Homenaje a Gabriel García Márquez en la FILBO y lanzamiento de su libro al Viento.

Un año de letras

Sin duda alguna, la literatura y la cultura en Bogotá son muestra de que es posible crear políticas públicas incluyentes que atiendan tanto lo local –talleres literarios, bibliotecas, programas en los barrios--, como lo global –Feria Internacional del Libro de Bogotá, Lectura bajo los árboles–. Durante 2014, miles de bogotanos pudieron leer gratuitamente Libro al Viento, asistir a festivales, y leer cómo nos ven desde fuera gracias a los programas de Idartes. Un recuento de 2014.

2014/12/10

Por Revista Arcadia

Un payaso toca la guitarra. Lleva un saco de rayas, tirantas y nariz roja. Matías, de 5 años, lo acompaña con las palmas, sonriendo. A su lado, un par de viejos juegan ajedrez sobre el césped y diez metros más allá, una pareja comparte el espacio estrecho de un sillón. El Parque Nacional de Bogotá vibra con los rayos de sol de una tarde de sábado, y con quienes buscan perderse entre las tapas de un libro, leyendo bajo la sombra de cualquier árbol. “Mi libro favorito es los diferentes”, dice Matías, luchando con su propia lengua en cada ese. Su madre lo trajo porque, como el payaso guitarrista, quiere leer Chigüiro y el lápiz, de Ivar da Coll una vez más. La pareja del sillón comparte una edición de La vida, instrucciones de uso, de Georges Perec y el abuelo vino porque quiere leer un cuento de Eduardo Galeano. Entre los estantes y las maletas abiertas se amontonan estos y otros miles de títulos, esperando que un par de manos curiosas los hagan tomar vida. Cada vez que los destapan, los libros respiran. Renacen en cada versión de Lectura bajo los Árboles, programa organizado por la Gerencia de Literatura del Instituto Distrital de Artes (Idartes) desde hace cuatro años.

El 29 de septiembre fue el sábado en que Matías, la pareja y el abuelo, además de 1.500 personas, merodearon por las carpas y conversaron con escritores, editores y libreros. Y aunque no es una gran multitud, cuenta para decir cómo sí hay alternativas culturales en la ciudad. Lectura bajo los Árboles, forma parte de un programa transversal que ha cambiado la manera de asumir, en estos últimos años, la literatura en la ciudad: “Este es un espacio de diálogo donde hay juegos, chistes, trueques, talleres, cómics y libros. Simplemente puede ayudar a que la gente tenga una visión más placentera de lo que es una tarea”, dice Santiago Rivas, periodista y fiel seguidor de la agenda cultural del Distrito.

Lectura bajo los Árboles pertenece al capítulo de lo que dentro de la política pública se ha llamado “Apropiación”. En alianza con la Cámara Colombiana del Libro y de la Secretaría de Cultura, el equipo de Idartes vela por democratizar la palabra llevándola a localidades donde no hace parte de la agenda diaria y enriqueciéndola donde es habitual.

Los otros tres capítulos en los cuales se ha enfocado el trabajo de la Gerencia son: Estímulos, Escritura y la Circulación. Un equipo coordinado por Valentín Ortiz, bajo la batuta de Santiago Trujillo, director de Idartes, y de Clarisa Ruiz, secretaria de Cultura de la ciudad, que es quien idea y dicta la política pública, ha logrado ensanchar una red de proyectos que se abren a lo largo y ancho de la ciudad. “Leer para compartir, para conversar, para relacionarse con la vida”, dice Ortiz, como fundamento de sus programas.

Patrimonio bogotano

“Este año rompimos récords”, dice Adriana Martínez, coordinadora cultural de la Cámara Colombiana del Libro y encargada de invitar a cientos de escritores del mundo a la FilBo, la feria literaria más importante del país, “quizá la segunda en Latinoamérica, después de la FIL de Guadalajara”.

Cuando habla de récords, Martínez se refiere a las 450.000 personas que asistieron a la versión número 27 del evento, y que le dejó 22.000 millones de pesos en ganancias al mercado editorial colombiano. La feria es otro de los proyectos transversales que apoya la Gerencia de Literatura e Idartes, así como la Secretaría de Cultura. Lo hacen porque saben que es el epicentro donde confluyen muchas de sus acciones: de los participantes en sus talleres literarios a los autores de sus publicaciones. En la feria, desde hace tres años, además se lanza un Libro al Viento, un programa insigne creado hace diez años para promover el acceso gratuito a los libros y a la lectura, que se asocia a la literatura del país invitado de honor. En abril pasado, la presencia inequívoca de Perú como invitado les dejó a los bogotanos una recopilación de relatos de ese país que pudieron leer y conocer de primera mano. Libro al Viento es una política demostrativa de cómo es posible crear programas de largo aliento. Lo demuestra la edición de su título 102. En la feria, Idartes además sumó un libro homenaje al recién fallecido Gabriel García Márquez, Premio Nobel de Literatura 1982. “Libro al Viento se convirtió en un bien público. Está en las universidades, en los taxis, en las bibliotecas de la red distrital”, cuenta Ortiz. La idea es que quien tome uno lo entregue después a otro capitalino. Y así, hasta que todos hayan leído a Gabo, a Álvaro Mutis –también editado este año– o a los diez peruanos que hicieron una edición especial de cuento.

