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De Irán no sólo llegan amenazas nucleares

Catalina Gómez Ángel da una mirada rápida al arte iraní contemporáneo, el cual se está cotizando en las grandes subastas de arte del Medio Oriente.

2010/05/04

Por Catalina Gómez Ángel

Primero Fue la India y luego China. O al revés. El orden no importa, lo que cuenta es que ambos países han acaparado por años la atención del mercado del arte emergente mundial, influenciados, muchas veces, por sus condiciones geopolíticas. Así sucedió igualmente con otros países que iban convirtiéndose en potencias influyentes como Irán, que desde hace un par de años empezó a llamar la atención de los galeristas, críticos y coleccionistas de arte. Resultó que ese país para muchos desconocido que parecía impenetrable, a pesar de que las visas de turismo se dan fácilmente, y que es una amenaza para la seguridad del mundo debido a su supuesto programa nuclear con “fines armamentísticos” estaba lleno de artistas haciendo cosas interesantes que valía la pena de observar. ¡Qué sorpresa! Detrás de esas fronteras donde los que mandan son hombres de turbantes o con barbas mal afeitadas y mas tradicionales que los mismo mullahs, como el presidente Ahmadineyad, había hombres y mujeres que hacían un arte exquisito, muchas veces crítico con lo que pasaba dentro del país. Y también había un grupo de galerías trabajando por el desarrollo del arte Iraní.

Fue así como hace sólo tres años se empezó hablar del arte iraní en el panorama del arte mundial, y desde entonces se han hecho varias exposiciones alrededor del mundo con los artistas más representativos de este país. Si buscamos un momento concreto se podría decir que la venta de una escultura de uno de los grandes del arte iraní, Parviz Tanavoli, por 2’8 de dólares en una de las primeras subastes de Christie’s dedicadas al arte Oriente Medio en Dubai, fue el punto de lanza para que se hablara del auge del arte de este país.

Esta pieza llamada “The Wall (oh Persepolis)” rompió todos los récord de un obra perteneciente a un artista de Oriente Medio en la historia. Hasta hoy en día nadie la ha superado. Ni siquiera la pintura del gran maestro egipcio Mahmoud Said (1897-1964), Les Chadoufs, que fue vendida en la última subasta de Christie’s el pasado 27 de abril por 2’4 de dólares.

Lo que el mundo descubrió en aquel entonces es que detrás de la venta de esta escultura de Tanavoli había un gran movimiento de artistas iraníes que empezaban a tomar vuelo internacional, especialmente a través de la vitrina que les daba Dubai, donde a partir de hace cuatro años se fue desarrollando un mercado de arte dedicado a Oriente Medio e Irán. Decenas de galerías empezaron a trabajar con los mejores artistas iraníes atraídas por las oportunidades que presentaba Dubai, ese pequeño emirato donde conviven más de 180 nacionalidades y donde todos los sueños eran posibles de realizar.

“Mi esposo tuvo que ir por trabajo a Irán y cuando regresó estaba impactado por la calidad del arte que se encontró allí”, contó la belga Isabelle Van Den Eyden, una de las principales galeristas de Dubai especializada en arte iraní. Como Isabelle, que llegó a Dubai debido al trabajo de su esposo, muchas personas empezaron a ver en el arte iraní un gran mercado. Al fin y al cabo, Irán no solo está a una hora de vuelo de Dubai sino que allí viven miles de iraníes, muchos de ellos bastante ricos, que empezaron a interesarse por el arte que llegaba de su país.

Esto lo comprobé hace unos días en la subasta de Christie’s dedicada al arte de Oriente Medio a la que asistí para hacer un reportaje. Minutos después de estar sentada en el salón empecé a escuchar que se hablaba farsi a mi alrededor. Eran todos coleccionistas o galeristas, muchos de ellos que reconocía del tiempo en que viví en Teherán, que estaban allí para pujar por el arte hecho por compatriotas, que volvieron a lucirse en la subasta.

Fue así como Tanavoli, que tiene 73 años y vive en Irán, no sólo volvió a superar la barrera del millón de dólares con una escultura preciosa llamada “poet and cage” -gracias a un empuje apasionado entre dos iraníes que se encontraban en la sala-, sino que otros artistas de la nueva generación demostraron que cada vez tienen más renombre mundial. Farhad Moshiri (19630) con sus escultura “Flying carpet” llegó a los 500.000 dólares. Otra ganadora de la noche fue Afshin Pirashemi (1974) que vendió su obra “Rapture” en 160.000 dólares, nada mal para una artista de su edad. Mucho más si se tiene en cuenta que Pirashemi todavía vive y trabaja en Teherán lo que le da menos exposición internacional. “Un artista que vive en Nueva York y Londres tiende a tener mejores precios, por eso esta venta es muy buena”, dijo uno de los galeristas iraníes presentes que se mostraba orgulloso con el resultado.

Otros, sin embargo, siguen pensado que con el arte iraní se sigue especulando mucho. La especulación inmobiliaria que vivió Dubai en el sector inmobiliario, se trasladó en una menor parte al arte. “Esta subasta demuestra que todavía se sigue jugando con los precios”, dijo otro galerista iraní radicado en Dubai que lleva más de dos décadas promocionando el arte de su país y que cree que hay artistas que no merecen estar allí. Cada cual hace sus juicios.

Yo, por mi parte, les dejo algunos nombres para que investiguen por si les interesa conocer mejor a algunos de estos artistas: Mohammed Ehsai y Charles Hossein Zendoudi de la escuela que trabaja sobre la caligrafía; Sarah Rahbar, Shadi Ghadirian y Khosrow Hassanzadeh artistas que tienen una mirada irónica de la sociedad iraní actual. La lista entera de los artistas que participaron se encuentra en www.Christies.com

Escultura de Parviz Tanavoli "Poet and cage" vendida por más de un millón de dólares.

Flying Carpet del iraní Farhad Moshiri fue vendida por 500.000 dólares

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