Lois Hozlman y Dan Friedman en la Conferencia Internacional de Cultura Ciudadana. Foto: Paulo Gutiérrez, cortesía Corpovisionarios.

"Sería hermoso que todos los bandos del conflicto hicieran teatro juntos"

El 18 y 19 de octubre se realizó en la Universidad Javeriana la ‘Conferencia Internacional de Cultura Ciudadana, la otra salida: abordando la violencia desde la cultura’. Hablamos con dos de sus ponentes.

2016/10/20

Por Sergio Rodríguez

Durante los dos días de la Conferencia Internacional de Cultura Ciudadana, los ponentes invitados plantearon cuáles pueden ser las alternativas para fortalecer la cultura ciudadana y, así mismo, entender cómo la cultura ha servido como motor de transformación social para reducir la violencia en distintas sociedades. Para Corpovisionarios, organizadores de la conferencia, la cultura debe jugar un papel importante en la construcción de país, sobre todo por la coyuntura actual.

Lois  Holzman es Doctora en Psicología del Desarrollo de la Universidad de Columbia, directora y cofundadora del East Side Institute y una de las fundadoras de la conferencia Performing the World, conferencia que reúne a profesionales, académicos, y activistas para quienes la representación teatral y las artes creativas son esenciales en la transformación personal y social; junto con su colega Fred Newman, filósofo y fundador de la terapia social, Holzman ha avanzado en las terapias sociales, una "psicología de convertirse" que incorpora el juego, el rendimiento y la filosofía práctica para inspirar el desarrollo humano a través de la creatividad del grupo.

En su libro The End of Knowing usted habla del fracaso del paradigma del conocimiento científico, ¿por qué fracasó?

Esa visión, ese paradigma trajo consigo que todo se puede conocer y que era la expresión más alta de humanidad. Ese conocimiento nos iba a ayudar a convertir al mundo en un mejor lugar. Pero lo que sucedió, por muchas razones muy complejas, es que ese paradigma del conocimiento literalmente se convirtió en una religión y de hecho la gente le ha hecho referencia y ha glorificado el conocimiento. Entonces se planteó que si teníamos conocimiento podríamos resolver cualquier problema. Claramente eso no está funcionando, porque a la gente le cuesta muchísimo reconocer que no sabe lo que está haciendo y la creencia en la verdad, el querer conocer ha generado muchísimo daño; entonces el cambio de paradigma que ha ocurrido en la física, en el sentido que las cosas son un todo y que todo afecta todo lo demás, es algo que ha permanecido a ese nivel y tampoco ha permeado mucho las ciencias sociales, y creo que eso es sumamente peligroso.

¿Cómo llega a la conclusión de que el juego, la actuación -improvisación- y la creatividad grupal son las claves para el desarrollo y la educación?

En nuestra comunidad se desarrolló un grupo de actuación improvisada y tras leer el trabajo del psicólogo soviético Vygotsky, entendí que, por ejemplo, un bebé que juega con las personas, con el lenguaje, los sonidos y que eventualmente se convierte en una persona hablante, y las personas que hacen la improvisación en el escenario ¡están haciendo lo mismo! Jugar, representar. Entonces con Fred Newman -quien fuera mi mentor y socio intelectual- dijimos: bueno y ¿qué pasa con los demás, con todos nosotros? Si los bebés y los actores pueden ser quienes son y pueden ser otras personas diferentes a quienes son, acaso no es posible que todos los demás podamos utilizar esa experiencia para nuestro crecimiento y para crear nuevas opciones de quién queremos ser en el mundo.

En una intervención suya en TED TALKS decía que el juego ayuda a configurar el ser del niño, ¿por qué el juego y la representación?

En el juego podemos constantemente convertirnos en quienes somos. No somos quienes somos ni seguimos siendo así por siempre. Tampoco somos simplemente quienes somos y luego aprendemos más cosas, nos transformamos. El juego en sí mismo es una experiencia de transformación, porque al vivir una experiencia y luego imaginar otras cosas y lo que creamos, a través de la imaginación, va a impactar la siguiente experiencia que vamos a tener. Nos estamos creando constantemente, naturalmente con otras personas que tenemos alrededor.

¿Cómo aplicar sus planteamientos, alrededor del juego, para lograr algún tipo de transformación dentro de una sociedad permeada por la violencia como lo es la colombiana?

