Arriba a la izquierda: rende del parque Bicentenario en Bogotá, Colección Bicentenario del programa Historia Hoy, Plaza de San Nicolás en Barranquilla.

La fiebre del Bicentenario

20 de julio, una fecha arbitraria que hace pensar que la independencia de Colombia se hizo en un día. ¿Qué se está haciendo desde lo público para celebrar estos 200 años? ¿El país se interesará, por fin, en su historia? Arcadia pasa revista.

2010/05/27

Por Redacción Arcadia

En 1910 Colombia celebraba el Centenario de la Independencia. El país acababa de salir de la Guerra de los Mil Días y aún faltaban veinte años para el final de la hegemonía conservadora. Desde 1909, cuando el general Rafael Reyes terminó su periodo presidencial, los preparativos comenzaron. El evento principal fue la Exposición Industrial-Agraria, pero además, hubo extensos discursos de elogio a la madre patria, conciertos de música de cámara y construcciones a lo europeo como las del Parque de la Independencia (en la calle 26) de las que hoy solo queda el Quiosco de la Luz. Al parecer, los sectores populares no participaron en las celebraciones y tuvieron que contentarse con festejos aislados. Ni qué decir de las minorías indígena y negra, marginadas a causa de un renovado amor de las élites por la herencia española.

De 1910 solo queda una urna que la Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte abrirá el próximo 20 de julio. ¿Qué contiene? Nadie sabe y más de uno cruza los dedos para no llevarse el fiasco de encontrar un cajón vacío. Lo cierto es que hoy, un siglo después, el país vuelve a las celebraciones, esta vez con un tono deliberadamente incluyente. Tanto que todo pareciera ser Bicentenario. Desde actores de televisión disfrazados de próceres en las estaciones de TransMilenio hasta proyectos de gran envergadura de los ministerios de Educación y Cultura. Desde el Profesor Súper O (ahora histórico) hasta un Parque Bicentenario que conectará la Biblioteca Nacional con el Planetario Distrital y en el que se invertirán 35.000 millones de pesos.

¿Por dónde empezar? Solo el Ministerio de Cultura tiene alrededor de 30 proyectos en los que ha venido trabajando desde el 2008 bajo el programa Cultura es Independencia. Su política es clara: “La cultura está forjada de identidades y diversidad, de creatividad e interculturalidad. Y es en ella donde confluyen las independencias necesarias para nuestra existencia como Nación”, dice la ministra Paula Moreno. Por eso, no hablan de una, sino de varias independencias en un decidido intento de hacer un bicentenario plural. Su proyecto bandera son los Centros Municipales de Memoria: espacios colectivos extendidos por todo el país en donde las comunidades recuperan su pasado a través de narrativas, relatos de oficios, tertulias mensuales y archivos fotográficos. Hoy existen 20 centros y se espera la apertura de otros 12 en lo que queda del año.

En términos generales, los centros marchan, aunque la mayoría no ha pasado de la recolección de fotografías e historias entre la población. En Aguadas (Caldas), por ejemplo, el centro comenzó a funcionar el año pasado en la Casa de la Cultura. Entre sus proyectos está la creación de un mapa arqueológico, la recuperación de los caminos antiguos y el rescate de fotografías y documentos locales con los que se espera hacer una exposición itinerante por las 24 veredas de la región. Todavía no hay una fecha exacta para la finalización de ninguna de estas actividades pues el acceso a los caminos es complicado y aún más es convencer a los dueños de los predios de su importancia patrimonial.

En Cereté, Córdoba, el centro ha recogido unas treinta fotografías con las que se hará un álbum multimedia y un museo de lo cotidiano. La población eligió el canal del Bugre –brazo del río Sinú que atraviesa Cereté y que está en alto grado de contaminación– como símbolo de su registro histórico. Años atrás el Ministerio del Medio Ambiente había sentenciado que la recuperación del canal era demasiado costosa. Para la fecha, Cereté no ha recibido dinero del Ministerio de Cultura y espera la llegada de computadores e impresoras. Tampoco ha habido financiación de la administración municipal pues el presupuesto está intervenido. En San Andrés –donde harán una exposición itinerante desde el 19 de julio– también aguardan la llegada del equipo tecnológico y el aval de la gobernación para crear una sede propia.

