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Todavía tiene oxígeno

Muchos recordarán el famoso disco Oxygene, que salió hace 30 años. Su compositor, el ya legendario Jean Michel Jarre, es hoy considerado como el precursor del pop electrónico. ¿Aguanta el paso del tiempo aquel mítico disco o pasó definitivamente a la categoría de música de ascensor? Jarre recuerda y contesta.

2010/03/15

Por Juan Carlos Garay

Hace 30 años, las tiendas de música en nuestro país ofrecían las primeras copias de un disco extravagante llamado Oxygene. La carátula mostraba el globo terráqueo descascarándose hasta revelar en su interior una calavera, una imagen que dio lugar a tantas interpretaciones que al final nadie sabía a ciencia cierta cuál era su significado. Tampoco ayudaba el listado de títulos: los temas musicales se llamaban simplemente I, II, III, IV, V y VI. Y en cuanto al contenido, se trataba de una exploración melódica de teclados entonces novedosos como el ARP, el órgano Farfisa y el Mellotron. Sonidos que muchos oíamos por primera vez.

Pero tal vez por esa naturaleza indefinida, el disco logró muy buena aceptación, convirtiéndose en la primera grabación de música electrónica comercialmente exitosa. Durante los años 80 oíamos Oxygene en múltiples circunstancias: podía ser parte de la banda sonora de un documental sobre avances médicos, o música de fondo para las proyecciones del Planetario Distrital. Oíamos esa música en todas partes, pero poco o nada sabíamos de su autor, el francés Jean Michel Jarre.

El hijo del compositor de música cinematográfica Maurice Jarre (¿recuerdan el tema de Doctor Zhivago?) tiene por estas fechas dos motivos para celebrar. Cumple 60 años de edad y conmemora 30 de la publicación de Oxygene. El sello emi acaba de lanzar una edición conmemorativa que remezcla las seis composiciones originales en el novedoso sistema de sonido Surround 5.1. El álbum es la oportunidad para las nuevas generaciones de escuchar a uno de los pioneros de la música electrónica. Entre tanto, a los oyentes de vieja guardia, el nuevo Oxygene les recordará las melodías originales, solo que con un sonido superior.

¿Cómo suena tres décadas después la obra que lanzó a Jean Michel Jarre? Tal vez la mejor definición la escribió el crítico Jim Brenholts en un artículo que circula en internet. Inicialmente afirma que Oxygene “ha resistido la prueba del tiempo y la evolución de la electrónica digital”, pero más adelante reconoce que “es la inocencia de este disco la que provee la mayor parte de su encanto”. Con esa misma frescura, Jean Michel Jarre accedió a conversar con Arcadia desde su casa en París.

Hace tres décadas los discos circulaban en Colombia con poca información: apenas reimprimían la portada pero no los créditos, y Oxygene fue una completa rareza porque no sabíamos qué instrumentos eran esos ni de dónde había salido ese intérprete. ¿Quién era usted hace 30 años?

Era un tipo de 30 años que había tenido entrenamiento en música clásica pero que ya tocaba en una banda de rock llamada Mystère IV. Tenía nociones de guitarra y de piano, pero estando en París descubrí la música electrónica y sufrí un gran cambio. Me acuerdo que pensé: “Esta es una música que no se hace con notas sino con sonidos, con ruidos” y fue entonces cuando decidí trazar un puente entre el pop y la experimentación.

¿Cómo fue ese descubrimiento de los sintetizadores?

Yo estaba trabajando en el Grupo de Investigaciones Musicales que dirigía Pierre Schaeffer. Ahí tuve la primera oportunidad de posar mis manos sobre un sintetizador. Y no lo podía creer. Pienso que fui uno de los primeros en entender que así como en la música clásica hay unos instrumentos emblemáticos, como el violín Stradivarius o el piano Steinway, en la electrónica teníamos el Moog o el Mellotron, que siguen siendo fantásticos.

