Julio Cortázar en París, en 1974; 2. José Donoso en la misma ciudad en 1981.
  • Mario Vargas Llosa, en el hotel Ritz de París, en 1985, y  Gabriel García Márquez, en 1982.
  • Una de las más clásicas fotos del grupo de Barcelona: de izq. a der., Mario Vargas Llosa, Patricia Llosa, Mercedes Barcha, José Donoso, Pilar Donoso y Gabriel García Márquez.

Nacimiento y muerte de un monstruo

Este minucioso trabajo sobre el auge de la literatura latinoamericana a partir de los años sesenta supone la más completa crónica social de un fenómeno creado por Carmen Balcells. En casi mil páginas se cuentan los pasadizos secretos de un puñado de relaciones que cambiaron para siempre la literatura escrita en español.

2015/01/22

Por Luis Alejandro Díaz* Barcelona

Aquellos años del boom tiene 900 páginas en las que casi no se habla de literatura, sino de la vida íntima de un grupo de amigos común y corriente que partió la historia de la literatura en español en dos: antes y después de ellos. Allí se encuentran confesiones como la de Carmen Balcells admitiendo que del único escritor representado del que se enamoró fue de Graham Greene, o secretos y leyendas como la del cheque por 750.000 pesetas firmado por José Manuel Lara a Balcells que ella misma enmarcó y nunca cobró por su parte en la venta de rba a Planeta.

¿Qué hay de nuevo en este libro sobre el boom?

Es la primera biografía grupal después de la Historia personal del boom, de José Donoso, en la que este hizo una crónica en directo, desde adentro y muy breve de 200 páginas. Yo lo hago con una visión cenital, desde fuera y décadas después. Acá se muestran las interrelaciones entre todos ellos: cómo actuaban como grupo, como lobby, como clan defendiendo unos intereses comunes, y la relación que tenían con su agente. Por ejemplo, si de algo estoy orgulloso, es de que el capítulo dedicado a Carmen Balcells es lo más parecido a una biografía suya. Ella misma me lo ha dicho: “Lo más cercano a una biografía mía es el capítulo que me has dedicado en este libro”.

¿Por qué no hay biografías sobre ella?

Nunca ha querido que se hagan biografías suyas. Tiene muchos secretos. Su trabajo está basado en la discreción, entonces, justamente en una biografía, si ella se lo plantea en serio, tendría que explicar cosas que su discreción profesional se lo impide. Por ejemplo: ella vendía paquetes a los editores: “Si quieres la nueva novela de García Márquez, te tienes que quedar con estos tres o cuatro autores que tú no quieres, pero que yo te los impongo si quieres comprarme a García Márquez”. Y esas son cosas que a lo mejor molestarían a esos otros cuatro si se sabe que los ofrecía como relleno o moneda de cambio.

¿Ella es la figura más importante del boom?

Yo creo que sí. Los genios son los escritores que son los que hacen las obras maestras. Pero ella es quien los profesionaliza. No es un genio de la literatura, pero sí lo es de la logística y de la estructura y de la estrategia ya que los hace ricos. Eso no se olvida: ella es la que los hace ricos. Ella es la que va a imponerles nuevas condiciones en los contratos, la que pide los albaranes a los editores para ver si son verdad las liquidaciones que les están haciendo, y ella es la que les dice que no se dediquen a nada más sino a escribir. Por eso se los trae a vivir cerca de ella a Barcelona para que estén aislados, y solo se tengan que preocupar por la novela en la que están. Por ejemplo: le dice a Vargas Llosa que deje de dar clases en la Universidad de Londres –que no las daba en cualquier sitio, no las daba en una academia de idiomas, vaya, las daba en un sitio importante–, y le dice: “Deja todo eso y vente a Barcelona a escribir”. Ella negocia nuevas condiciones contractuales con todos ellos y saca el máximo partido al trabajo de estos genios.

¿Había algo parecido a ella en el mundo editorial en ese momento?

En el mundo anglosajón se la puede comparar a Andrew Wylie, quien ha sido capaz de sacar derechos de autor de Shakespeare. Wylie ha conseguido cosas importantes para los autores, pero lo de Carmen Balcells tiene más mérito porque ella empieza desde cero en España y Latinoamérica, que no funcionaban como el mundo anglosajón, donde había toda una tradición de agentes literarios con una industria detrás. Digamos que ella se inventa el oficio y tiene la suerte de poderlo hacer teniendo a estos autores detrás. Con lo cual pasa de ser la chica de los recados que le llevaba los derechos de autor a Carlos Barral, a ser quien les diga a los editores: “No, ahora los contratos se van a redactar así”. Y su palabra va a ser ley, porque ella tiene a los más grandes y siempre supo hasta dónde podía pedir. Y siempre pidió al máximo para ellos y por eso todos se lo han agradecido y la mayoría no la han dejado nunca.

¿Cuándo comienza el boom?

