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El Satánico Dr. Cowell vs. James Chance

2010/03/17

Por Andrés Gualdrón

Un valor que la música pop heredó de la ética del capitalismo post industrial es el de la efectividad. Se escribe música para un target, se usa en la producción los códigos culturales que apelan a ese target y de esta manera se hace un negocio redondo y perfecto donde el artista es ofrecido al consumidor satisfaciendo lo que este, de forma consciente o inconsciente, desea. Así pues, muchas veces el gusto popular está prefigurado por las mismas directrices que deciden nuestra elección de un shampoo o un detergente; los medios van guiando ciertas tendencias y son ellos mismos quienes ofrecen luego los productos que llenan estas necesidades creadas. No es de extrañar, por ejemplo, que el cruel y carismático Simon Cowell – creador y jurado de American Idol, X factor y varias otras franquicias del mismo tipo - sea también el ejecutivo internacional mas alto de Sony Music. A través de la plataforma multimediática que le permite el show y su posición prominente dentro de la industria discográfica, puede él mismo decidir las modas y los gustos de la población para crear los productos que llenarán esa nueva necesidad del mercado, diseñada por él para su lucro personal y el de su negocio. Lo que el señor Cowell, además de muchos otros ejecutivos de la música hacen, es la quintaesencia de la efectividad en la música y el entretenimiento como negocio.

Pero hay otra cara en la moneda. En su programa, Cowell elimina a ciertos sujetos, locos, sin talento, que no pueden acomodarse por falta de belleza, y carisma a lo que la gente espera de la música. Todo el mundo se ríe de ellos, haciendo con el gesto un statement importantísimo -independientemente del oportunismo de estos seres que quizá no sean tan desadaptados como lo afirman- sobre los modelos a seguir que genera la industria. En el primer video de este post vemos a James Chance y su banda The Contortions haciendo un show que aunque valioso, sería descartado por Cowell por ser vulgar, deprimente y anti musical. En la elección por lo deforme, por lo anti natural e incómodo que hace Chance, hay una intención política, una reivindicación de que los modelos que promueve la industria no son necesariamente los únicos que existen. Que, desde lo que en apariencia es difícil, también existe un campo vibrante y fértil para la creación.

El propio Cowell habla en esta entrevista de su trabajo en la industria, con ese estilo suyo tan cínico y particular que ha gustado tanto dentro del esquema del programa en los Estados Unidos y en la Gran Bretaña. Lo vemos también, entre otras cosas, montando carros de alta velocidad y defendiendo la idea de que las ejecuciones de los prisioneros deben ser transmitidas por televisión.

El propio Cowell habla en esta entrevista de su trabajo en la industria, con ese estilo suyo tan cínico y particular que ha gustado tanto dentro del esquema del programa en los Estados Unidos y en la Gran Bretaña. Lo vemos también, entre otras cosas, montando carros de alta velocidad y defendiendo la idea de que las ejecuciones de los prisioneros deben ser transmitidas por televisión.

En este espacio, claro, no somos mamertos, y entendemos que ésta dinámica de trabajo existe no únicamente en la industria del entretenimiento sino en casi todas las otras. Desde un punto de vista personal no considero que sea útil satanizar o condenar a través de imperativos morales extremos la manera en la que el negocio de la música se comporta. Y si bien es cierto que el criterio de la efectividad no es mi favorito, es importante señalar que la barrera entre arte comercial y arte culto no es tan real. En 1963 Andy Warhol, quien con su propia obra desdibujó los límites de esta dualidad, afirmó: “A mi me pagaban y yo hacía todo lo que me pedían. Si me decían que dibujara un zapato yo lo dibujaba, si me pedían que lo corrigiera lo hacía. Hacía todo lo que me pedían, corregirlo y hacerlo bien. Después de toda esa corrección esos dibujos comerciales tenían sentimiento, tenían un estilo. La actitud de los que me contrataban tenía un sentimiento o algo (parecido); ellos sabían lo que querían, insistían; a veces se alteraban mucho. El proceso de creación en el arte comercial era mecánico, pero la actitud le agregaba sentimiento”.

Siento que hacemos más empleando los medios de comunicación y de opinión que tenemos a nuestro alcance para señalar la existencia de otras maneras de pensar y actuar alternativas a las del mainstream, que señalando como un monstruo a Cowell y a todos aquellos que se ciñen aún a los esquemas tradicionales del negocio. En vez de agotar los párrafos mostrando todo lo incorrecto que hay en el mainstream podríamos generar conciencia alrededor de las nuevas opciones y los nuevos combates que se adelantan: los gestos de resistencia que la creatividad de los músicos y los artistas adelantan en su batalla por hacerse escuchar. Esto sucede, aún sí se trata de música que no es efectiva; aún si se trata de música que puede inicialmente ser juzgada como extrema o ininteligible para muchos.

En Disidencia Sonora hablaremos de esas propuestas. Buscaremos desde lo local, lo global y hasta en la escena underground colombiana a aquellos que no se rigen únicamente por el criterio de la efectividad, aunque se tomen en serio desde la rigurosidad de su trabajo las pulsiones más extremas de la música. Entre esta selva surgen los dementes. Los músicos extremos. Los experimentalistas. Los incomprendidos. Los que generan paisajes sonoros artificiales, a veces anti naturales, a veces difíciles, pero no por ello menos fascinantes. Está en juego en sus propuestas no únicamente la elección de un acorde, la elección de una palabra o la generación de un estilo propio. Está en juego también la política de la música, las relaciones de poder que se generan en torno a los esquemas de la industria, pero, sobre todo, la construcción de una identidad particular, quizá la manifestación de un tipo de hombre y de una forma de habitar el mundo que rompe esquemas y reglas a veces implícitas. En este blog hablaremos de ahora en adelante de quienes se entregan a la absoluta libertad y persisten en ello.

 

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