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La suerte del inventario

2011/07/19

La verdad no está en los documentos, me escribió la profesora de la UIS Ivonne Suárez, “es un paradigma que se busca en cada acercamiento temático y teórico-metodológico”. Sin embargo, la verdad no se puede buscar, mucho menos encontrar, sin documentos y desde que se promulgó la Ley 594 de 2000 en Colombia casi todo lo es. La bibliotecóloga Myriam Mejía lo subrayó: a la tradición de lo escrito se sumó por fin el reconocimiento de lo audiovisual, fotográfico, fílmico, sonoro e informático como fuentes documentales. La serie Inventario ?de la Memoria ha reseñado hallazgos y pérdidas sorprendentes, el arrojo de centinelas empeñados en cuidar y la desidia de quienes cayeron o caerán en su propia trampa del olvido. Correos electrónicos sin responder, números de teléfono deshabilitados; muchas historias no se han podido contar (sobre todo de universidades y museos) y otras han surgido en el camino, pero en la búsqueda del patrimonio colombiano en papel, imágenes y sonidos emergieron coincidencias: cómo preservar las creaciones colgadas en Internet, cómo ganarle la partida al permanente cambio tecnológico, y cuál sería el ideal de circulación para que la sociedad valore y se apropie de lo guardado. A fin de cuentas, lo dijo la historiadora Luz Adriana Maya, “el lapso para recordar es breve”.

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