Hay dos visiones. Si hablamos de boom es porque fue un estallido brutal en cuanto a número de ventas, y eso solo se produce a partir de 1967 con Cien años de soledad. Pero la primera novela del boom en realidad es La ciudad y los perros, de Vargas Llosa, que recibe el premio en 1962 y se publica en 1963. Lo que pasa es que el empuje comercial que tuvo La ciudad y los perros, cuando miras las estadísticas de venta en los archivos, no es comparable al que tuvo Cien años de soledad sin premio y sin nada. Entonces, para poder entender el fenómeno, solo El Quijote se puede comparar a Cien años de soledad en número de ejemplares vendidos. Rayuela, por ejemplo, empieza a venderse muchísimo a partir de 1967, aunque ya llevaba unos años publicada, pero todo se debe a que García Márquez y Cien años de soledad arrastran en su explosión de ventas a todos los autores latinoamericanos de alrededor. Y entonces Cortázar empieza a vender mucho más desde ese año gracias a eso. Creo que se podría decir que el éxito de García Márquez se les contagia a todos, y empiezan a vender en bloque. Cortázar ya vendía libros y tenía buenas ventas, pero el auténtico estallido se produce después. Por eso creo que la primera novela del boom es La ciudad y los perros, se puede decir que todo comienza ahí, pero lo que justifica que se le llame boom al movimiento empieza a partir de 1967.

¿Y cuándo termina?

Ahora, en cuanto al final, yo creo que hay un hecho simbólico precioso y muy estético que es el puñetazo que se produce el 12 de febrero de 1976 en el Palacio de Bellas Artes de México sobre el que se han dicho muchas cosas. Era el preestreno de una película que se llamaba: Rebelión en los Andes sobre el accidente de un avión en el que los supervivientes terminan comiéndose la carne de sus amigos muertos. Es la versión mexicana de la película Viven hecha en Estados Unidos. Ese día, Gabriel García Márquez ve a Vargas Llosa y le va a dar un abrazo y Vargas Llosa lo recibe con un puñetazo que lo tumba al suelo y desde ese día no se volvieron a hablar. Yo pongo esa fecha como el final porque en el 76 ya no viven juntos y han dejado de ser un grupo de amigos compacto que vive en el mismo barrio de Sarrià en Barcelona. Además, la Revolución cubana los ha separado en dos grupos: los que apoyan a Cuba como Gabo y Cortázar, y los que no. Unos han tenido mucho éxito como Gabo y Vargas Llosa mientras que otros siguen siendo pobres como Donoso, quien no vende ejemplares. Y eso ha creado distancias entre ellos. Pero sobre todo han dejado el roce y el trato de unos amigos que se encontraban cada noche y todos los fines de semana. Entonces yo pongo esa fecha como final del grupo. Pero en realidad el boom no ha muerto ni morirá nunca porque sus libros se siguen vendiendo.

¿Por qué no hay poetas?

Para mí el boom es un movimiento de narradores. Hubo poetas como Nicanor Parra, Octavio Paz o Neruda, pero para mí no forman parte porque el boom, como su propio nombre lo indica, es un fenómeno de masas y la poesía no es un fenómeno de masas. El único que tal vez podría haberse considerado es Neruda, quien consigue vender tantos ejemplares de sus poemarios como de una novela. Pero es un caso muy raro y excepcional. Neruda era un pájaro muy solitario en el sentido de que no actuaba grupalmente con esta gente, siendo que los vio y tenía relaciones con ellos, pero aun así, no era del grupo. Era un hombre mayor que ellos y no formaba parte del equipo de Carmen Balcells hasta cuando gana el Nobel. Cuando gana el Nobel, lo primero que hace asustadísimo es llamarla desde la embajada en París a decirle: “¿Puedes venir?, me han dado el Premio Nobel y te necesito para poner orden”. Y ella va y pone orden en sus números y le dice lo que va a pedir ahora por sus nuevos libros, por los nuevos contratos y por lo que va a negociar desde ese momento.

El archivo de García Márquez se fue para la Universidad de Texas.

Yo le dedico un capítulo del libro a la Guerra Fría porque Cuba y Estados Unidos se enfrentan en los primeros años del boom para ver quién va a atraer y a conquistar más escritores. Estados Unidos, por supuesto, juega todas sus cartas: mete a la cia, a la Fundación Rockefeller, pone mucho dinero, crea departamentos de literatura hispanoamericana en todas sus universidades y crea estos superarchivos. Y todo pensando en que no puede ser que la izquierda revolucionaria se lleve a los escritores y que todos los escritores sean izquierdistas revolucionarios, pues el mundo occidental liberal debe también sabérselos atraer. Es uno de los capítulos que más me han gustado del libro, donde además hay muchas aportaciones novedosas sobre el boom. Porque por ejemplo, intentan ganarse a Vargas Llosa y lo consiguen siendo que él era más castrista que el mismo Gabo. Hay un momento en el que Vargas Llosa le dice a García Márquez: “Te veo un poco tibio políticamente, no te veo apoyando a Cuba”. Porque públicamente García Márquez no hacía grandes declaraciones, a pesar de que se sabía que era procubano, pero en aquella época era un poco tibio, la verdad. Mientras que Vargas Llosa en esa época hace discursos. Entonces, en el año 71, desde Barcelona, Vargas Llosa encabeza un manifiesto internacional de escritores de todo el mundo en protesta por el caso Padilla, que por primera vez no se firma ni en Nueva York ni en París, sino en Barcelona. Un manifiesto contra Fidel Castro en contra del encarcelamiento del poeta Heriberto Padilla. Y entonces Fidel Castro lo señala y dice: “Este hombre es un enemigo”. Y desde ese momento Cuba empieza a difamarlo, a hablar mal de él, a llamarlo lacayo del imperialismo y todo eso. Y Estados Unidos, que está atento a todo esto y quería pescar escritores, lanza el anzuelo. Hoy en día, por ejemplo, los archivos de Donoso están divididos entre Princeton e Iowa. En tanto que Fuentes, Vargas Llosa y todo Cabrera Infante están en Princeton.

