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There's No Wave in Hell

2010/04/26

Por Andrés Gualdrón

En este post saldaré una pequeña deuda. Tras leer la primera entrada de Disidencia Sonora, un amigo me criticó el hecho de que el personaje de Simon Cowell (oscuro magnate de la industria discográfica del que ya suficientemente hablamos) estaba mucho más desarrollado en el texto que el de su contraparte: James Chance, cantante de James Chance and the Contortions. Hablaremos un poco de su música y puesta en escena tras revisar un poco del contexto que permitió la aparición no solo de su propuesta personal, sino la del género del No Wave.

¿Qué pasó con el punk después de su estallido inicial? Pervirtiendo varios de los aspectos que identificaban al movimiento a ambos lados del Atlántico (la alineación tradicional de una banda de rock, crudeza musical, tempos rápidos, canciones cortas con mensajes directos) se gestaron dos géneros musicales hermanos pero en algún sentido contrastantes: del lado británico, el post-punk (encarnado por bandas como Siouxsie and the Banshees, el primer The Cure, Joy Division o Echo and the Bunnymen) mostraba que la crudeza estilística y de recursos del punk original era susceptible también, sin perder sus lineamientos estéticos originales, de ser mezclada con elementos de otros géneros y con exploraciones sonoras novedosas. En estas y muchas otras bandas vemos como se hace extensivo el uso de sintetizadores, cajas de ritmos, influencias de músicas que van desde el krautrock hasta el dub jamaiquíno sumado a letras introspectivas, una actitud menos combativa, más oscura y por momentos del todo depresiva y nihilista. Desde lo teatral, y tomando en cuenta lo anterior, vemos un auge claro de la estética goth en el rock británico.

En New York la cosa se manifestó de forma un poco diferente. El No-Wave, al igual que el post punk británico, aceptó sonidos de procedencias distintas. En cuanto a lo musical, sin embargo, una de sus principales búsquedas (y por lo cuál es considerado como la semilla de lo que sucedería luego en la escena alternativa norteamericana) fue la exploración al rededor de las capas de ruido, las distorsiones y los feedbacks de la guitarra eléctrica. Estas investigaciones terminarían preconfigurando el sonido de una nueva generación de bandas, entre ellas Sonic Youth, Husker Dü o Dinosaur JR.

Por otra parte, el nexo que se generó entre ésta corriente y la de la nueva ola de la música académica contemporánea en NY fue también muy fuerte: músicos de la escena del No Wave como Glenn Branca exploraron desde el formato rock tradicional tendencias musicales de ese contexto como el ruidísmo o la microtonalidad, llegando con el tiempo a expandir seriamente estas ambiciones hasta la composición sobre formatos orquestales y múltiples guitarras eléctricas, con obras de mayor tamaño y complejidad.

Y bueno, el aspecto teatral no se queda de lado. Personificado sobre todo por James Chance junto a The Contortions, tenemos a esta especie de James Brown blanco pero con la voz de un punk, cuya música tiene un pie en el soul y otro en el free jazz y cuya actitud de confrontación y pelea con el público lo llevó a terminar agarrándose los puños con su público en CBGB's regularmente. Menos importante que este aspecto, en mi opinión, es el enorme caudal de creatividad, fuerza expresiva y experimentación de su álbum Buy the Contortions. Su propuesta satírica, primitiva, violenta y a la vez bailable, como un cuestionamiento hondo a la figura tan típicamente Norteamericana del entertainer, dio como resultado un disco maravilloso, un clásico injustamente olvidado que apenas empieza a desempolvarse y ser apreciado con toda justicia. La razón de tanta violencia, de tanto descontento, de una actitud tan deliberadamente radical no la conozco del todo. Quizás se deba a lo que él mismo declara en una entrevista: nunca pudo soportar la forma de ser pasiva y arrogante de su público, inicialmente artistas de la escena downtown de NY. Para hacerlos moverse, para hacerlos gritar, saltar o tener algún tipo de reacción corporal a la música no se valió únicamente de ponerlos a bailar: se vio obligado, finalmente, a confrontarlos físicamente, a hacerlos reaccionar. En este gesto se resume toda su propuesta: el saxofón atonal, las guitarras desafiantes y la agresividad de la voz te sacuden sin miramiento alguno; tus percepciones más arraigadas sobre lo que debe ser la música y lo que debe ser un show de entretenimiento musical se ven profundamente cuestionadas.

Mas allá de la publicidad que su puesta en escena le trajo, en la música de James Chance and The Contortions hay varios aspectos singulares para su contexto: a una base rítmica de bajo y batería sólidas (no al estilo amateur del punk tradicional si no más al estilo de un grupo de soul negro) le agregó dos no guitarristas aproximándose de una forma muy interesante a la música, buscando ruidos, slides y distorsiones extrañas. Es bastante interesante como, también en la vena investigativa del Post Punk, encontró formas de expresión similares a la del punk en otros ámbitos e intentó establecer estas conexiones a través de su trabajo. En canciones como Contort Yourself o I Can't Stand Myself observamos sus ideas en plena manifestación: haciendo música experimental, peinado de crooner, jugando a entretener haciendo todo lo que un gran ídolo de la televisión no haría, observamos a esta especie de showman malvado al que le queda únicamente la rabia de un chico lleno de autodeterminación, irreverencia, y una voluntad interna por agitar la normalidad que resulta poco más que inspiradora, aún si esta termina por alienarlo, por recluirlo en aquellos sitios oscuros donde la diversidad de comportamiento se asoma con toda la voracidad que otros entornos más represivos no permiten. Ahora bien, si Chance fuera un tipo de camiseta y jeans cantando estas canciones la cosa no sería tan distinta: su música en términos únicamente sonoros es enormemente impactante, el sonido de su banda es sólido y lleno de energía, su música, a diferencia de la de otros punks, puede hablar enteramente por si misma.

Tras un silencio prolongado durante los 80 y 90, generado en parte por el tiempo de vida breve que tuvo el No Wave antes de disolverse entre los líos personales de sus fundadores (recordemos que se trataba de una escena en la que la heroína y otras sustancias estaban a la orden del día), la primera década del 2000 vio un resurgimiento del interés por la propuesta del músico. En Youtube pueden verse videos de sus múltiples giras por Europa y Estados Unidos, donde vemos intacta su rabia y su teatro absurdo aún con todos los años que han pasado.

Les dejo un link a una muy interesante entrevista y algunos videos, uno de ellos también mostrando los puntos de vista del cantante.







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