Manifestación en París el 31 de enero de 2009 por la liberación de Julien Coupat, acusado de ser líder de una organización terrorista y supuesto autor del libro.

¿Conspiración o paranoia?

Cuando fue publicado, Sarkozy lo llamó “un manual terrorista”. Cuando fue traducido al inglés, Fox News lo llamó “el último grito de una ultraizquierda violenta”. Nadie ha podido saber a ciencia cierta quién o quiénes son sus autores. Se han hecho redadas. Ministros han alzado las cejas. ¿Por qué tanta alharaca? Con su publicación en español, por fin lo sabremos.

2010/11/18

Por Alejandro Quintero Mächler

“¡Todo el poder a las comunas!” —gritó, parado sobre un mostrador, ante los concurrentes. Espantadas señoras, interrumpidas en su labor de mirarse al espejo, escuchaban más con curiosidad que otra cosa, pintalabios en mano. La imagen tenía un tinte surrealista: un joven febril blandiendo un pequeño libro azul mientras lanza cantilenas revolucionarias, rodeado por más de cien acólitos en un almacén en Nueva York, a unos pasos de Union Square. Antes de irrumpir en la cadena de cosméticos Sephora, el grupo, compuesto de estudiantes barbados que portaban libros de Heidegger y Jacques Derrida, ya había sido expulsado, con coercitiva decencia y sucesivamente, de la librería Barnes & Noble y de la cafetería Starbucks. Esto hace ya más de un año, el 15 de julio del 2009, a las cinco de la tarde en la llamada capital del mundo. ¿La razón? La traducción del francés y publicación en inglés del libro La insurrección que viene, escrito por un misterioso “Comité Invisible”. Los jóvenes neoyorquinos habían organizado en Barnes & Noble una lectura del libro sin el consentimiento de la librería, que lo último que imaginaba en un apacible domingo era una repentina invasión de estudiantes vociferando arengas entre sus estantes. Los insólitos hechos tuvieron eco en los medios estadounidenses: el New York Times les dedicó un artículo y en Fox News fue posible ver al presentador Glenn Beck visiblemente asustado, calificando el libro de “peligroso”, de “último grito de una ultraizquierda violenta” que proclama “el fin de la civilización occidental”. Antes de cerrar su programa, Beck hizo un llamado masivo a una lectura prudente del libro, indispensable, según él, para conocer al inquietante “enemigo interno”.

 

¿Qué libro es este que causa tanto alboroto? ¿Cuál es su historia? L’Insurrection qui vient, publicado en París por Ediciones La Fabrique en el año 2007, declara el próximo fin del capitalismo y la necesidad de crear comunas autosostenibles que depongan cualquier tipo de autoridad estatal, apelando a la fuerza armada si es necesario. Estilística e ideológicamente está influenciado por pensadores y filósofos políticos de primera línea, tales como Guy Debord, padre del Situacionismo Internacional, y Toni Negri, coautor de Imperio, considerado por algunos “el manifiesto comunista del siglo veintiuno”. De igual modo es notable la huella de Michel Foucault, Giorgio Agamben y Gilles Deleuze. Leerlo es asistir a una curiosa mezcla entre el pensamiento más vanguardista y la película Fight Club.

 

La moribunda civilización occidental-capitalista, se lee en el libro, temerosa del anuncio de su descomposición, ha declarado una guerra abierta a toda la humanidad, manteniéndola bajo vigilancia policial y drogándola con el imperativo de acumular dinero. Por ello es indispensable tomar conciencia e iniciar una insurrección generalizada, que esté basada en lazos de amistad fuertes y en la propagación, por resonancia, del descontento general hacia el actual estado del ser humano. Es preciso abolir la autoridad, el sistema de trabajo, la propiedad, la hegemonía y la necesidad de hegemonía. Hay que saquear, bloquear, sabotear y destruir, a través de cualquier medio, las redes capitalistas —económicas, políticas, de comunicación— que nos aherrojan. Nos hallamos en medio de una “guerra civil” entre el “Imperio” global, o suma de Estados, y cada uno de los ciudadanos del mundo, en su mayoría ciegos, que han perdido su libertad sin saberlo. Este pequeño libro, una transparente invocación a la revolución, hubiera pasado prácticamente desapercibido en Francia si no es porque el presidente Sarkozy, y su ministra de Justicia, Michele Alliot-Marie, vieron en él un auténtico “manual terrorista”, propio de una serie de grupos anticapitalistas franceses que, desde las revueltas en los suburbios de París en el 2005, no han hecho sino proliferar y promover acciones rayanas en el anarquismo puro. Alerta y temiendo lo peor, el Estado francés decidió tomar cartas en el asunto cuanto antes.

 

En el mediodía francés, en la ganadera y vinícola región de Limousin, la policía encontró su objetivo. La mañana del 11 de noviembre del 2008 entraron 150 hombres de las brigadas antiterroristas, armados hasta los dientes, en helicópteros y llevando perros, al pueblo de Tarnac, de tan solo 350 habitantes. Se arrestó allí a nueve individuos, todos entre los 24 y los 35 años, acusados de “asociación criminal con el propósito de actividad terrorista” por haber saboteado 160 trenes en el año 2007, un sabotaje que no dejó heridos ni muertos pero que detuvo el movimiento de cerca de 40.000 personas durante varias horas. Entre los acusados, que vivían tranquilamente en Tarnac en una granja comunal, sembrando alimentos, controlando la tienda de comestibles del pueblo y proyectando películas en un minúsculo cineclub, se encontraba el filósofo Julien Coupat, descrito por Alliot-Marie como el jefe de una brigada “anarco-autónoma” y presunto autor de La insurrección que viene, según las autoridades francesas. Desde un comienzo, no obstante, se vio la falta de evidencias con las que contaba la policía: en la requisa al pueblo solo se encontró, como objetos sospechosos, una escalera y un mapa de los trenes de la región. El caso de terrorismo se sustenta únicamente en la supuesta autoría de Coupat del incendiario libro. En sus declaraciones, el joven negó haberlo escrito mas aceptó conocerlo e incluso admirarlo.

