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Teatro en el cine: 'The Audience'

La tensión dramática entre el poder y el ser como esencia de una cultura.

2016/07/16

Por Hernán Darío Correa

“La reina (o el rey) de Inglaterra sólo puede preguntar”, reza la Constitución política del Reino Unido. Allí se resume quizá la nuez de un régimen político contemporáneo que como pocos se construye a través de transacciones, y de un sistema jurídico “consuetudinario”. Tal vez por ello en la obra-película que comentamos se condensan al mismo tiempo una especie de secreto institucional, la piedra angular del edificio dramático de esa cultura, y la arquitectura de esta magistral pieza teatral: “Si quieres saber porqué ha sobrevivido la monarquía no mi mires a mí, mira los doce primeros ministros que han venido semanalmente a hablar conmigo a lo largo de mi vida,” le dice la reina al final del drama a su alter ego, ella misma como niña que aún no ha incorporado del todo la función pública de inquirir.

El jueves 14 de julio se vio en el Cinema 3 de la Gran Estación la premier de la obra La Audiencia, que le abrió al público bogotano la intimidad de la política inglesa durante el reinado de Isabel II  a lo largo de los casi dos tercios de siglo que aquella lleva con la corona, a través del encuentro que se realiza todos los martes entre cada primer ministro y la soberana en el mismo salón del Palacio de Buckingham desde hace trescientos años.

Alguna vez pensé que la mejor síntesis de la historia inglesa y del carácter político del Reino Unido estaba en las biografías de Chaplin -su autobiografía-, de Gandhi –Louis Fisher-, y de John Lennon –Philip Norman-, en cuyas vidas desde finales del siglo XIX hasta hoy se condensan las entrañas urbanas y coloniales del Commonwealth (Londres y Liverpool, la compleja relación con la primera colonia, los Estados  Unidos de Norteamérica, o con la India y Suráfrica, donde se formó Gandhi), templadas por el talante flemático y el férreo carácter de la cultura anglosajona que legó al mundo a través del colonialismo instituciones tan regladas como el fútbol, los hipódromos, el bridge, los clubes sociales, la hora del té, los conciertos de rock, la música de los Beatles y los Rolling Stones, las sentencias de las Cortes Constitucionales, entre otras muchas cosas.

Pero esta película, que proyecta de forma magistral la maravillosa puesta en escena en Londres de la obra La Audiencia de manos de Stephen Dealdry, su director, y de Helen Mirren, quien hace de reina, nos muestra que otro ser y una entidad poblada de actores son tan esenciales como los citados respecto de la naturaleza de los ingleses: el ser, la Soberana misma como institución y al mismo tiempo como persona(je); y la entidad, el Teatro, con mayúscula, cuyas reglas se proyectan sobre los modos de la democracia y de la vida misma en una sociedad que se solaza en el Juego contenido, sea de palabras o de representaciones, de sketches o de canciones, de oraciones o de formas humorísticas, de procesos electorales o de batallas mientras se deciden los destinos  de cada uno, y de todos.

La película, tan espléndida como la obra teatral, se desdobla en el entremés y al final hacia la tras-escena: En el primero, mediante la confesión de los directores del vestuario sobre cómo se tejió la filigrana de la sobriedad escénica y de la tensión dramática en ese salón de las audiencias, donde frente al público la reina muda una y otra vez los “atavíos de una civilización” -como llamara Proust los trajes de las mujeres en las representaciones sociales-, para pasar de ser la jovencita recién coronada a la mujer adulta que pregunta sobre las relaciones entre el paternalismo colonial y las emergentes políticas  neoliberales, o la anciana plena de decoro en medio de la crisis financiera del 2007. Y  en el epílogo del filme, con un diálogo entre la actriz principal, el director de la obra y el público de la puesta en escena en Broadway, Nueva York,  sobre la construcción del personaje de la reina que Mirren hizo con base en una investigación audiovisual que si algo corrobora es la teatralidad de un siglo de cultura y política que ha dominado al mundo primero como potencia colonial, luego como eje imperialista, y siempre como matriz de formas culturales y como espectáculo.

Así, esta vez la reina y sus primeros ministros, nos revelan esas esencias en la escena o en la tras-escena, siempre como juego de la Persona que en sentido griego no es más que la máscara, como sujetos reales y al mismo tiempo ficticios de esa filosofía conocida como liberal, que recrea pero también tensiona el poder cuando se impone a través de los silencios de quien sólo pregunta desde el centro mismo del escenario…

La última proyección de la obra será el domingo 17 de julio, para más información haga clic aquí. 

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