Pablo Andrés Monsalve. Desaparecidos de La Escobrera. Agosto 2015.

Medellín, ¡Basta Ya!

Cuando se conoce la complejidad del conflicto las soluciones no son simplistas. Este proyecto articula de manera promisoria a la Alcaldía municipal, el equipo de la Corporación Región, la Casa de la Memoria de Medellín, el Ministerio del Interior, las universidades, las ONG y numerosas asociaciones de víctimas de la ciudad.

2015/08/25

Por Gonzalo Sánchez Gómez*

Las ciudades muestran en su epidermis una historia arquitectónica que cuenta cómo se han ido alejando del suelo, cómo escalan el aire o trepan desbocadas las montañas que las rondan; conservan episodios de una gesta heroica o un evento atroz encerrado en la memoria y el olvido de sus monumentos. En unos extremos, la ciudad luce segura, en otros castigada; en unos se desliza, en otros sube o baja por escaleras empinadas. Nuestras ciudades hablan de las fuerzas que atraen o encierran a los hombres en uno u otro de sus puntos cardinales. Y dan testimonio de esas otras fuerzas que han impulsado las migraciones o forzado los desplazamientos en los que han sido pobladas y sobrepobladas. Pero hay otras historias colectivas, entreveradas en las anteriores, que no cuentan por sí mismas las ciudades, que las atraviesan de un lado a otro, contenidas en ellas, como las líneas de la mano, y que hay que hacerlas hablar, pues no solamente son asunto del pasado sino también del presente y el futuro posible. El proyecto Medellín, ¡Basta Ya! pretende darles voz a esas historias.

Medellín admite ser definida para comprender cómo sobrepasarse a sí misma. Por un lado, es la ciudad pujante, la ciudad que transgrede, con ambiciosas obras de infraestructura, la fragmentación geográfica de sus comunas, la ciudad más innovadora y competitiva del país. Por otro lado, ha cargado por varias décadas con el estigma de ciudad-droga, ciudad-mafia, ciudad-muerte, como consecuencia de haber padecido la violencia de todos los grupos armados. Sin embargo, Medellín ha sido también la ciudad-resistente en sus redes solidarias y expresiones culturales, en la consigna radical de las madres que reclaman a sus hijos y en la música acusadora de los jóvenes, en su extendida geografía de lugares de memoria y en múltiples acciones institucionales.

Hoy se reconoce que además de los millones de seres humanos afectados por los conflictos armados y el crimen organizado que tantas veces los alimenta, también han sido victimizados el territorio, el paisaje, la naturaleza, y las ciudades. En Medellín se ha desplegado el abanico completo de la violencia que el país ha padecido en los últimos treinta años: magnicidios, asesinatos selectivos, masacres, bombas, enfrentamientos armados y asedios indiscriminados en las comunas depauperadas, confinamiento o desaparición forzada de los jóvenes, emergencia de bandas criminales, albergue de centenares de miles de desplazados de otras regiones y escenario de millares de desplazamientos intraurbanos… Pero esa realidad, lejos de haber sido padecida con resignación, ha sido controvertida por las organizaciones de derechos humanos y de víctimas que buscan que la memoria de los excesos de la guerra no sea el legado que les corresponde a los vencidos sino una oportunidad de transformación. Recuerdo bien que cuando asumí la dirección del Grupo de Memoria Histórica, a fines de 2006, el primer evento al que asistí sucedió en Medellín y se llamó Mosaico de las memorias. Lo que más me impactó en ese momento —mientras en el resto del país apenas se discutía si era posible o no hacer memoria en medio del conflicto— era el mensaje contundente de que hacer memoria no solo era posible y necesario, sino que ya se estaba haciendo desde las comunidades como una herramienta de lucha por la superación de la violencia que agobiaba a la ciudad.

El sello distintivo de este proyecto es que articula de manera promisoria a la Alcaldía municipal, el equipo de la Corporación Región, la Casa de la Memoria de Medellín, el Ministerio del Interior, las universidades, las ONG y numerosas asociaciones de víctimas de la ciudad.

Medellín, ¡Basta Ya! es un proyecto polifónico, un eco de aquel inaugural “mosaico” de memorias. Tiene todo nuestro apoyo, pues confiamos en que cuando se conoce la complejidad del conflicto las soluciones no son simplistas.

*Director general del Centro Nacional de Memoria Histórica

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