Rosario Jaramillo, Brunilda Zapata y Carlos Mariño le dan voz al narrador y a los personajes. Foto: cortesía Hombre Mono.

'El problema del mal' en las tablas

La obra, dirigida por Adela Donadio, está basada en el sexto capítulo de la novela 'Elizabeth Costello' de J.M. Coetzee. Invita al público a estar en medio de un debate polifónico, una aventura intelectual. Hablamos con la directora.

2016/10/15

Por Sergio Rodríguez

¿Qué le atrajo de la novela de Coetzee para adaptar este capítulo en particular?

Era una novela que no había leído de él, me interesó mucho la novela por los temas, la forma misma del texto, porque uno no sabe en qué límite está. Finalmente es ficción, pero momentos está en el límite de una conferencia o un debate académico. Me interesó el personaje, el hilo que atraviesa la novela entorno a la reflexión sobre la narración: qué es narrar, el oficio de narrar y los narradores.

Se trata de una persona mayor que fue una escritora que llegó a la fama por su cuarta novela y después de eso quedó como momificada en el pasado, pero viaja por el mundo dando conferencias. Me interesó por su edad, es una mujer ya madura que, tal vez, está cercana a la muerte o desprendida de los prejuicios y su condición vital. En este capítulo en particular (El problema del mal) fueron las preguntas que se hace ella, sobre cómo narrar el horror histórico, cómo hacer ficción o literatura testimonial de cosas que son casi innombrables por lo crueles o violentas. Las posturas éticas artísticas y sobre los límites de lo moral y ciertas teorías, un poco insinuadas, que tiene sobre el mal.

¿Cómo fue el proceso de la adaptación?

El texto original se conserva en su mayoría, lo que hicimos fue hacer cortes. La adaptación consiste más en distribuir la voz del narrador, que en la novela es único, pero aquí yo lo repartí en tres. La adaptación es una polifonía y trabajamos mucho, entre todos, en no propiamente repartir el texto a la loca y decir ‘hasta aquí digo yo‘, sino de acuerdo a las intenciones de las frases pensamos sobre qué podría sonar mejor en la voz una de las dos actrices o del actor, o cómo podrían volverlo un juego en el que uno dice media frase y otro continúa. No jugué mucho con la categoría de los personajes, aunque los hay porque una vez en escena los diálogos se convierten en personas. No quise partir de una caracterización de ella, porque no tengo una actriz que se esté acercando a los 70 años. 

¿Cómo plantearse, en la obra, esa responsabilidad del artista frente a la sociedad?

Ella nunca se pregunta eso de manera directa. El capítulo está centrado en una crítica que le hace a otro escritor, que narró un capítulo de la venganza que llevó a cabo Hitler contra los conspiradores de 1944, el mismo que se ve en la película Operación Valquiria. Ella lo que hace es decir que le parece obsceno cómo el narra, que no puede ser, que parece satánico, dice que le parece que está poseído por el demonio.

Suena un poco anacrónico

Digamos que el demonio no es propiamente el demonio sino el símbolo del mal y hay gente que está poseída por la maldad. Todo es metafórico. Ella está pensando en los grandes símbolos de la literatura y dice: ¿dónde están esos grandes diablos? ¿El diablo por qué ha sido remplazado? E insiste en esta reflexión hasta que uno entiende a ella le parece que no hay que acercarse tanto a los detalles de ciertos hechos históricos, porque eso puede generar mal más que bien. Lo que es muy discutible.

A mí me interesa cómo ella misma después dice, o el narrador dice por ella en la novela, pero usted hace lo mismo, ¿usted por qué es mejor que él? Y lo que termina siendo la respuesta es cómo hacerlo. Porque para ella, el escritor al que critica fue amarillista, morboso en la descripción. En eso se centra la discusión.

Coetzee es un escritor austero, ¿cómo se ve en la obra el estilo del escritor?

Yo soy muy respetuosa con los textos de los autores. Me parece que esta novela tiene cosas que no le conocí en otras, como el arte filosófico de preguntar y preguntarse y por qué vuelvo a ese lugar y por qué vuelvo a pensar en esto. Respeto como está escrita la novela, lo que quité es porque se repite mucho: leyendo es interesante pero ya escuchada se vuelve monótona. Le quería dar énfasis a algunas cosas. Realmente de adaptación hay una escena pequeña, muy chiquita, que la volví un diálogo que no existía y que dura medio minuto. De resto el texto se va a oír tal como el lo escribió.

¿En qué quería enfatizar?

Hay unos referentes históricos con los que ella va a comparar el horror de los nazis con el horror de los romanos, como diciendo que tal vez el horror de los nazis tal vez salió un poco más ‘barato ‘o industrial. En Roma había mucho más trabajo, los despellejaban y eso me pareció demasiado y lo quité. Me parecía innecesario. Y me interesó enfatizar cuando ella habla que ese tipo de literatura puede ser tan obscena como el hecho, o sea, es obscena la recreación del hecho. Es mejor dejar fuera de escena, a veces, los detalles. El testimonio puede ser aquí sucedió el horror y no los mataron, despellejaron y descuartizaron. Para mí el problema es preguntarse qué es el límite y hasta dónde llegar. Ella lo que también termina diciendo, así su posición sea un poco extrema en un mundo en el que las lentes de las cámaras todos los días apuntan a las caras de los muertos y los heridos. Esa frase la quise conservar, ella misma dice que es obsceno ir al detalle de la venganza si vivimos en un mundo en el que el periodismo hace eso todos los días.

*

La obra se presentará hasta el 29 de octubre en Hombre Mono, Carrera 25 # 39-74. Números de contacto: 301 329 01 98 / 310 625 06 88.

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