 

El despliegue abusivo de la justicia por parte de las autoridades originó una fuerte reacción en toda Francia y muestras de solidaridad en Estados Unidos, España, Grecia y Moscú. Los primeros que protestaron en el país galo fueron los mismos habitantes de Tarnac, sometidos a extensos interrogatorios policiales. La compungida madre de uno de los arrestados aseveró con ironía a la prensa que ellos “plantaban zanahorias sin tener líderes ni jefes y se cree que son unos terroristas súper organizados”. Luego, el 19 de noviembre, intervino en la prensa el filósofo italiano Giorgio Agamben, uno de los mayores críticos de las políticas antiterroristas tras el 9-11, cuyo libro La comunidad que viene es considerado una influencia en La insurrección que viene. En el diario Libération calificó la acción del Estado francés de tragicomedia, ensalzó las inofensivas actividades de los nueve de Tarnac en el pueblo y se burló sin clemencia de las evidencias de la policía: no encontraron ni bombas ni cocteles Molotov; tan solo un mapa de los trenes con sus horarios, que cualquier francés tendría. Más importante aún, declaró conocer a Coupat, quien, afirmó, colaboró con otros seis filósofos en una revista de filosofía política radical llamada Tiqqun, según Agamben “una revista responsable de análisis políticos sin duda discutibles, pero que se sitúan aún hoy entre los más inteligentes de este periodo”. Concluye el artículo diciendo que en Francia ya cualquiera que se inmiscuya en alguna actividad crítica o de protesta es tachado ipso facto de terrorista, o de tener “vocación de”, de “asociarse con miras a”, actividades terroristas. Y esto en un país cuya tradición de protesta civil es extensa, parte de su idiosincrasia. No es exagerado afirmar, como lo hizo con ingenio algún periodista francés, que cada vez las leyes antiterroristas se asemejan más a las de la película Minority Report.

 

Después de esta primera carta-protesta de Agamben hubo otra, el 27 de noviembre, firmada por eminentes pensadores y filósofos, entre ellos Slavoj Zizek y Judith Butler, pidiendo la liberación de los nueve acusados, mantenidos en “arresto preventivo”. Publicado en Le Monde, el artículo resaltó la ambigüedad del término “terrorista” y señaló el peligro de un gobierno paranoico, imparable en su deseo de acabar con quien piense diferente, dispuesto a acusar chivos expiatorios con tal de mantener la idea de un Estado invulnerable. ¿Desde cuándo, además, es delito publicar un libro? Mientras que el pueblo francés, guiado por la comunidad intelectual, unía sus voces en protesta por los abusos del Estado, la policía no cejaba en sus pesquisas nada concluyentes, topándose con cabos sueltos, callejones sin salida, coincidencias extrañas. La revista Tiqqun, en la que Coupat colaboró y que solo tuvo dos números entre 1999 y 2001, reveló un pensamiento militante de asombrosa solidez filosófica, expresado en nombre de un tal “Partido Imaginario”, cuyo polo revolucionario debería llamarse “Comité Invisible”. Pero ni esta “pista” sirvió para que la policía encontrara culpable a Coupat, ni tampoco dio resultado insistirle al editor y creador de Ediciones La Fabrique, Eric Hazan, para que revelara las identidades del “Comité Invisible”. Hazan, un ex militante en la lucha por la independencia de Argelia, para quien sus libros “son armas”, se ha rehusado a brindar información. Tras la liberación de Coupat, en mayo del 2009, y luego de una nueva instigación pública del “Comité Invisible” a la revolución en el mismo año, se le ha preguntado varias veces si ha considerado sacar un nuevo libro del Comité. En una entrevista del 2010 señaló como cercana esta posibilidad y, además, recalcó que gracias a la propaganda que se le ha hecho al libro sus ventas en Francia ya ascienden a 40.000 unidades. Todo un éxito editorial alrededor de un caso del que, todavía, nada se sabe: hilos sueltos, investigaciones laberínticas y anzuelos falsos.

 

Esta incertidumbre no ha sido obstáculo para la difusión, en otros idiomas, de La insurrección que viene. En español, la traducción salió en el año 2009 en la editorial Sic Melusina. En una reseña en La Semana Digital, la periodista Fabiola Martínez Vega lo denominó el libro “de moda entre los ‘anti’ todo españoles”, un “manual que están utilizando los más radicales de los radicales”. En Grecia, en febrero del presente año, se dio a conocer un libro anarquista titulado Somos una imagen del futuro, hijo del turbulento momento que vive la península. El libro no esconde la influencia del “Comité Invisible”, que ya va generando ecos alrededor del mundo. Los franceses, mientras tanto, todavía continúan pasmados: el caso no se cierra, como un polígono informe que no encontrara sus aristas. Hace un mes y medio el noticiero 20 Heures del canal France 2 volvió a hacer un informe sobre el libro, y lo único que quedó claro es que el embrollo continúa, imperturbablemente enigmático, transparentemente irresuelto. Y el Estado francés, medroso y con la opinión pública en contra, aprieta arena con las manos.

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