Yo no creo que uno deba querer lo que uno no puede imaginar, entonces en la medida en la que la actuación, la representación y el juego nos ayuden a ver las cosas de forma diferente nos abre, al menos, la posibilidad de ver nuevos caminos para la paz. Así como nosotros nos encontramos inmersos en esta conferencia de dos días y la gente está intentando, probando y creando cosas muy creativas y maravillosas, sin embargo el sentimiento que me embarga es que hay tanto más que se pudiera hacer si uno simplemente permitiera que la imaginación se enloqueciera: qué tal esto, qué tal aquello, qué pasa si juntamos estos con aquellos y qué sucedería si... pero los gobiernos no piensan así, ni tampoco la mayoría de nosotros porque no tenemos un entorno que sea lo suficientemente juguetón como para hacerlo.

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Dan Friedman ha estado activo en el teatro político, experimental y basado en la comunidad desde finales de 1960. Friedman ayudó a fundar Madison, Wisconsin’s Theatre-in-the-Park y el New York City’s Theatre Collective and Workers’ Stage. Actualmente es director artístico de Castillo Theatre y su teatro juvenil.

¿Cree que el teatro ayuda a configurar la cultura ciudadana?

No creo que el teatro por sí solo lo pueda hacer. Lo más importante es la actividad de crear el teatro, porque todo esto -en nuestro caso- lo hacen voluntarios, nuestros actores, los técnicos y resto del personal que asumen una labor diferente en distintos momentos, y lo que emana de esto es que la gente aprende a construir y a liderar conjuntos, ensambles, no solo en el escenario sino también en la construcción de la institución y eso lo incorporan en el resto de sus vidas. Esa construcción ha creado un sentimiento de conexión entre sí y también la responsabilidad con ese mundo mayor. Cuando la gente trabaja creando cosas nuevas juntos, se desarrollan individualmente y entre sí y esa actividad es una forma de cultura ciudadana. Es una herramienta para construir cultura ciudadana y una manifestación de esta.

Sus obras son experimentales, de alto contenido político, trabajan mucho con la comunidad. ¿Cómo ayudan a configurar ciudadanía?

Lo importante es que la gente que trabaja en nuestro teatro, que viene a ver las obras y que nos dona dinero son muy diversas, en término de su edad, sus posturas políticas, su etnicidad y su clase social, eso es sumamente importante porque lo que hace es decir: todos tenemos algo que contribuir a una nueva ciudadanía. Es posible que yo tenga mis diferencias políticas con usted o que yo sea pobre y usted rico, y esas son las razones que llevan a muchas personas a pelear. Lo que estamos haciendo es crear un entorno en el que cada cual contribuye lo que tiene para dar, usted me hace un ofrecimiento, tal vez no me gusta, pero yo le digo: sí y además trataré de capitalizar lo que usted está contribuyendo. Eso, para mí, es construir cultura ciudadana, es crecimiento positivo.

¿Cómo se ha visto afectada la comunidad por la labor del teatro?

Cuando nosotros hablamos de ser un teatro comunitario no estamos haciendo referencia a un vecindario o a una comunidad específica ni tampoco a una comunidad étnica específica, ni profesional. Nuestra audiencia, nuestros voluntarios, literalmente provienen de toda la ciudad de Nueva York. La comunidad con la que nos relacionamos, y que creemos estar ayudando, es lo que nosotros llamamos ‘comunidad de desarrollo‘: cualquier persona que ayude a construirla a través de su participación y sus actividades forma parte de la comunidad y su participación la cambia y ayuda a que siga desarrollándose.

En una sociedad inmersa en la violencia como la colombiana, ¿el teatro cómo ayudaría a curar heridas y a cambiar ese entorno violento en el que vivimos?

No sé. Creo que lo que hemos hecho en Nueva York tiene valor para otros lugares del mundo, pero no es un modelo. Lo que creo útil es el método de traer personas de diferentes orígenes, juntarlas, reunirlas, en el caso del Castillo, para hacer teatro, pero podrían estar creando cosas muy diversas. No sé qué tan realista sea esto en la coyuntura histórica actual de Colombia, pero imagínense un teatro que logra reunir personas que han luchado en las FARC, otros en nombre del gobierno o los paramilitares y que trabajaran juntos para hacer una obra de teatro. Esto ofrecería, creo, muchísimas posibilidades hermosas. Uno siempre debe empezar con lo que tiene y eso es lo que se tiene.

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