Daniel Álvarez Mikey.

“Hay una irresponsabilidad reiterativa en la administración del Iberoamericano”

La pelea entre la Junta Directiva del Teatro Nacional y Daniel Álvarez Mikey ha causado revuelo en los medios en los últimos días. Acá, el hijo de Fanny Mikey da a conocer su opinión sobre lo sucedido.

2016/05/18

Por Revistaarcadia.com

¿Por qué decidió salir a los medios a ventilar un asunto que para muchos debió manejarse de manera privada? Puede contarnos cuál es su percepción de lo que está pasando con la Junta del Teatro Nacional que ahora también es la del Festival Iberoamericano.

Porque percibo una irresponsabilidad reiterativa en la administración del Festival. Aun nadie tiene claridad de sus cuentas desde el 2010 hasta hoy. No existen presupuestos claros, el Festival lleva cuatro versiones con un déficit que año tras año sobrepasa la capacidad del mismo y afecta el desarrollo del sector cultural castigando injustamente a los productores, proveedores, a pequeñas empresas, a grupos teatrales nacionales e internacionales en detrimento de uno de las grandes misiones del Festival, la cuál es impulsar el desarrollo del sector.

Esto está llegando a niveles insostenibles y como ya no se puede soportar se genera una reforma estatutaria para que el Teatro Nacional responda por las cuentas del Festival. El Teatro Nacional tiene un patrimonio representado en tres salas, dos casas, una bodega, esto sin contar los equipos técnicos. Esto inmediatamente pone a peligrar el patrimonio de la Fundación Teatro Nacional, que tiene finanzas sanas gracias a mi gestión. No entiendo por qué se le entrega la administración del Teatro Nacional a quienes han manejado el Festival con unas cuentas tan cuestionables. Y esto es cada vez más peligroso cuando la Junta se cierra a menos miembros. ¿Por qué no podemos abrirnos a una junta más democrática con personas de distintas áreas de la cultura y del sector empresarial, que nos aporten diversidad de opiniones? ¿Por qué cada vez se cierran más y se discuten menos las decisiones que podrían afectar ya no solo la vida del Festival, sino también la del Teatro Nacional? ¿Por qué ocultarle una reforma tan seria a un representante legal, sea yo o cualquier otro?

Los estados de confianza están alterados, simplemente estoy pidiendo una auditoría tercerizada, petición que debo hacer ahora pública pues no soy escuchado por la Junta.

Usted ha sido apoyado por la Ministra de Cultura, por el director del Teatro Colón, por actores como Fabio Rubiano, que han asegurado que usted es el legítimo heredero ¿qué opina de esas expresiones?

Creo que cuando ellos hablan de heredero, se refieren a la persona que trata de salvaguardar los deseos de la fundadora, ella era una persona generosa que sabía escuchar a todo el mundo y se abría a propuestas consecuentes. Heredero porque además se crío y creció en las tablas y que realmente siente y se preocupa, no solo por una imagen o unos edificios sino también por el bienestar de los actores, los empleados, los técnicos, los pequeños empresarios y proveedores y un público, todos cómplices de la maravilla de hacer teatro.

Usted ha trabajado siempre en el Teatro Nacional, ¿por qué no se había alertado sobre este tema a los medios antes? ¿Cuál es para usted el manejo errado que ha cometido la Junta Directiva?

Justamente por este asunto de tratar estos temas de manera privada y porque confiaba en ellos. Esto me duele a mí más que a nadie, teníamos mucha historia juntos, lazos muy estrechos, por eso mismo fui el primer sorprendido al ver los cambios de estatutos, que traicionaba el pacto de todos de no poner en peligro el patrimonio del Teatro. Anamarta dice que hace un año están estudiando ejemplos de empresas culturales extranjeras. ¿Cuándo hicieron eso? ¿Con quién lo discutieron? ¿Quién les escribió? ¿Por qué no me invitaron si éramos de “la familia”?  ¿Por qué si afectaba al Teatro Nacional no se discutió en la Junta del Teatro? Ellos pueden aducir que falté a algunas juntas del Festival, pero a las del Teatro no. ¿Por qué faltan actas? ¿Por qué no está registrada el acta del Festival de 2012 donde se propuso sin resultados positivos la posibilidad de hipotecar los teatros?  

En su carta usted dice que se trata de “hacer una simbiosis” con los teatros y el festival para venderlos e hipotecarlos, ¿qué tan cierto es esto?

Está en la actual reforma de estatutos. Pueden leerlos, están en Cámara de Comercio ya registrados.

La Junta directiva lo ha acusado de ausentismo, ¿qué podría responder a esas críticas?

Pasamos de un modelo de dos juntas separadas que existían hasta 2012 (la del Teatro Nacional tenía 10 miembros en total, la del Festival 14 y entre ellas solo 4 miembros eran compartidos: Gustavo Vasco, William Cruz, Jaime Castro y Luis Guillermo Soto) de estas 24 personas solo quedan cinco. Sería interesante que ustedes hablaran con las personas que se retiraron y a esto sumado el Comité Directivo del Teatro encabezado por los 10 miembros escogidos por Fanny de los cuales no queda sino Anamarta, sería importante preguntarles a todos estos ex -miembros escogidos directamente por Fanny gracias a sus espíritus y talentos, los motivos por los que ya no están.

