superestrella Jamie Oliver, quien puso en evidencia la paupérrima calidad de la alimentación en los colegios de Inglaterra con su programa televisivo. Así que mientras en Nueva York hay restaurantes que sirven pestos preparados con albahaca cultivada en las azoteas de la metrópolis, en Londres la lista de espera por un lote de siembra tiene hasta 100.000 personas, que pueden llegar a esperar su lotecito hasta siete años.

Esta novedosa preocupación por los alimentos encontró un aliado perfecto en el discurso ambientalista, puesto de moda en 2006 por el ex candidato presidencial norteamericano Al Gore con su documental Una verdad incómoda. En su charla del Hay Festival 2010 con el joven periodista inglés Sarfraz Manzoor, Rosie Boycott tocará ambos temas justamente, explorando los lazos que atan las decisiones de quienes pueden ir a un supermercado al bienestar ecológico del planeta. Hace unos años en un Hay Festival, el consejero en asuntos de comunicaciones del alcalde de Londres escuchó a Boycott hablar sobre seguridad alimentaria. La charla le valió su nuevo cargo. Este año en Cartagena, Boycott despliega el fulgor de su nueva pasión y el peso de la experiencia adquirida, esperando inspirar pequeños cambios a nivel personal que juntos pueden sumar un gran cambio mundial.

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