Los coordinadores de los centros de memoria de Charalá (Santander) y San Basilio de Palenque (Bolívar) concuerdan en que el apoyo del Ministerio de Cultura en capacitaciones y asesorías ha sido constante. En el primer municipio trabajan en la celebración de la Batalla del río Pienta, que se realizará el 4 de agosto, mientras que en Palenque, el centro conformado por 37 personas, vincula a los ancianos para recordar el papel de los cimarrones en la Independencia. En Ocaña, Norte de Santander, publicarán en diciembre 500 ejemplares de un álbum con cerca de 300 fotografías, inaugurarán un complejo histórico y varias escuelas de formación artística y cultural.

Restaurar el patrimonio

Otro proyecto del Ministerio de Cultura es la construcción y restauración del patrimonio arquitectónico. Las obras se entregarán entre junio y diciembre de este año. Una de las más grandes es la recuperación del centro histórico de Barranquilla, cuya primera etapa, la Plaza de San Nicolás, estará lista para el Gran Concierto Nacional del 20 de julio. La inversión asciende a unos 85.000 millones de pesos. La plaza, donde está la primera catedral edificada en Barranquilla, ha sido sometida a un proceso de ampliación que comenzó con la reubicación de las ventas estacionarias y continúa con la demolición de edificios aledaños al ala norte de la iglesia.

También en Socorro (Santander) se está construyendo el Centro Bicentenario. La biblioteca, que es la primera de tres fases, será entregada el 10 de julio. Las otras dos fases, aulas artísticas y centro de convenciones, esperan la llegada de recursos. En Cali, la construcción del Domomuseo Bicentenario, en la biblioteca Jorge Garcés Borrero, comenzó en enero y finalizará en julio. El Domomuseo tendrá cerca de 1.270 kilómetros cuadrados y para su construcción se invirtieron casi 1.800 millones de pesos.

No tan bien les está yendo a otros municipios, cuyas restauraciones no han arrancado o están aún incipientes. Es el caso de Simití (Bolívar) donde se adelanta un proyecto en el Templo Doctrinero de San Antonio de Padua. El ingeniero Mauricio García comenta que aunque la financiación proviene de la Gobernación y del Ministerio de Cultura, solo este último ha entregado el dinero. “El cerramiento está hecho y ya se colocaron los parales –dice García– pero no es significativo”. Las obras, además, dependen del clima del municipio pues en invierno es imposible trabajar. Algo similar ocurre en Buenaventura, donde no están enterados del proceso de restauración y conservación de la estación del ferrocarril. Tampoco hubo respuesta en Quibdó sobre las reparaciones al Palacio Episcopal.

Palabras, proclamas y afiches

Una parte considerable del Bicentenario tiene que ver con la importancia que tuvieron los discursos –legitimados y no legitimados del siglo XIX– en la difusión de las ideas. Impresiones de la Independencia: proclamas, bandos y papeles sueltos es la exposición documental que la Biblioteca Nacional inauguró el 6 de mayo. Curada por Carlos Betancourt y con la asesoría de Mauricio Pombo y Malcolm Deas, da cuenta del periodo de 1780 a 1810 y de cómo la publicación de bandos y proclamas colaboró a la construcción de una opinión pública, dividida entre independentistas y fieles a España.

A la par, la Biblioteca Nacional lanzará a principios de junio el portal Huellas digitales: historias de la Independencia, que recuperará colecciones de medicina, literatura, relatos de viajeros, partituras, grabados y artículos de periódicos, además de exposiciones virtuales sobre la Independencia. Para la fecha, el 80% de la información está digitalizada. Los archivos de la Biblioteca harán parte de un motor de búsqueda creado por el Ministerio de Cultura con acceso a más de un millón de documentos históricos de la Luis Ángel Arango, el Museo Nacional y el ICANH.

Y siguiendo con exposiciones, el Banco de la República inauguró en abril Palabras que nos cambiaron: lenguaje y poder en la Independencia. Bajo la curaduría de Margarita Garrido, es un recorrido por ocho palabras que transformaron las formas de pensar y hablar durante la independencia. La inusual muestra utiliza el espacio aéreo y plasma los discursos en afiches y pasquines que cuelgan al estilo de la literatura de cordel.

