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Una promesa electorera

Luis Pérez, candidato a la Alcaldía de Medellín: "¡No tendrán que comprar libros nunca más!"

2010/03/15

El visitante de las impresionantes Bibliotecas Públicas construidas en barrios de escasos recursos en Medellín durante la administración de Sergio Fajardo no puede más que deslumbrarse. Son bibliotecas, sí, pero no solo eso. Son también centros comunitarios, lugares de cohesión social, de recreación, de aprendizaje, en los que hay talleres de todo, desde fotografía hasta capacitación de microempresarios y, por supuesto, lugares para la lectura de libros. Y están, por lo menos los sábados, llenas de gente. Niños, jóvenes, viejos. Gente escuchando música, gente leyendo, gente conversando, niños consultando internet en compañía de instructores... Difícil creer imágenes tan idílicas si no se ha sido testigo directo. Pero sí, es cierto.

Aun así, hace dos semanas Luis Pérez, candidato a la Alcaldía de Medellín, lanzó una propuesta al aire, tan ampulosa como descabellada: Propone regalar, durante su administración y si llega a ser elegido, computadores y conexión a internet a todos los hogares pobres de Medellín. Así vendió sus argumentos con vehemente entusiasmo en La W: “¡Ahora la gente no tendrá que volver a una biblioteca nunca más!”, dijo, “¡ahora la gente no tendrá que comprar libros nunca más!”.

A ver. Se suele creer que no se tiene que explicar lo obvio. Pero la realidad es traicionera: el candidato más opcionado a ganar la Alcaldía de la segunda ciudad de Colombia cree que está dando una gran noticia cuando asegura que gracias a su loca propuesta la gente no tendrá que tocar un libro nunca más. Por supuesto, su absurda aseveración es –aparte de demencial– deprimente, y hay que llenarse de paciencia para decirle a Luis Pérez que eso de que la gente “se libere de los libros”, no es, hasta donde sabemos, una buena noticia.

Esa propuesta, que ni a al mismísimo Chávez se le ha ocurrido, equivale a decir que para solucionar el problema de transporte de una ciudad, la solución es regalar motos a todos los pobres. Eso, hasta donde tenemos entendido, es compra de votos por anticipado, ¡con dineros públicos!

Pero veamos: algunos argüirán que regalar computadores es cerrar la brecha tecnológica. Es lo que dice Nicholas Negroponte, cabeza de la organización sin ánimo de lucro OLPC (One Laptop per Child, un computador por niño), creada desde el Media Lab del prestigioso Massachusetts Institute of Technology. Negroponte produjo un revuelo mediático cuando en el 2005, primero en Túnez y después en el Foro Económico Mundial de Davos, anunció que podían fabricarse computadores a 100 dólares para países en vías de desarrollo. Los computadores –que ya se están fabricando– eran en un principio para ventas exclusivas a gobiernos de países del Tercer Mundo. Al comienzo, el pedido mínimo era de un millón de aparatos (ahora ha bajado a 250.000), y el primer gobierno en pedirlos fue el de Nigeria, el país más corrupto del mundo. El segundo fue Libia. El precio final tampoco es de 100 dólares. Va por 188. Pero en aras de la discusión, digamos que todo lo anterior no constituye un probado argumento en contra de la propuesta. Como tampoco, el que la propuesta lanzada al aire por el candidato represente, como mínimo, la bicoca de casi cien mil millones de pesos en presupuesto. Aunque al candidato eso poco le importa. Durante su administración, se gastó 168.000 millones de pesos en un acuerdo similar con Hewlett Packard, que resultó un auténtico desastre. Diez mil computadores se quedaron pudriéndose en una bodega y los pocos que finalmente sí llegaron a cajas de compensación se quedaron obsoletos tan solo un año después.

Pero lo que queremos resaltar aquí es que regalar computadores con acceso a internet a hogares no garantiza, en absoluto, una mejoría en el acceso al conocimiento ni a una mejor educación. Está más que comprobado que los niños con acceso a internet no controlado por adultos capacitados o maestros no hacen otra cosa que visitar páginas de videojuegos y chats. Podría incluso argumentarse que ninguna de estas actividades es dañina, pero los predadores de niños en la red son cada vez más comunes y cada vez más invisibles. Exactamente eso fue lo que pasó hace dos meses en Nigeria, donde llegó una “avanzada” del programa y donde, según Reuters, las páginas más consultadas por los niños eran webs pornográficas.

Es evidente que es mejor dotar colegios de buenas bibliotecas, de libros, y capacitar a los maestros. Pero hablar de hogares es hablar de votos, y Pérez se aprovecha de la ingenuidad de muchos con respecto a las bondades de las nuevas tecnologías para buscarlos.

Parece increíble que en los albores del siglo XXI un candidato a una Alcaldía se enorgullezca de que una propuesta suya evitará que la gente compre libros. Será que nunca ha abierto uno.

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