El número 97 tiene tapa morada. Hace parte de la ‘Colección Capital’, categoría para los textos que hablan de la ciudad. También los hay naranjas, que clasifican a las obras universales; verdes, para los infantiles, y azules, para aquellos géneros no tradicionales, como la caricatura. En dicha portada hay una ilustración de La Rebeca leyendo y, adentro, viven los textos de algunos de los escritores que han participado en Bogotá Contada, otro hilo conductor del capítulo de la política de apropiación.

Sabuesos urbanos

Este año, cinco escritores han venido a Bogotá a compartir un poco de su experiencia. Hace dos años, a Clarisa Ruiz, secretaria de Cultura, se le ocurrió que sería interesante contar Bogotá desde fuera, persiguiendo la tradición de cronistas que, desde el siglo xvi, visitaron y escribieron sobre la ciudad. El proyecto Bogotá Contada produjo, el año pasado, un bello libro en el que se encuentran crónicas vivenciales de escritores como la chilena Alejandra Costamagna, la brasileña Adriana Lunardi o el argentino Martín Kohan: un libro para que los bogotanos sepan cómo los ven, cómo los perciben, cómo un escritor se fija “en los cielos ominosos de una ciudad entre montañas”. Para este 2014, Idartes invitó a Élmer Mendoza, Wendy Guerra, Rodrigo Hasbún, Alberto Barrera y Luis Fayad, quienes además de escribir sobre la ciudad, participaron en encuentros en librerías, bibliotecas y en talleres de creación literaria.

A propósito de los Talleres Distritales y Locales de Escritura, se trata de una apuesta fuerte de Idartes, pues lo que empezó como un ejercicio gratuito de redacción, terminó en la inscripción de más de 1700 aspirantes, de los cuales 700 fueron elegidos para regalarle un cuento, una novela, una crónica o un poema a su ciudad.

Henry Gómez es director del Taller de Escritura de la localidad de Rafael Uribe y durante cuatro meses supo que era posible compartir su pasión por la literatura. En su taller, la mayoría de asistentes de estrato dos, leyeron cuentos de Ernest Hemingway y de Álvaro Cepeda Samudio, así como poesía colombiana contemporánea.

Cuenta Gómez que bachilleres, amas de casa y viejos se sentaron en la misma mesa a hilar sus relatos. Uno de ellos, un brujo retirado, sintió que todas esas historias que llevaba entre pecho y espalda debían salir de alguna manera. Y gracias a las técnicas narrativas y descriptivas que trabajaron, resultó un cuento. “Es una labor muy gratificante, que indudablemente debe seguir creciendo. Pero lo que hemos logrado es importante, hace diez años no había sino dos talleres de escritura en Bogotá, y ninguno de ellos era gratuito”, dice Gómez, quien prefiere promocionar en clase la lectura de nuevos talentos colombianos.

A pesar de que no llegaron a graduarse el 100 % de los participantes, la mitad de ellos acudió religiosamente, cuatro horas cada sábado, a leer y a escribir; a pensar en lo que otros escriben. Seguramente, con el anhelo de llegar a participar en uno de los Estímulos que ofrece el Distrito.

El Premio Distrital de Poesía y el de Cuento; el Concurso de Cuento Urbano, que incluye una residencia creativa en Berlín, y la Beca de Investigación en Literatura son algunos de los premios más buscados por los participantes. Jairo Andrade, ganador del Premio Distrital de Cuento 2014, es también tallerista del programa de Idartes, lo que demuestra el buen nivel. “Narrativamente hablando, cada día es una especie de cuento, de forma que todos estamos a un paso de contar algo”, dijo Andrade, quien seguirá alimentando talentos de la ciudad el año que viene.

Herederos de la colección

Es fundamental que las nuevas generaciones reciban ese legado que se está sembrado en la capital. Una de las madrinas del proceso es Mery Yolanda Sánchez, asesora de Literatura de los Clan –Centros Locales de Artes para la Niñez y la Juventud– y encargada de iniciar a los niños en el pensamiento creativo. “Cada niño escribe en la medida de lo que conoce y sabe. Promovemos la lectura incluso en voz alta, para que escuchen el concierto de voces”, cuenta Sánchez, quien dice incluir a Juan Rulfo y a Evelio Rosero entre la lista de autores que leen. Este año, un total de 17 Clanes se repartieron por diferentes localidades de Bogotá, dándoles a 35.000 niños y jóvenes un ambiente donde la danza, el teatro, la música, el cine y las letras fueron su mejor alimento.

