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Los chilenos más jóvenes que Jesús

2010/05/05

Por Daniel Salamanca



Por alguna extraña pero inteligente razón, mis padres decidieron no bautizarme. Esto a pesar de que mi madre suele leer un salmo diariamente, y de que mi padre, mal que bien, le cuesta ser verdaderamente ateo. Así es. De niño nadie me traumatizó con agua bendita, ni me congració ante los ojos de un Dios. ¡Aleluya!

Y es que a pesar de que mi madre no lo entienda, y ni siquiera lo intente, yo no creo en Dios ni en nada medianamente parecido, y de hacerlo, preferiría optar por una creencia politeísta similar a la de los griegos. Eso si es fantasía de la buena. Es más, ya entrados en gastos, podría creer en superhéroes sin capas, en duendes que viajan por todo el mundo y en seres extraterrestres. Pero definitivamente eso no es lo mío. Soy muy simplón como para vivir en un mundo de ciencia ficción.

Fue por esa razón que dejé de asistir prematuramente a las clases de religión en el colegio y que jamás pude saborear esas diminutas arepillas (hostias) que depositaban los curas en las bocas de los feligreses, cual token de maquinita. Esto sin contar que me perdí de los magníficos regalos que les daban a todos los niños en el día de su primera comunión. La triste vida de un pequeño sin religión. Para colmo en la universidad decidí leer a Bertrand Russel y su ensayo ¿Por qué no soy cristiano?, y lamentablemente para mi madre, desde ahí, ya no hubo vuelta atrás. Me llené de argumentos racionales.

El arte sin embargo, sin querer queriendo, y como bien lo hace ver Regis Debray en una parte de su libro Vida y muerte de la imagen, ha venido reemplazando a la religión y convirtiéndose, de cierta forma, en el culto desesperado. Ya la gente no va a las iglesias sino que acude a los museos. Los coleccionistas se aferran sagradamente a sus preciados objetos y le rinden culto a quienes los fabrican. Los artistas se aferran a la vida eterna a través de diarios y bocetos mientras que en toda inauguración, cada felicitación es un pésame por adelantado.



Y bien, tal vez pensando en esto, y en el ego desmedido que suele rodear la personalidad de la mayoría de artistas es que Phaidon, la editorial con nombre de filósofo griego, junto con el New Museum, sacó el año pasado su preciado directorio de artistas menores que Jesucristo. Un best-seller que recurre a la figura del Mesías y redentor católico, algo así como el Maradona del fútbol o el Che del comunismo, para catalogar a más de 500 artistas menores de 33 años que se han destacado recientemente por sus creaciones. Una valiosa guía que intenta poner en el mapa a los futuros ídolos de multitudes. Exagero, pero es un poco el tono que se le brinda al libro al ponerle ese título. En realidad lo único malo es no aparecer en él. De resto, es una excelente herramienta de búsqueda para curadores, coleccionistas, galeristas y demás actores del circuito artístico mundial para conocer las propuestas de los más jóvenes.

Y bien, hojeando un poco el libro, me encontré con 8 artistas chilenos (número alto para un país latinoamericano) que se incluyen en la publicación y de los cuales quise averiguar un poco más. De hecho me di cuenta que están pasan muy buenas cosas en el país austral.

Generalizando, todos acuden a propuestas plásticas contemporáneas que aunque involucran técnicas tradicionales como la pintura, el dibujo o la fotografía, son puestas al servicio de conceptos y formas de ver el mundo muy acordes con nuestros días. Algunas similitudes estéticas y temáticas me confirman que el contexto en el que se produce el arte influye inconscientemente

Lo mejor me parece que lo proponen :

Adolfo Bimer

Que Realiza unos dibujos mórbidos pero inquietantes, que luego monta y exhibe apeñuscadamente y con diversos marcos. Les aseguro que son imágenes que perturban pero que atraen. Que son sencillas pero a la vez complejas.



Patricia Domínguez
Ella acude a la representación de la naturaleza y particularmente al reino animal, haciendo composiciones en las que las figuran interactúan entre sí en un soporte circular. Imágenes finas y sofisticadas que a pesar de tratar un tema común y corriente, incluso aburrido, poseen una fuerza muy particular.



Cristóbal Cea Sánchez
 
Acude a una pintura espacial que interviene directamente el espacio y que nos genera una sensación óptica y arquitectónica distinta. Es una geometría pictórica muy interesante de ver y que me recuerda a las alucinantes intervenciones del francés Georges Rousse.




Los demás del grupo:

Pablo Serra

Margarita Dittborn Valle


Tomás Fernández

Michelle Letelier

Diego Martinez

Nicolás Rupcich












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