Viaje mental

Hasta la fecha se han vendido 12 millones de copias de Oxygene y, a pesar de que algunos de los instrumentos originales ya están fuera de circulación, la música sigue teniendo un atractivo particular. Con el tiempo, Jean Michel Jarre fue perfeccionando su técnica a la vez que avanzaba como compositor. El disco Equinoxe probó ser una segunda parte decorosa y digna. En álbumes posteriores como En Attendant Cousteau (1990) alcanzó su poderío en la invención de mundos acústicos, pero la semilla ya estaba en aquel experimento de hace 30 años. Es curioso que, mientras su padre trabajó toda la vida componiendo música para acompañar imágenes, el hijo se ha dedicado a crear sonidos que evoquen sus propias imágenes.

Usted pasó por la música clásica, el rock, experimentos con Pierre Schaeffer, es una lista muy amplia. ¿Cuáles eran sus influencias musicales previas a la creación de Oxygene?

Oxygene fue mi primer álbum de éxito comercial, pero no era lo primero que yo grababa. Había escrito una obra titulada “La Cage” y escuchaba música electrónica académica porque era mi objeto de estudio. Pero por otro lado escuchaba a Pink Floyd y, sobre todo, a la banda alemana Tangerine Dream, cuyo sonido era logrado exclusivamente con sintetizadores.

Interesante que mencione a Tangerine Dream porque a usted lo han comparado con Klaus Schulze, uno de los fundadores de la banda. Sin embargo las comparaciones siempre colocan a Schulze en un papel más “serio” y a usted en un ámbito más pop.

En música electrónica sucede que todo el mundo está aislado, cada cual creando su música en su propio laboratorio y lo que sale ahí es lo que cada uno tiene dentro. Yo sentía que los músicos alemanes estaban haciendo una apología de las máquinas, una música robótica donde no había cabida para lo humano. Y mi búsqueda era otra: yo quería expresar las emociones de siempre solo que de una manera moderna.

¿Esa “manera moderna” está ligada a la decisión de que su música no tuviera letra?

Cuando habla de letra usted se refiere al género canción, pero la canción es apenas un sector de la música que solo puede expresar aquellas emociones para las cuales tenemos palabras. A mí me parece, en cambio, que las emociones no deben ser nombradas. Cuando eso sucede, cuando te enfrentas a una música instrumental, tú eres libre de tener tu propio viaje mental. Por ejemplo, algunas personas le dieron al disco una interpretación ecológica, porque se las sugirió el título. Cada cual tenía una perspectiva única.

En ese caso, no puedo dejar de preguntarle por su perspectiva de compositor: ¿De qué se trata Oxygene?

Para mí fue un ejercicio de creación de emociones a través de sonidos electrónicos, pero no puedo decir nada más.

¿Recuerda cómo recibió el público su disco, recién salido, hace 30 años?

Primero debo decir que fue muy trabajoso buscar una disquera que lo publicara. Recuerde que hace 30 años estábamos en medio del reinado del punk por un lado, y de la música disco por otro. Finalmente un sello pequeño [Disques Dreyfus] decidió publicar la primera edición. La gente lo escuchaba y se enfrentaba a algo muy raro: no había cantantes, los temas duraban hasta diez minutos ... para muchos fue algo así como ver un ovni.

Como músico, ¿cuál es el mayor cambio tecnológico que ha atestiguado en estos 30 años?

El cambio de sonido análogo a digital. La manera que tenemos ahora de enviar información. Gracias a la digitalización estamos obteniendo algo nuevo en el arte. Tenemos la tecnología más a la mano. Si tú quieres puedes ir a un estudio de grabación pero hemos llegado al punto en que puedes hacer tu propio álbum en casa, solo con un computador.

¿Y usted cómo grabó Oxygene?

Bueno, eso es lo curioso: Oxygene es un disco que se grabó entonces como se hace hoy. Lo hice en mi casa, con cuatro instrumentos y una grabadora de 8 canales. Me demoré tres meses grabando todos los instrumentos, sin presiones, y dos días haciendo la mezcla final. Pero llegar a esa música me había tomado toda mi vida. Oxygen fue, hace 30 años, el proyecto de mi vida.

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