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La nación soñada

José Fernando Hoyos reseña La nación soñada de Eduardo Posada Carbó Norma, 2006 388 páginas

2010/03/15

Por José Fernando Hoyos

Somos el país más violento del mundo, somos una sociedad enferma, un país criminal, o somos violentos por naturaleza”, son algunas de las muchas máximas que han hecho carrera entre los colombianos para describir la dura realidad en la que viven.

Para frenar estos y otros lugares comunes que han terminado por minar la nacionalidad colombiana es que el abogado e historiador Eduardo Posada Carbó decidió escribir La nación soñada, un ensayo histórico, pero también político y de las ideas que mantienen el tono y el debate presente en sus columnas de la prensa nacional.

En esencia Posada busca rebatir la opinión generalizada de que los casi doscientos años de vida republicana han estado marcados por las guerras civiles, la violencia y la barbarie y demostrar que frente a estas ideas apocalípticas existen unas tradiciones liberales y democráticas que permiten mirar al país de una manera diferente.

Desde el comienzo del libro, que se gestó en un ensayo publicado por el autor en 2001 a raíz de la Cátedra Corona de la Universidad de los Andes, Posada Carbó arremete contra las ideas erradas que políticos, escritores, intelectuales, periodistas, líderes de opinión y jerarcas de la Iglesia han esparcido en todos los medios sobre la naturaleza violenta del colombiano y la generalización de la culpa de la barbarie.

Posada Carbó cuestiona, con hechos y argumentos, los tres estereotipos que él considera han tendido a dominar las explicaciones sobre la violencia: que el país ha tenido, desde el siglo XIX hasta nuestros días, un pasado continuo de guerras, que estas guerras se originaron y se siguen originando en la intolerancia de los colombianos y que la violencia hoy es la conducta generalizada de la violencia.

Después, en la segunda parte de La nación soñada, Posada escribe sobre los principios liberales (no de partido) y democráticos que han permitido el desarrollo de una democracia, que imperfecta y con dificultades, está a punto de cumplir doscientos años. ?Entre esas tradiciones están la división de poderes, el límite al control presidencial a través del control de fuerzas locales representadas en el Congreso, la tradición del sufragio, la libertad de prensa y el rechazo nacional a la presencia de poderes absolutos, entre otros.

En un país en el que la violencia todo lo marca y lo deforma, incluidas las ciencias sociales, este libro ayuda a ir más allá de la coyuntura para entrar en la larga duración, una mezcla que Posada Carbó sabe hacer muy bien. Desafortunadamente, por abarcar un tema tan complejo y extenso, también cae en lugares comunes y deja abiertos muchos interrogantes, que ojalá sean cubiertos por otros historiadores que vayan más allá de la defensa del statu quo.

Si bien el país ha tenido una historia democrática extensa, el autor poco profundiza en algunas de sus imperfecciones (y aberraciones), como la criminalización de la protesta social, el estrechamiento de lo público o la eliminación sistemática de partidos o posiciones heterodoxas. Por ejemplo, mientras que bajo las dictaduras de los años setenta y ochenta de los países del Cono Sur fueron los militares los que hicieron la represión, en Colombia la hicieron los gobiernos democráticos. O el autor se niega a ver la violencia en el Caribe. En definitiva, el libro es un buen comienzo para encontrar, junto a otras voces, ese país que los colombianos aún sueñan tener.

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