Foto cortesía Teatro La Mama.

Dos deidades trasnochadas luchan en La Mama

‘Los tiempos del ruido’ regresa, hasta el 1 de octubre, al teatro. Una obra coral, hilarante y actual sobre el destino y el poder de Bogotá.

2016/09/28

Por Sergio Rodríguez

Una mujer, una noche cualquiera, la atropella una camioneta cualquiera en Bogotá. El chofer la toma en brazos, camina y la deja abandonada en la banca de un parque. Un celador recibe un bolso lleno de dinero para alguna triquiñuela con alguna mercancía. Lo pierde. Dos vírgenes bajan del cielo para interceder por el destino del chofer y la mujer. Con trajes grises y tenis blancos bailan los demás actores del reparto.

Entre 1983 y 1984 Eddy Rodríguez, con el grupo de actores de La Mama, creó Los tiempos del ruido. Tres décadas después Rodrigo Sánchez, que hizo parte del proceso creativo, monta de nuevo la obra insigne de La Mama. Hasta el 1 de octubre se podrá ver de martes a sábado. “Al pensar en poner nuevamente en escena Los tiempos, tenía que ver cómo la ‘contemporanizo‘. Hay una cantidad de cosas que van evolucionando. En el ‘83 los problemas eran los mismos, pero más pequeños” dice Sánchez.

El destino es uno de los ejes principales de la obra, la abrumadora fuerza que -según dicen- ejerce sobre el hombre y lo inevitable de su existencia. Personajes metafísicos se disputan el derecho a interceder, a salvar a quienes no tienen por qué ser salvados y usan a Bogotá como excusa para desatar la anarquía en el cielo y la tierra. Es una lucha entre dos deidades trasnochadas. Sánchez explica que “es la fantasía de Bogotá, uno vive en la ciudad y dice: ‘yo la conozco, yo la manejo, yo sé cómo es‘, pero no, la ciudad lo maneja a uno, le dice hasta aquí llegaste papá y ahí es. Uno cree ‘yo gasto 45 minutos de aquí allá’ y puede gastar 3 horas. Nadie tiene el poder de controlar eso. El destino te pone en un punto y ahí te deja”.

Treinta y tantos años después “ha cambiado la forma de hacer teatro, de actuar y muchos elementos nuevos se fueron incorporando, el video por ejemplo, para jugar con nuevas cosas”, dice Sánchez. “Me parece que es muy actual, que aún funciona mucha carreta. La ciudad sigue presente, la impunidad, el desamor y por eso nos metimos en esta vaca loca de montar esta obra”. Pueda que sea una vaca loca, pero es una vaca muy divertida, de frases grandilocuentes y situaciones que pese a su fuerza dramática terminan siendo cómicas y un poco disparatadas, como un grupo de superhéroes robando un bus.

“Es una obra totalmente ‘mamista’, es de La Mama, no puede ser de otro lado” le dijo a Sánchez a algún director invitado a la primera temporada del año, en mayo. Esta nueva microtemporada va hasta el sábado.

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