La reconocida periodista mexicana Alma Guillermoprieto presentó en Madrid su libro "Desde el país de nunca jamás", una selección de sus reportajes más notables.

Alma Guillermoprieto:Latinoamérica nació desigual y en la miseria y así sigue

La periodista mexicana Alma Guillermoprieto presentó su libro "Desde el país de nunca jamás", una selección de grandes reportajes escritos entre 1980 y 2010 para los medios estadounidenses "The Washington Post", "The New Yorker" y "The New York Review of Books".

2011/02/22

Por Javier Nieto-Remolina

Una periodista que ha contado durante tres décadas los desastres de Latinoamérica, la mexicana Alma Guillermoprieto, cree que la región "nació desigual, en la miseria, conquistada por una pequeña minoría, y esa situación es hoy la misma después de varios siglos".

Y para cambiar esa situación sería necesario un esfuerzo que rebasa "las posibilidades de la realidad y la inteligencia de los gobernantes", dijo hoy en una entrevista con Efe esta conocedora de la realidad latinoamericana a fuerza de recorrer ciudades y montañas.

Guillermoprieto visita estos días Madrid para presentar el libro "Desde el país de nunca jamás", una selección de grandes reportajes escritos entre 1980 y 2010 para los medios estadounidenses "The Washington Post", "The New Yorker" y "The New York Review of Books".

En la antología hay temas como la masacre de "El Mozote", en El Salvador (1981), en la que el Ejército asesinó a más de 800 campesinos; la historia de Sendero Luminoso, en Perú; los comienzos de Ricky Martin en el grupo Menudo, la Cuba revolucionaria, la vida de la argentina Eva Perón o el asesinato de mujeres en México.

Una colección de crónicas en la que Guillermoprieto desentraña corrupción, crímenes, desmanes políticos e impunidad, entre ellas una que compara la reacción social brasileña frente a la actuación del gobernante Fernando Collor de Mello con la del asesinato de una joven estrella de la televisión.

Un frenesí, casi siempre corrupto y violento, que le hace decir a la periodista mexicana que "los gobernantes, con contadas excepciones, no han hecho sino explotar la miseria y las ilusiones de nuestros países".

Toda una serie de catástrofes sociales, políticas y económicas, de las que la reportera destaca un responsable, el narcotráfico, creado "sobre las históricas estructuras de corrupción, violencia y falta de gobierno, a las que se deben, por ejemplo, los 30.000 personas que murieron en México sólo el año pasado".

Por eso, Alma Guillermoprieto es partidaria de que las drogas sean legalizadas. "Es una situación de tamaña estupidez que no cabe en la cabeza, que en todo el mundo se consuma droga producida en Latinoamérica al mismo tiempo que los países consumidores decretan su ilegalidad", señaló.

En medio de todo el panorama de violencia, corrupción e impunidad aparecen la indolencia y la pasividad de gran parte de la sociedad. Guillermoprieto lo atribuye a "las mínimas posibilidades reales de avanzar", al "pesimismo apoyado una y otra vez por la realidad".

Y, sin embargo, destaca dos ejemplos de optimismo: los últimos dieciséis años en que dos gobernantes de Brasil, Fernando Henrique Cardoso y Luis Ignacio Lula Da Silva, "han manejado las cosas de tal manera que han cambiado la actitud de todo el país".

O en Bogotá, donde dos alcaldes, Enrique Peñalosa y Antanas Mockus, hicieron una labor con la que consiguieron que la gente "empezara a sentirse orgullosa de sí misma".

Esto se explica porque "de repente, había razones para tener un poco de optimismo; el problema es que (en Latinoamérica) la gente es optimista pero no tiene caminos reales abiertos".

Por otra parte, la mexicana cree que la religiosidad, que durante tanto tiempo influyó en la sociedad latinoamericana, ahora "se está yendo como agua por una tina": "Las iglesias están vacías, ya no hay diezmos, los curas son unos muertos de hambre, salvo los obispos".

Y para narrar todo esto que describe, Guillermoprieto defiende su nutrida y premiada tarea periodística, en la que trata de "contar la verdad con todos los trucos de la magia".

Dice que es una frase del colombiano Gabriel García Márquez, con quien trabaja en la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI), donde se empeñan en que los periodistas "sepan distinguir la verdad de la mentira, e identificar y hacer comprensibles los hechos confusos". EFE

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