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Contra el regreso del punk

¿Qué pasó entre los New York Dolls, que hace cuarenta años se vestían de travestis, y la sumisa alegría de los disfrazados en la gala del Met?

Diatriba

¡Qué felicidad: el punk ha vuelto! Lo vemos en el Museo Metropolitano de Nueva York y lo vemos en las camisas con taches que de un tiempo para acá a todos nos gusta usar. Pero eso, no hace falta pensarlo mucho, no es más que una gran ridiculez.

Por: Lina Vargas, Bogotá

Publicado el: 2013-05-17

No se trata de caer en el lugar común –y qué rápido se construye un lugar común en estos días– de decir que las celebridades que asistieron hace un par de semanas a la gala del Museo Metropolitano de Nueva York, a propósito de la apertura de la exposición Punk: Chaos to Couture, no tenían la menor idea de qué es el punk. Porque, cuando uno mira las fotos de la alfombra roja, se da cuenta de que muchas sí parecían saberlo. La ligera malla negra que apenas cubría el comienzo de las piernas de Madonna, la sofisticada semicresta de Anne Hathaway, las botas escocesas de terciopelo de Sarah Jessica Parker, el rojo vampiresco de los labios de Katty Perry, las maxihombreras de Rooney Mara y la minicartera con taches de Sienna Miller son indiscutibles referencias punk. Tampoco se trata de llamar a la moda frívola porque hace mucho tiempo aprendimos que la manera de decorar el cuerpo –así como la industria que se mueve en torno a ello– habla tanto sobre la condición humana como cualquier otra forma de arte. Se trata, entonces, de que una de las manifestaciones culturales más auténticas del siglo XX y quizás la única que fue capaz de mandar todo al demonio, sea reducida a mallas, botas y hombreras. Y con eso, condenada a muerte.

Volvamos al nombre de la exposición: Punk: Chaos to Couture. ¿Qué pasó entre el caos y la alta costura? ¿Qué entre las palizas que la policía propinaba a los punks londinenses durante los años setenta y la cantante pop Miley Cirus con su bellísimo vestido Marc Jacobs y su crestica de salón de belleza? ¿Qué entre las chaquetas con taches que venden como arroz las grandes tiendas que gritan a los cuatro vientos que el punk ha vuelto y los punkeros de Medellín que compraban ropa de segunda en la central de abastos? ¿Qué entre unos tipos como los New York Dolls, que hace cuarenta años se vestían de travestis para hacerse notar en el escenario, y la sumisa alegría de los disfrazados en la gala del Met?

Nicki Minaj, Madonna y Miley Cyrus en la gala del MET, en Nueva York.


Lo que pasó fue esto. A finales de los años sesenta en Estados Unidos el panorama del rock estaba dominado por una subcultura hippie con sede en California que dejaba poco espacio para cualquier propuesta que desentonara con sus ideales estéticos. Lo que hasta entonces había sido transgresor se estaba volviendo repetitivo: las canciones hablaban de lunas y unicornios y las bandas habían perdido la chispa heredada de la música negra del primer rock and roll. Y como resultado de ese constante pendular de acción y reacción que ha marcado la historia de las manifestaciones culturales, una contracultura hippie, a la que le importaba un comino la armonía cósmica, empezó a surgir en la Costa Este. Eran bandas como The Velvet Underground, The Stooges y MC5 que hablaban abiertamente de sadomasoquismo, prostitución, heroína y del lado oscuro de la vida que tanto quisieron negar los hippies, y cuyos integrantes se movían en los bajos y desamparados mundos de unas Nueva York y Detroit sin ideales. Algunos de ellos tenían intereses intelectuales: la cantante y artista Patti Smith leía a Rimbaud y Lou Reed era frecuente visitante de la factoría de Andy Warhol y lector de los escritores de la generación Beat. Casi todos encontraron su lugar en el CBGB, un bar diminuto que apestaba a orines, ubicado en una zona de Nueva York habitada por vagabundos. Por allí pasaron personajes como Johnny?Thunders, guitarrista de los New York Dolls, el poeta y músico Richard Hell y la líder del grupo Blondie, Debbie Harry. Tiempo después todo esto fue conocido como protopunk –o la semilla del punk– y hay quienes dicen que otra de sus precursoras fue la banda peruana de rock Los Saicos, de 1964.