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Imágenes de la violencia en el arte contemporáneo

Diego Garzón reseña Imágenes de la violencia en el arte contemporáneo La Balsa de la Medusa, 2005 320 páginas

2010/03/15

Por Diego Garzón

¿Es suficiente el arte ante la violencia en todas sus manifestaciones? Es una de las preguntas que se hace la historiadora e investigadora Carmen Bernárdez. Ella misma enumera algunas como la prisión, la tortura, la deportación, el genocidio, los campos de concentración, el exilio, la emigración, la esclavitud e, incluso, la violencia a través de los juegos electrónicos. ¿Qué debe hacer o no el arte ante todo esto? ¿Debe guardar silencio? ¿Evocar el drama? De una manera u otra estas preguntas se hacen presentes en los diez ensayos que recoge este libro y que fueron concebidos para el Proyecto de Investigación I+D la violencia y el mal en el arte y la cultura contemporáneos. Representaciones y conceptos que reunió a historiadores de las universidades Carlos iii y Complutense de Madrid, Autónoma de Barcelona y la Universidad de Murcia, tal como lo explica el editor, Valeriano Bozal, en la introducción.

De todos, tal vez Bernárdez es quien expone de manera más clara sus argumentos con citas muy puntuales a obras que se han referido a la violencia en las últimas décadas. Otros, como la historiadora Estrella de Diego, se enreda en una metáfora a partir del suicidio del escritor Yukio Mishima sin que sepamos muy bien adónde nos quiere llevar. Tonia Raquejo se va más por citas cinematográficas, especialmente de David Lynch y su reciente filme Mulholland Drive (aunque también habla de otros directores como Hitchcock), mientras que Santiago Lucendo, por ejemplo, se concentra en la figura del vampiro, su imagen del mal. Como suele suceder con ensayos sobre arte, los textos plantean más preguntas que respuestas y es en el de Bernárdez donde, tal vez, estén las más interesantes. ¿Es la representación del desorden, la ausencia, la exhibición de lo íntimo, del dolor, la postura que se “debe” tener ante la violencia? Ella expone ejemplos que han oscilado en este tipo de representaciones sin que la autora insinúe preferencia: desde Joseph Beuys hasta Mona Hatoum. Desde Ives Klein y Arman con su galería totalmente vacía y, la otra, repleta de basura (alusión al “Síndrome de la miseria”), hasta Thomas Hirschhorn. Un libro que, en general, recoge valiosas reflexiones.

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