Catatonia

Catatonia: errancia, caos y esquizofrenia en forma de espectáculo musical

Una obra musical sobre las pasiones que circulan en el camerino de un circo popular. Último fin de semana en Casa Ensamble.

2015/05/07

Por Marco Bonilla

Un circo decadente donde la ropa y la utilería consumida por los años cuelgan de las paredes; una carpa desconchada, curtida y deslucida; una banda de payasos ominosos que tocan cumbias y tangos; un actor esquizofrénico adicto a las pastillas cuyos síndromes de abstinencia le llevan a alucinar con un payaso amanerado; un costeño que huye de la ley, dueño de una burra diestra en operaciones matemáticas; un huérfano casi esclavizado que vive a merced de los caprichos de su jefe, una mujer alcohólica y autoritaria que  nunca suelta su celular y que descarga en sus trabajadores sus delirios y recuerda sus viejos tiempos como reina del chontaduro. Todos estos elementos forman parte de Catatonia, un musical lleno de colores, risas y drogas.

El espectáculo, a cargo de la compañía La Jácara Mojiganga, se presentó desde el 7 de mayo hasta el 13 de junio en la Casa del Teatro Nacional y ahora se encuentra en Casa Ensamble hasta el 8 de noviembre. Es una comedia mordaz, escrita y dirigida por Juan Carlos Mazo, precoz director antioqueño. Un circo, pobretón  y en franco declive, es el escenario donde afloran los delirios claustrofóbicos, desesperanzados y anómicos de sus miembros, al borde del colapso y el fracaso. “Soy un fanático de los circos; cuando era niño vivía en Sabaneta – afirma el director Juan Carlos Mazo-, lugar donde clavaban sus carpas los circos pobres e itinerantes que llegaban a Medellín. Siempre me han seducido; su estética me parece fascinante, por eso decidimos ubicar la historia en un circo errante”.

Con una impresionante puesta en escena y una impecable dirección musical a cargo de Rafa García, Catatonia es la crónica de un caos ambulante, de una itinerancia incierta que culmina en desastre. Su estética queer y decadente se presta para un espectáculo que asegura risas y lágrimas, la dicotomía inescapable de una dramedia hecha musical.

En la producción hay un interés por rescatar la tradición del teatro musical pero con un acento latinoamericano. “Al analizar posibles temáticas, me di cuenta que el horizonte ineludible era la violencia –explica el director- por eso en Catatonia hay ecos del teatro de la crueldad de Antonin Artaud y del teatro gestual donde el lenguaje corporal resalta como elemento primordial en el escenario”.

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