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Los matices de Vargas Llosa

“…Matices, en fin, solo pequeños matices, pero estamos de acuerdo en lo fundamental”.

2010/03/16

Por Revista Arcadia

Mario Vargas Llosa fue la gran estrella mediática del pasado Hay Festival de Literatura. Y no lo fue, desafortunadamente, por su condición de escritor sino por la de activista político. La mayoría de las entrevistas que concedió a los medios de comunicación giraron en torno a la política y no a la literatura, en las que se pronunció en contra de la reelección de Álvaro Uribe, y criticó duramente la izquierda latinoamericana. No solo la de Hugo Chávez, que es tan fácil de criticar, sino la de Lula da Silva, el presidente más popular y exitoso del siglo xxi latinoamericano. En la entrevista que le hizo María Isabel Rueda para El Tiempo, Vargas Llosa contó que había conocido a Lula antes de que fuera presidente y que en aquel entonces “su visión de la historia y de la sociedad era absolutamente primaria y si hubiera intentado ponerla en práctica desde el poder, habría arruinado al Brasil”. Lo que para él salvó a Brasil fue que Lula se dio cuenta de sus errores a tiempo y puso en práctica las sanas políticas fiscales que pertenecen, para él, exclusivamente al ideario político de la derecha.

Así mismo, Vargas Llosa contó, durante la gran entrevista que le hizo Héctor Abad para el público del festival, que había apoyado abiertamente a su gran amigo de toda la vida Sebastián Piñera, candidato de la derecha y ganador en las elecciones presidenciales chilenas. Le quedaba prácticamente imposible criticar a Michelle Bachelet, bajo cuya presidencia de izquierda Chile arrojó cifras extraordinarias de reducción de pobreza e inclusión social, crecimiento de la economía y buen ejercicio fiscal. Sus motivos para apoyar a Piñera, dijo, tenían que ver con la necesidad del cambio que requiere toda democracia.

Hasta aquí, todo bien. Tiene razón cuando dice que toda democracia necesita oxigenarse. Pero las razones para apoyar tan abiertamente a Piñera –Vargas Llosa incluso estuvo en un mitin político suyo– necesitan una explicación más convincente por parte de un intelectual de la talla e influencia de Vargas Llosa que la del mero cambio porque sí.

Como la economía de Chile va bien, podría pensarse que su apuesta por Piñera está fundada en los valores que defiende del ideario de la derecha. Pero, oh, sorpresa, esto le dijo el escritor peruano a Abad en su charla en Cartagena: “Claro que Piñera y yo tenemos algunas diferencias: Él es católico, yo soy ateo. Él está en contra del aborto, yo estoy a favor del aborto. Él está en contra de la eutanasia, yo estoy a favor de la eutanasia. Él está en contra del matrimonio gay, yo estoy a favor del matrimonio gay…” Y luego, con las palmas de las manos abiertas en gesto exculpatorio, remató: “…matices, en fin, solo pequeños matices, pero estamos de acuerdo en lo fundamental”.

La pregunta es inevitable: ¿Qué será lo fundamental para Vargas Llosa? Porque es evidente que las libertades civiles, el respeto por el otro, la idea de una sociedad abierta y tolerante, no lo son.

Lo que Vargas Llosa llama “matices” es el conjunto de valores progresistas que se han contrapuesto a lo largo de la historia de las ideas políticas a los valores de la ideología conservadora. Y lo que para Vargas Llosa es lo fundamental, queda muy bien explicado en su entrevista al diario inglés The Independent, en la que aseguró que “Piñera es un hombre moderno. Es un empresario que ha tenido mucho éxito como empresario porque ha sabido aprovechar la modernidad con las infinitas posibilidades que ha abierto a la cultura, a la sociedad, a la empresa”.

Es claro: lo que seduce a Vargas Llosa es la vocación empresarial. El que Piñera haya carecido por completo a lo largo de su exitosa carrera de la vocación de servicio público no parece ser un indicador importante. La vocación de hacer dinero, por supuesto, es sana en toda democracia, pero es no solo errado sino peligroso creer que el éxito empresarial otorga de facto credenciales políticas. Y bueno, no está de más recordar que Piñera se hizo millonario precisamente bajo ese gobierno de izquierdas que culminó en la presidencia de Michelle Bachelet.

En su columna del diario El País, Vargas Llosa se pronunció a favor del matrimonio homosexual y lanzó un suave tirón de orejas al Partido Popular por apoyar una manifestación en contra del matrimonio gay. Pero lo que en España sí le parece importante, no parece para él tener aquí la misma relevancia. Aquí, ese debate le parece tan insignificante que lo minimiza con desdén condescendiente llamándolo un mero “matiz”. Como si la importancia de las libertades civiles fuera pertinente en Europa y aquí, en nuestras repúblicas tropicales, la escala de valores pudiera invertirse.

Mucha tinta ha corrido en las dos últimas décadas sobre la crisis moral e ideológica de la izquierda. Qué curioso que cuando la izquierda hace las cosas bien, la derecha se vea a gatas, y se confunda y se contradiga tanto, a la hora de defender sus valores.

“¿Hay un progresista universal?”, fue la pregunta que le hizo un diario español al teórico norteamericano de la izquierda George Lakoff hace un par de años. Esta fue su respuesta: “Los progresistas son gente que basa su moralidad en la empatía, en ser responsable de sí mismo y de otros; y en pensar que los gobiernos deberían cuidar al pueblo, protegerlo y delegarle el poder”.

Vargas Llosa no parece ser un progresista universal. Y tristemente, queda la impresión de que parece vestirse de ideas progresistas dependiendo de la fiesta a la que acuda. Es hora de recordar que los valores que él llama “matices” son los valores que deberían definir nuestra postura ideológica y, por supuesto y en consecuencia, nuestro voto.

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