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El siglo XX Arte contemporáneo

Humberto Junca reseña El siglo XX. Arte contemporáneo de Marco Meneguzzo Electra, 2006 384 páginas

2010/03/15

Por Humberto Junca

¿Qué es el arte contemporáneo? ¿Quién le dio forma? ¿Por qué se le llama así? Éstas son las preguntas que trata de responder de manera simple Marco Meneguzzo en El siglo XX. Arte contemporáneo.

El libro comienza con el capítulo “Las palabras clave”, un listado ilustrado de movimientos, ismos y medios (expresionismo abstracto, arte pop, minimalismo, land art, body art, fotografía, video) ordenados por décadas, desde mediados del siglo XX hasta los años noventa. El autor cierra esta introducción con algo que él llama “étnico”; ahí ubica a Hélio Oiticica, uno de los dos artistas latinoamericanos que aparecen en el libro (el otro es Jesús Soto). Nótese la diferencia con otras compilaciones de arte contemporáneo que, como “palabras clave”, definen: apropiación, deconstrucción, estereotipo, mundialización, postestructuralismo, representación, semántica. El siguiente capítulo “Los lugares” ubica los centros de poder del mercado del arte (Nueva York, Milán, Roma, Londres, Berlín) para reseñar luego los sitios de subasta más importantes, ferias, galerías y algunos sitios de internet. Y finalmente en “Los protagonistas”, el compilador presenta al lector “los sesenta pintores, escultores y arquitectos que definen el arte del período, con información biográfica y comentario de sus obras maestras”. Otros textos entrevistan y citan a los artistas; pero Marco Meneguzzo lo explica todo, tratando de “diseccionar” él mismo las magníficas imágenes de este compendio. Al cerrar el libro uno infiere que Meneguzzo no es curador, ni historiador, ni crítico; sino un apasionado coleccionista que busca hacer público su mercado y que encasilla artistas y obras en una taxonomía que, dramáticamente, va en contra del espíritu incómodo, descentrado, abierto y dinámico del arte contemporáneo.

Ya en las primeras páginas el autor confunde la pintura más moderna (vertical, autorreferencial, pura) como parte de lo contemporáneo (horizontal, ambiguo, impuro) y afirma que el arte actual tomó forma gracias al clima saludable en el primer mundo después de la Segunda Guerra Mundial; una opinión en contravía de los críticos y artistas que sostienen que su origen está en la crisis de posguerra y que por tal motivo sus maneras y procedimientos fueron en contra del arte inmediatamente anterior (el arte moderno), en contra de la historia y del mercado. Y esto hay que tenerlo claro: desde la década de los sesenta (sin contar las primeras vanguardias) el arte deja de ser un mero producto decorativo y de consumo; se sale de sí mismo, se proclama no arte, manifestándose sobre todo como una forma de pensar al señalar las fisuras y manipulaciones de “una realidad” y una historia positivista y hegemónica que los tradicionalistas pretenden eternizar. Aunque Meneguzzo tiene razón por otro lado, y aquí se completa la paradoja: el arte contemporáneo, contra todo pronóstico, es ya un exitoso producto de consumo, que circula también en finos catálogos, como éste.

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