¿Y por qué entonces no fue el archivo de Gabo a Princeton y sí a Texas?

Es curioso por qué los García Márquez no se lo dan a Princeton y sí a Texas. Valdría la pena investigar un poco más. Yo creo que la familia de García Márquez no quería que Princeton, que ha privilegiado mucho a Vargas Llosa –quien es profesor de Literatura allá–, tuviera los papeles de García Márquez. Es como un “no los vamos a poner al lado”, “no los vamos a enterrar juntos”. Como Cervantes y Lope. En eso Donoso fue muy listo: puso en Princeton todos sus papeles importantes en vida, pero todo lo que tenía que ver con su homosexualidad lo envió a Iowa que estaba más lejos, como si dijera, “bueno, esto un poco más alejado”. Resulta curioso que los papeles de Iowa son los de su vida privada y sus relaciones con muchachos. La gente que ha visto eso y lo ha fotocopiado me dice que allí hay documentos donde se encuentran cosas como que una vez iba a buscar chicos a un parque público en Barcelona o Buenos Aires, no lo recuerdo bien, y la gente lo malinterpretó y hasta le dieron una paliza y le gritaban maricón. Él vuelve a casa todo golpeado y la mujer le pregunta que qué le ha pasado y él le dice: “Nada, es que me he caído”. Eso está en los papales de Iowa.

¿Qué pasó con la novela sobre la guerra entre Colombia y Perú proyectada por García Márquez y Vargas Llosa?

Ellos tenían pensada hacerla a cuatro manos, y eso es otra cosa que aporto en este libro, y es la correspondencia privada entre ellos hablando de ese proyecto. Era una novela que no tenía título en la que Vargas Llosa tenía que escribir la parte que pasaba en Perú, y García Márquez la parte que pasaba en Colombia. En la página 749 del libro aparece la carta en la que García Márquez le dice a Vargas Llosa que la coincidencia del burdel –una de las novelas de Gabo se iba a llamar como el burdel de la Casa Verde, pero al final le cambió el nombre– le ha inspirado una idea: hacer una novela a cuatro manos. En aquella época, el que tenía problemas con los militares era Vargas Llosa y no le era fácil ir a Perú a consultar archivos militares porque La ciudad y los perros no fue bien vista allá. Después todos proyectaron hacer un libro sobre dictadores en el que cada miembro del grupo escribiría un relato sobre un dictador de su país: Fuentes sobre un mexicano, García Márquez sobre uno colombiano, Vargas Llosa sobre uno peruano, Edwards sobre uno chileno y Cortázar sobre uno argentino. Tenía que ser el libro de los dictadores de América Latina. Todos dieron ideas, escogieron personajes, y unos empezaron a escribir, pero al final eso no cuajó siendo que hubiera sido un gran libro. Sin embargo, algunos, después de eso, ya que habían empezado a trabajar en ese tema, acabaron publicando novelas de dictadores. El otro proyecto fue la revista Libre.

¿Quién puso la etiqueta boom”?

Luis Harss. A él lo encontré y pudimos hablar por teléfono. Es profesor jubilado en Estados Unidos. A él en realidad le encargaron un libro en inglés para la editorial Harper Collins de Nueva York, que se titulaba: Into the Mainstream. Ese es el título original del libro, lo que pasa es que Paco Porrúa, el editor de Sudamericana, en Buenos Aires, dijo: “Hombre, esto está muy bien, podrías traducirlo al español”, y le propuso cambiar el título y ponerle Los nuestros. Y Luis Harss dijo: “¿Los nuestros?, eso parece un equipo de fútbol”. Al final Paco Porrúa lo convenció y el libro pasó a la historia como Los nuestros en español. Fue el primer libro de entrevistas sobre ellos pero aún no los llama como boom. Porque él utiliza la palabra unos años después en un artículo de la revista Primera Plana de Buenos Aires, en donde además puso entre paréntesis la palabra auge, para que la gente entendiera lo que significaba la palabra boom. Fue así la frase: “Estos escritores que representan el boom (auge)...”. Y no tenía idea del monstruo que estaba creando. Y nunca ha cobrado derechos de autor por esa etiqueta. Es un tipo muy divertido y simpático y desmitifica mucho ese libro al hablar del proceso porque dice que quería hacerlo con poetas, pero los poetas no lo recibían y entonces se dijo: “A la mierda los poetas, hago solo los narradores”.

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