Frankenstein

El Frankenstein de Danny Boyle

El 16 y 19 de julio llegará a la pantalla grande el montaje del clásico literario ‘Frankenstein’ a manos del ganador del Óscar Danny Boyle. Con la actuación de Benedict Cumberbatch y Jonny Lee Miller, la obra es un homenaje exhilarante y emotivo que propone una nueva lectura sobre cómo transmitir la monstruosidad.

2015/07/15

Por María Camila Pérez B.

Después de las dos funciones de Medea y Un tranvía llamado deseo, el National Theatre Live regresa a Cine Colombia con un montaje de Frankenstein, inspirado en la novela gótica de Mary Shelley, y dirigido por Danny Boyle, quien en 2009 obtuvo el Óscar a Mejor director por Slumdog Millionaire.

Protagonizada por Benedict Cumberbatch (Sherlock) y Jonny Lee Miller (Trainspotting), la obra cuenta la historia del doctor Víctor Frankenstein, un joven suizo obsesionado con la creación de vida a partir de la galvanización de materia inerte. Durante sus experimentos, el científico construye, utilizando partes de cadáveres, un cuerpo que reanima durante una tormenta eléctrica. La adaptación de Boyle permanece con la criatura después de que Frankenstein huye aterrorizado al ver el producto de sus actos.

Presentada en vivo por primera vez en 2011, el montaje de Boyle ha sido aclamado por la crítica tanto en materia técnica como por la escogencia de sus actores. Cumberbatch y Miller, quienes curiosamente intercambian el papel de ‘criatura’ y ‘creador’ cada noche, brillan por la potencia con la que declaman sus líneas y por la profundidad que les otorgan a los personajes.

Miller, quien en esta ocasión encarnó al desdichado ‘monstruo’, se instaura como un actor magistral desde que, en los primeros minutos de la obra, irrumpe en el escenario con gruñidos, quejidos y movimientos espásticos. Según cuenta, todas esas peculiaridades las aprendió al observar a su hijo de dos años maniobrar por su casa. El papel de Miller es a la vez trágico y gracioso. Los comentarios que hace la criatura mientras aprende a hablar (gracias a las enseñanzas de un anciano ciego, el único que es realmente bondadoso con él), hacen que se escape una que otra carcajada por parte de los asistentes.

A pesar de esto, son más los momentos dramáticos que develan la pasión del actor: su actuación ahonda también en el carácter doloroso que acompaña una vida llena de rechazo social y odio. A lo largo de la obra, el personaje de Miller reitera sus deseos de tener un semejante con quien pueda compartir y, por encima de todo, de quien pueda enamorarse. El momento en el que se para de frente a la mujer que le ha construido Frankenstein es doloroso, no solo por la descripción que hace la criatura sobre lo que se siente al estar enamorado, sino porque el espectador sabe que jamás podrá tener lo que tanto desea, algo que Boyle deja claro desde el principio.  

Cumberbatch interpreta a un Víctor Frankenstein cegado por su deseo de conocimiento y poder, que ataca a la criatura cada vez que esta se le aparece. Su actuación como un doctor ensimismado y egocéntrico se siente  verídica, y contrasta perfectamente con la de personajes secundarios como el de Elizabeth, su fiel prometida, interpretada por la inglesa Naomie Harris, que encarna la dulzura necesaria para resaltar la frialdad de su prometido. A medida que avanza la producción, y a medida que Frankenstein se sume más en su locura por acabar con su creación, Cumberbatch se vuelve más expresivo, sus palabras más afiladas y su mirada más precipitada. El encuentro entre criatura y creador no solo demuestra la química entre ambos actores, pues se mueven con fluidez el uno junto al otro, sino que también plantea una pregunta inquietante: ¿quién es el verdadero monstruo de la historia?   

Es curioso que Boyle haya tomado la decisión de que sus dos actores intercalaran papeles, pero esto resulta en un mayor desarrollo emocional de sus protagonistas. A pesar de que la criatura es calificada como un “engendro” y como una “bestia” por sus rasgos físicos, al pararse frente a Frankenstein entra en juego un aspecto antes ignorado: la moralidad. Mientras la criatura ve al doctor como su creador y su razón para vivir, con una actitud de fidelidad incomparable,  Frankenstein lo considera un peligro para la sociedad y amenaza constantemente con destruirlo. Dependiendo del papel interpretado, ambos protagonistas personifican un aspecto de la monstruosidad que, en la siguiente función, alimenta desde una nueva perspectiva al otro personaje. Este cambio constante entre protagonizar a la criatura y al doctor ayuda a que Cumberbatch y Miller descubran aspectos que, de solo interpretar un papel, desconocerían.

Con una duración de dos horas, este montaje es un intento de tamaño ‘monstruoso’ por darle vida a la novela de Shelley. Un intento que, gracias a la suma de todas sus partes, se ejecuta genialmente. Con un escenario sencillo que se transforma frente a la mirada de sus espectadores; una iluminación, a cargo de Bruno Poet, compuesta por un grupo de bombillos que cuelgan del techo y que se encienden y parpadean dependiendo del ánimo de sus personajes y el tono de la escena; y la música producida por Underworld, la banda electrónica de los ochenta, el Frankenstein de Danny Boyle es más que una simple adaptación de la novela de Shelley.    

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