Afiche del Festival Internacional Impulsos de danza contemporánea.

Cuerpos independientes

El Festival de Danza Impulsos comienza el 28 de abril en Bogotá. ¿Por qué vale la pena ir a ver danza contemporánea? ¿Qué misterios encierra un cuerpo que busca expresarse sin palabras?

2011/05/03

Por Catalina Holguín Jaramillo

La canadiense Marie Chouinard, una de las invitadas más interesantes y sofisticadas del Festival Internacional de Danza Impulsos, dice que la danza es una “manifestación cinética del inconsciente”. O sea que el cuerpo es capaz de expresar emociones y pensamientos complejos, a veces indescifrables y a veces reveladores, más allá de las palabras y de los argumentos. Entrar en este estado de incertidumbre y descubrimiento es precisamente lo que piden todos los espectáculos de danza que se presentarán en Bogotá entre el 28 de abril y el 8 de mayo en múltiples escenarios de la ciudad.

 

En esta segunda edición del Festival, organizado por el Teatro Nacional y la compañía de danza L’Explose, los directores artísticos presentarán una selección arriesgada de grupos que juegan permanentemente con las fronteras de géneros y expresiones artísticas al mezclar performance,danza clásica, contemporánea y urbana, instalación y dramaturgia. Su intención es mostrar un variado panorama de la danza contemporánea colombiana e internacional, y a la vez abrir más espacios para una forma artística bastante reciente en nuestro país.

 

Tino Fernández, español nacido en Asturias y aterrizado en Colombia el justo día del asesinato de Galán, dirige la compañía de danza L’Explose con Juliana Reyes. Ambos, junto a Adela Donadío del Teatro Nacional, forman parte del conjunto de directores artísticos del Festival Impulsos. Aunque Fernández y Donadío coinciden en que la tarea de formar públicos para la danza contemporánea hasta ahora comienza, ellos creen que la audiencia bogotana está lo suficientemente madura para tomar el riesgo de ver algo diferente.

 

Donadío sostiene que al es-?pectador de danza se le pide una “participación activa” que involucra no solo su pensamiento, sino también sus emociones, sus percepciones y su capacidad de maravillarse. Fernández va más allá, arriesgándose a definir un arte que pareciera carecer definición: “El lenguaje de la danza es único, es una reflexión sobre el cuerpo y sobre el movimiento que nos comunica cosas diferentes y nos lleva a lugares diferentes. No se trata de solo entender. No es de solo lógica. Se trata de que el cuerpo tiene una forma de expresarse propia, ancestral, que hemos olvidado. Nos hemos olvidado de nuestro propio cuerpo”.

 

La imagen de la bailarina de botas militares, tutú, guantes de boxeo y collar de púas con la que se anuncia el Festival Impulsos por las calles y la televisión evoca el desafío artístico que plantean los grupos seleccionados. Tino Fernández afirma que con la imagen de esa bailarina, que no es enteramente femenina y clásica, quieren hacer un llamado directo al público: “Queremos ser frenteros y decirle a los bogotanos que esta ciudad es contemporánea, es una ciudad luchadora. Lo que pasa en el mundo también pasa en Bogotá”.

 

La selección de espectáculos es amplia y sugestiva: hay piezas multimediales como Avatar, de los catalanes Erre que Erre; hay piezas que mezclan bailes autóctonos con expresiones contemporáneas como Arrebatos, historias comunes, historias bailadas, de los colombianos Danza Común; hay puestas en escena estilizadas y minimalistas como las piezas que presentará la canadiense Marie Chouinard y piezas que mezclan danzas urbanas, performance y parodia teatral como Plastikseele del argelino Samir Akika; y también hay adaptaciones de obras literarias como Alex in Wonderland y Proyecto Tempestad de dos compañías colombianas. La agenda artística, que incluye un total de 19 compañías de danza contemporánea que se presentarán en cinco teatros de la ciudad, se complementará con talleres, laboratorios coreográficos y conversatorios, estos últimos de entrada libre. Vale anotar que el precio de las boletas es bastante amigable.

 

Sigo sin saber mucho de danza contemporánea, y mi acercamiento ha sido gracias a los artistas con quienes hablé y a los videos de YouTube que pude ver. Hago esta aclaración porque creo que mi propio desconocimiento puede ser un factor fundamental para apreciarla. Finalmente, todos los artistas entrevistados coinciden en decir que para ver danza lo único que hay que hacer es “dejarse llevar”, olvidarse de que “toca entender”, y “entregarse” a la experiencia estética del espectáculo.

 

Pienso quizá que otra forma de ver la danza es como si fuera una gran metáfora. Me explico. En Cisne negro, la película de Darren Aronofsky con Natalie Portman, el cuerpo y sus movimientos son símbolos directos del estado mental de las protagonistas. Las metáforas visuales y coreográficas son bastantes obvias: mujer reprimida, inocente y sexualmente inmadura viste de blanco, baila rígidamente y expresa sus inseguridades mutilando su propio cuerpo. En el otro extremo tenemos a una mujer sexualmente madura y atrevida que baila sin seguir reglas y obtiene lo que quiere. Ella viste de negro. Así, sus cuerpos se convierten en una extensión de sus almas. Sospecho que algo así sucede en una pieza de danza contemporánea o clásica, con la diferencia de que en la danza el espectador es mucho más libre de entender o de no entender, de llenar los vacíos con su imaginación y de dejarse llevar por el movimiento de los cuerpos. Para citar a Alex Gumbel, director y bailarín de Alex in Wonderland: “Cuando ya no puedo explicar más con las palabras, me pongo a bailar”.

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