Finalmente, el Museo Nacional elaboró diez carteles iconográficos que están listos para ser enviados a colegios y bibliotecas públicas. La idea es propiciar la discusión entre alumnos y profesores. ¿Qué entendían los esclavos por independencia y qué por libertad? ¿Qué imágenes aparecían en las monedas de 1800? ¿Quiénes fueron los héroes desconocidos de la Independencia? El otro gran proyecto es la exposición La historia de un grito: doscientos años de ser colombianos que se inaugurará el 4 de julio y para la que el Museo diseñó una novedosa campaña en internet, radio y televisión en la que un argentino –que sabe poco de historia colombiana, pero mucho de fútbol– responde con humor a las preguntas de los visitantes y los invita a la exposición.

El gran proyecto

A diferencia de otras entidades, el Ministerio de Educación no tiene varios, sino un solo y ambicioso proyecto. Se trata de Historia hoy: aprendiendo con el Bicentenario de la Independencia, un programa realizado en varias etapas que ofrece a profesores y alumnos herramientas para la investigación histórica. La propuesta es que los niños construyan la historia a partir de sus inquietudes: el pasado no se encuentra únicamente en los textos escolares sino, además, en los cuentos de los abuelos o entre los documentos de una notaría. En la primera etapa, al menos 16.000 estudiantes enviaron sus preguntas sobre la Independencia al portal Colombia Aprende. De allí salió la cartilla 200 años, 200 preguntas. En la segunda, los niños contestaron las preguntas y en la tercera se socializará lo aprendido. El proceso viene acompañado de la Colección Bicentenario, un paquete educativo con 13 libros, dos cartillas, seis DVD, afiches y un atlas histórico que se ha enviado a 14.000 instituciones educativas, universidades, Secretarías de Educación y bibliotecas. El kit funciona como una herramienta pedagógica y el proyecto es realmente revolucionario: la historia construida y no impuesta.

¿Hay o no ejército?

Aunque falta definir el cronograma, la Alcaldía de Bogotá planea intervenciones urbanas, encuentros de pensadores, exposiciones y la famosa réplica del ejército libertador. La Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte se hizo cargo de la apertura de la urna centenaria y del cierre de la urna bicentenaria que se instalará en la Casa de la Independencia. El Instituto Distrital de Patrimonio Cultural está al frente de varias restauraciones, de la peatonalización de la calle 11 y de la construcción del Parque Bicentenario –un proyecto de gigantescas dimensiones– cuyas obras, bajo la dirección del arquitecto Jean Carlo Massanti y los diseños de Rogelio Salmona, empezarán el próximo año.

La celebración parece inago-?table. Está el proyecto de turismo cultural Rutas de la Independencia, en el que se han invertido unos 2.000 millones de pesos; el Banco de Partituras del Bicentenario, la Biblioteca de Literatura Afrocolombiana y la Biblioteca de los Pueblos Indígenas que saldrán en julio; la obra de teatro Bolívar, una coproducción del Ministerio de Cultura y el teatro Malandro de Ginebra, bajo la dirección de Omar Porras y el guión de William Ospina. Acaba de salir al aire Televisión de las independencias, una serie documental de 24 capítulos que será transmitida por el canal Caracol en el dudoso horario de los sábados a las 11 de la noche. Y desde hace unos meses, las emisoras comunitarias trasmiten Independencias al aire, crónicas y dramatizados cortos sobre lo que pasó en 1810.

¿El Bicentenario colombiano es el más completo de América Latina? ¿Es aburrido? ¿Se pudo haber hecho algo mejor? ¿Hay proyectos de más? ¿Al final, habrá una verdadera reflexión histórica? Aún no hay respuesta. Lo que sí es indiscutible es que una buena parte de los proyectos va por buen camino y que muchos trascenderán la inmediatez del 20 de julio. Por más burocrático que parezca, por más que en algunos municipios no haya planificación, por más que rotulen como Bicentenario a cuanto Congreso aparezca, no se puede negar su carácter incluyente y plural. Cada quien decide si quiere participar o no. Al menos, hay espacio para todos.

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