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INICIO / PERIODISMO CULTURAL - REVISTA ARCADIA

9. ¿Eafit le ha quitado a la Universidad de Antioquia el protagonismo cultural?

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Maria Isabel Abad reflexiona sobre el papel de las dos universidades en la cultura de Medellín

Por: María Isabel Abad
Publicado el: 2011-08-22

Es cierto que Eafit ha aparecido en el mapa humanístico y cultural de la ciudad: la orquesta sinfónica, el centro de artes, el club de cine, las reformas al campus, el fondo editorial, los grupos de lectura, los conciertos, los seminarios y las funciones del auditorio Fundadores, se han se ha vuelto una opción, no solo para la comunidad universitaria, sino para un sector de la ciudad que, a pesar de sus privilegios, carecía de esta oferta.

 

Todo lo anterior, sumado a un proyecto académico que incluyó las humanidades, han logrado que Eafit, se haya vuelto en muy pocos años, una universidad en sentido más amplio.

 

Para Germán Vélez, docente del Departamento de Humanidades de esta universidad, “la Universidad de Antioquia y Eafit son apenas comparables desde hace quince años cuando esta última decidió apostarle a las humanidades y a la cultura convirtiéndose en una verdadera universidad más allá de la escuela técnica que era”.

 

Este ascenso de Eafit fue liderado por Juan Felipe Gaviria, quien en su rectoría (1995-2003) creó el Fondo editorial, construyó la nueva biblioteca, el ágora, el centro de artes, la orquesta sinfónica y abrió los pregrados de Ciencias Políticas, Comunicación Social, Derecho y Música. Juan Luis Mejía, su sucesor, consolidó este proyecto, impulsando la investigación y la creación de nuevos programas.

 

Y si bien hay consenso al afirmar que los 50 años de Eafit como escuela de finanzas y los 15 de su apertura hacia la cultura y las humanidades no se pueden equiparar a los 208 años de la Universidad de Antioquia, “el proyecto regional más serio y consistente”, como lo juzga la socióloga María Teresa Uribe, Eafit sí ha sido para la Universidad de Antioquia un contrapunto en algunos aspectos; en otros, un aliado; y en el resto, una alternativa dirigida a otros sectores de la ciudad.

 

El contrapunto más obvio y visible ha sido la participación de Eafit en la formación de la clase dirigente de Medellín. A principios del siglo XX, los empresarios eran los egresados de las facultades de ingeniería de la Escuela de Minas y de las escuelas de derecho y economía de la Universidad de Antioquia, pero desde 1960 comenzaron a formarse en Eafit (Escuela de Administración y Finanzas) en la carrera de administración, creada por un grupo de industriales al margen de todo debate político.

 

“El temor a que sus hijos entraran en contacto con el comunismo en la década de los sesenta y los setenta, alejó a las clases altas de Medellín de las universidades públicas y especialmente de la Universidad de Antioquia”, afirma Juan Fernando Pérez, psicoanalista y antiguo docente de esta Universidad.

 

Por eso, al nacer, Eafit se resistió a cualquier debate, no solo político sino cultural y humanístico, restringiéndose a la formación técnica de administradores.

 

Este origen técnico y de élite —que ha ido cambiando— puede explicar la percepción diferenciada que Margarita Gaviria, docente de la Universidad de Antioquia, tiene de los estudiantes de ambas universidades: “mientras en la de Antioquia, los estudiantes tienen una disposición frente al conocimiento y una cercanía con los profesores, en Eafit, —al menos en pregrado—, los estudiantes siguen percibiendo la educación como un servicio y al profesor como alguien que lo presta”.

 

El cambio de disposición, tal vez, requiera tiempo; todavía falta que los estudiantes se apropien de los espacios que la universidad les ofrece —los conciertos, el debate, los seminarios y el cine—, todavía falta que la “apatía técnica” vaya cediendo a una disposición más universal y crítica dentro de la comunidad universitaria. Para esto, los directivos crearon la campaña “Atrévete a pensar” en la cual ponen frases polémicas en lugares públicos. Y así, mientras Eafit se las ingenia para activar el debate entre los estudiantes, la Universidad de Antioquia goza —y también padece— la pluralidad.

 

Pero lejos de la diferencias, ambas universidades han sido aliadas, especialmente en estos últimos años. Muchos profesores admiten que la trasformación de Eafit en tan corto tiempo ha sido posible, en parte, gracias a convenios entre ambas universidades y a que muchos docentes de la Universidad de Antioquia se han vinculado total o parcialmente a la nueva apuesta.

 

Pero en materia cultural la cosa cambia: no compiten ni se asocian, simplemente se reparten la ciudad. Con todo lo que queda por hacer, Medellín aún no está para protagonismos en materia cultural. Ni el Museo de Arte le ha quitado público al Museo de Antioquia, ni Eafit, en su versión renovada, ha usurpado terrenos de la universidad más tradicional. Cuando el reto consiste en formar cada vez más públicos, no se puede hablar de un monopolio, sino de la concurrencia tranquila —y urgente— de universidades, museos, bibliotecas y centros culturales que activen la palabra, el arte, el cine y la memoria.

 

En conclusión: en el tema cultural, tanto la Universidad de Antioquia —con la emisora, los concursos, la editorial, la banda, el museo de artes, entre otras— y Eafit —con todo lo que ha hecho para abrirse y proyectarse— se han extendido hacia distintos espacios de la ciudad. En otros frentes, cada una carga con los retos que supone ser una universidad pública —la de Antioquia— o una universidad privada —Eafit—. “Pero el problema” como dice Pablo Navas, rector de la Universidad de los Andes “no es entre universidades públicas y privadas, sino entre universidades buenas y malas”. Ambas, están en las primeras, por eso pueden dialogar y, al aliarse, vencer esa sentencia que dijera Jaime Restrepo Cuartas, antiguo rector de la Universidad de Antioquia “La universidad que tenga una sola clase social, es una universidad confesional”.

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