Otros saciaron su sed literaria con la séptima versión del encuentro Las líneas de su mano, que llevó poetas hasta los Clan, durante Septiembre Literario de Idartes. Allí, la poesía convocó a cientos de personas para escuchar los versos del mexicano Eduardo Lizalde y otros poetas más de países como Italia, Islandia y Ucrania.

Un mes más tarde, en medio de calabazas y brujas, se organizó el viii Festival de Libros para Niños y Jóvenes, apadrinado por la Cámara Colombiana del Libro. Más de 200 actividades llevaron a padres e hijos a leer, pintar y reír bajo el lema: “¡Familia que lee unida va a la librería!”, promocionando así estos escenarios como un lugar de encuentro fundamental.

No es solamente el Distrito el que busca la inclusión de los niños en estos espacios, son ellos mismos quienes los demandan. En esta edición de Filbo se registró un boom en las ventas de literatura juvenil. Enrique González, presidente de la Cámara Colombiana del Libro, aseguró –basado en las cifras– que “esta generación lee más que la anterior”.

Pero los futuros guardianes de la literatura no tienen que ser necesariamente cuentistas o poetas. Incluso en el cómic y en la ilustración subyace gran parte de la herencia narrativa de la ciudad, y por eso el Idartes apoyó en 2014 varias iniciativas, como el Congreso Internacional de Ilustración y el Festival Entreviñetas. Este último mostró la movida de la historieta en tres ciudades: Bogotá, Medellín y Manizales.

Y como es obvio estas actividades han producido que las bibliotecas y las librerías se conviertan, para muchos, en una necesidad vital. Por ello, además de apoyar encuentros como Las líneas de su mano, o el Festival de Librerías de la Revista Arcadia, que se realiza una vez al año en el Parque de la 93 como una manera de reconocer el tozudo trabajo de los libreros de la ciudad. A la par de esto, la Secretaría de Cultura ha trabajado en conjunto con la gerencia de Literatura para seguir expandiendo la Red de Bibliotecas Públicas para convertirlas en espacios donde coincidan muchas artes. Una biblioteca es más que un lugar para ir a estudiar, y por ello Idartes se ha empeñado en que las colecciones de Libro al viento invadan las estanterías y hagan alianza con títeres, bailarines y músicos.

Sembrando memoria

Bogotá tiene suficientes noticias a diario como para alimentar miles de historias. La historia de los casi ocho millones de habitantes está marcada por gritos de dolor y dicha. Quienes han sido víctimas deben valerse de toda forma de expresión para cerrar su herida.

Rosa Elvira Cely. Jaime Garzón. El Palacio de Justicia. Todos son episodios de la violencia de una ciudad tan densificada como Portugal o Bolivia. A los ocho millones de bogotanos nos ha dolido lo que pasó con esta mujer, violada y asesinada de la manera más inhumana en el mismo parque donde se lee bajo los árboles; también nos hemos sentido huérfanos luego del asesinato de uno de los periodistas más valientes y brillantes de nuestra historia. Pero, sin duda, ver arder el Palacio de Justicia aquel 6 de noviembre de 1985 dejó una cicatriz que aún surca el pavimento.

Para que no me Olvides fue uno de los últimos proyectos de Idartes en 2014, un ejercicio de memoria colectiva en el que cuatro episodios violentos fueron traídos al presente para pensar y proponer cambios que satisficieran un renovado anhelo de paz. La puesta en escena de la obra La Siempreviva fue uno de ellos. Cristian Valencia, coordinador de la actividad, dice que la paz estará cimentada “en todas esas muertes, en esos momentos aciagos”, y que “nuestro aprendizaje de convivencia, nuestra apuesta sin consideraciones es producto de esos profundos demonios que hemos mirado a los ojos”. Los hemos sabido mirar y aquí estamos, narrando y buscando entre las cenizas palabras que nos laven y dejen ver el sol sobre los cerros. Bogotá ha logrado que toda una generación de habitantes se apoye en los libros para contar su propia historia. Algo muy en el fondo parece estar sanando con ello.

Al decir de Santiago Trujillo, director de Idartes “Hay varios retos. El primero es que la literatura se apodere del espacio público, que el libro, la lectura, la escritura y la conversación hagan presencia en nuestra vida y en la cotidianidad de la ciudad, que podamos reconocerlo en diferentes entornos, en la familia, en el barrio, la localidad... Desde acá podemos pensar en que Bogotá se consolide como un referente para Latinoamérica y el mundo, haciendo honor a la distinción que tuvo hace algunos años como Capital Mundial del Libro”.

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