Esto hacía que yo ya no tuviera apoyo e incluso en la Junta del Festival ya no era escuchado por no compartir su filosofía, no tenía voz ni voto, me volví incómodo, por hacer preguntas. Por eso preferí abstenerme de ir en distintas ocasiones. Pero en las juntas del Teatro siempre estuve, por ser su representante legal siempre estuve ahí pues además debía presentar cuentas. Y sus cuentas están saneadas. El resultado de mi gestión presenta un Teatro con cuentas sanas y decisiones responsables, no solo para mí y para la Fundación sino para todo el sector de las artes escénicas. ¿Por qué esa necesidad de desprestigiar al que los cuestiona?

Desde un punto de vista conceptual, qué opina de la gestión de Anamarta de Pizarro al frente del Festival Iberoamericano de Teatro.

Que es una gestión con muy poca claridad. Que está poniendo en peligro la vida del Festival, su imagen internacional y el respeto por las misiones de su fundadora. Que no acepta cuestionamientos de nadie y rechaza la propuesta de una auditoría tercerizada. 

Cuál es su opinión sobre la siguiente aseveración de parte de la junta directiva: “Festivales internacionales de teatro equivalentes en prestigio al nuestro (Cervantino, Aviñón y Edimburgo) son financiados casi en su totalidad con recursos del Estado. Es necesario destacar que el modelo de gestión de Festival Iberoamericano de Teatro de Bogotá es único en el mundo y merece especial atención y cuidado por parte del Ministerio de Cultura; quien, a pesar de nuestra gestión para que el Congreso de la República lo declarara Patrimonio Cultural de la Nación, no cumplió con su obligación de convocar al Comité Financiero destinado a garantizar su conservación (L.1686/2013). Este Comité es el escenario adecuado para analizar las dificultades financieras del Festival, y no la crítica a la gestión de la Junta Directiva a través de algunos medios de comunicación. Estas vías de hecho ocasionan graves perjuicios a nuestras marcas, los cuales estamos evaluando”.

No creo que valgan las comparaciones con casos de otros países con realidades que no corresponden a la nuestra, a la colombiana. El Festival tuvo cuentas sanas durante toda la vida anterior a la gestión de la dirección actual, manejando el mismo modelo, las condiciones económicas que siempre han sido fluctuantes en nuestro país, los mismos porcentajes de ayudas gubernamentales y privadas y el compromiso e inversión del público. Incluso las ayudas gubernamentales ahora son superiores y, según ellos mismos dicen, el público y la taquilla han respondido mejor. Entonces, ¿por qué esas pérdidas tan peligrosas año tras año? Es que estamos hablando de cifras de pérdidas que se acercan a uno y 2 millones de dólares en cada versión, e incluso más, en un país donde el salario mínimo no llega a los $700 mil pesos.  Uno tiene  que ser organizado y como se dice coloquialmente “vivir con lo que gana”, no gastar más de lo que tiene y luego echarle la responsabilidad y culpa al otro.

Hay gente que dice que el ambiente tanto en el Teatro Nacional como en el Festival Iberoamericano de Teatro es tóxico desde hace muchos años, ¿podría hacer algún comentario al respecto?

Claro, porque no hay una invitación al diálogo, se perdió el espíritu colaborativo que era el sello de mi madre, donde la estructura era horizontal, donde se escuchaba al otro, se discutía y se aportaba. Donde desde el director, el dramaturgo, el actor, el técnico hasta la señora de los tintos siempre nos van a aportar y entregar ideas y percepciones maravillosas. Así debe ser, recuerdo que ella después de un estreno lo primero que hacía era preguntarles a las acomodadoras, a las señoras de taquilla, a Chacho, a los técnicos cómo les había parecido la obra, y sí, yo también creo que son los mejores medidores, los mejores críticos por su honestidad y compromiso. Y así creo que deben ser los procesos de creación en cualquier empresa que se precie de ser cultural. Pero desde hace unos años la nueva gerencia impuso una estructura piramidal, y un equipo conformado por personas de dos orígenes: los del Festival y los del Teatro, estos últimos cada vez más disminuidos en número. Todo el equipo directivo que rodeó a Fanny ya no está, solo queda Anamarta.

Para usted ¿qué ocasionó esta crisis que ha incluido a ministra de cultura, directores, actores, usted mismo y la contraparte?

Muy seguramente para el público la ocasionó que yo haya prendido las alarmas ante el peligro en el que entró un patrimonio que no puede ser de unos pocos sino de todo el país; y en la respuesta de la Junta con el despido a la persona que prende la alerta. Pero realmente su origen está en unas cuentas que no están claras y en un ambiente de poca confianza  lo que deriva en una necesidad urgente de que un organismo competente realice una auditoría tercerizada, exhaustiva y responsable.

Para terminar quisiéramos saber para usted cuál sería una solución ante la encrucijada que vive un festival que es patrimonio de todos los colombianos.

Como ya dije la necesidad de unas cuentas claras del Festival a partir de una auditoría tercerizada, de una administración más responsable, una Junta más democrática donde participen voces de distintos sectores de las artes y de un espíritu más abierto y constructivo en las decisiones de dos entidades que son de los colombianos.

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