Imágenes de algunos episodios de la tercera temporada.

Una guía de la tercera temporada de ‘Black Mirror’

Los nuevos episodios de la serie británica, estrenados en Netflix el 21 de octubre, han globalizado un programa que se basa en los temores del futuro para hacer un análisis de la actualidad. Un repaso.

2016/11/22

Por José Londoño

La serie inglesa Black Mirror busca reflejar, como un espejo, el malestar del presente en el que vivimos. Su nombre (espejo negro, en español) es un oxímoron que apela a las pantallas negras que se repiten en numerosos dispositivos: celulares, computadores, televisores y demás. Así como los espejos son las superficies reflectivas por excelencia, el color negro -según la teoría física del espectro electromagnético- es el color de los cuerpos que no reflejan pero sí absorben. Llamar a las pantallas de los celulares espejos negros parece un contrasentido. ¿Cómo puede algo absorberme y reflejarme al mismo tiempo? Tal vez con una aplicación como Snapchat, como Facebook, como Instagram.

Black Mirror -antes producida por el Channel 4 y ahora por Netflix- se dedica a indagar experiencias aterradoras que pueden derivarse de nuestra relación con las nuevas transformaciones tecnológicas. Es una serie que, inclinada hacia el futuro, diagnostica lo que ya está pasando a partir de su invención de historias y adornos tecnológicos tan atractivos en el papel como los productos Apple. No hay que negarlo: la tecnología de la serie es hermosamente miedosa. Cada capítulo es como un cuento, una historia única. Tal como propone el teórico Fredric Jameson, en Arqueologías del futuro, las narrativas y los temores del futuro sirven para iluminar el presente, para entender los desastres que le ocurren a este tiempo y para comprender las fuerzas que lo organizan. A continuación viene una interpretación corta, a la luz de la actualidad, de cada uno de los episodios de la nueva tercera temporada de la serie ideada en 2011 por el columnista de The Guardian Charlie Brooker.

1. Caída de picada

Lacie Pound (Bryce Dallas Howards) es una mujer que depende de su calificación en las redes para adquirir un préstamo y comprarse una casa. En su mundo, cada persona es un usuario calificado en las redes. Basado en la calificación que se tenga, la cual puede caer en picada en un día, se está en el privilegio o marginalidad. Uno puede tener acceso a un lugar, o a uno se le puede privar una oportunidad -como viajar en un avión- según el valor que uno alcance en el criterio de la calificación, que es totalmente público. La decisión de uno, respecto al trato de otras personas, se basa no en juicio personal sino en el resultado de los juicios de otras personas. Entre más abajo se está más se dificulta subir. La escala es de 0 a 5. Ser un 0 es prácticamente no existir: no poder participar en lo social, es estar negado y neutralizado.

Hoy cada vez somos más monitoreados en las redes y más autocensurados por el hecho de existir en las redes. Es innegable que las empresas que podrían contratarnos revisan nuestra información. Facebook, que tal vez en algún momento se consideró privado, íntimo, se convirtió una herramienta para ser juzgados y para tomar un lugar en la sociedad. Si socialmente no les somos interesantes a las empresas por nuestro lugar en las redes, puede que nos quedemos sin empleo. Los bancos, también, revisan en nuevos métodos las cuentas en las redes para ver si las personas son de confiar o no. En este sentido, lo que pasa en el mundo virtual no es virtual, sino real. Hay que preguntarse hasta qué punto este episodio nos puede dar pistas para pensar en la movilidad social. ¿Cómo puede un marginado escalar?, ¿cómo juzgamos a los de abajo y con qué parámetros? Al mismo tiempo, ¿podrá nuestra existencia pender del juicio virtual?

2. Partida

Desde tiempo atrás, se critica los medios por los que la ciencia y la tecnología consiguen sus fines y hacen sus estudios. Por este motivo es que cada vez hay leyes más fuertes que regulan los experimentos con animales y humanos. Sin embargo, con la ley del mercado y la necesidad de supervivencia (o de lo que sea), miles de personas alrededor del mundo se sacrifican en experimentos y firman contratos peligrosos. El método científico, al ser un método de prueba y error, depende de gente que participe, que se arriesgue. En la marginalidad mucha gente se sacrifica a la ciencia o a las multinacionales, que son denunciadas por ensayar discriminadamente. Algunos simplemente sufren, se arrepienten o mueren. Los afectados, muchas veces, forman parte de las poblaciones más vulnerables.

En el segundo episodio de la tercera temporada, una compañía algo ilegal pretende crear un videojuego de terror. El terror que ofrece es producto de una reapropiación de los temores que se esconden en el interior del cerebro del jugador. En este sentido, es un terror personalizado. La personalización, en la actualidad, es un medio a través del cual productos como Facebook pueden volvernos adictos de ellos. Lo que nos aparece es lo que queremos ver, según la lógica de los algoritmos y de las búsquedas. ¿Pero qué pasa cuando lo que vemos es lo que preferiríamos no ver? De eso trata este episodio, que al mismo tiempo es una reflexión sobre lo que es el mayor miedo. Según el episodio, es algo inalcanzable, algo que al tocar nos hace, en un breve instante, penetrar en la muerte.

3. Cállate y baila

Tal vez los españoles dueños de tripulaciones de barcos de oro tenían temores similares a los de las compañías que han perdido millones de dólares por la piratería. Con un poco de paranoia (o quizá no) podría decirse que hoy todo es propenso de ser infiltrado. Debido a esto es que mediáticamente se habla tanto de guerras informáticas entre China, Estados Unidos, Rusia e Irán. Antes los británicos decían que quien dominara los mares dominaría el mundo. Hoy, (uno nunca sabe) en torno al dominio del internet (si es que puede ser dominado) pueden girar muchas cosas, como por ejemplo la reputación de un gobierno, el porvenir de unas elecciones, la xenofobia, la criminalización del musulmán que no tiene nada que ver con el terrorismo.

El caso es que el tercer episodio trata sobre el poder de quienes se infiltran y de su potencial inquisidor.  A través de un virus, de una infiltración pirata, las vidas de personas que observaron pornografía infantil (entre ellas un adolescente) se juegan en un mundo en el que combates como los de los gladiadores tal vez son reales. A partir del chantaje de la piratería, del poseer el conocimiento de lo más íntimo del otro, como por ejemplo cuentas bancarias, tal vez, en circunstancias, se puede dominar y hacer añicos a alguien. También, creen unos, se puede hacer justicia. Por eso hay movimientos políticos en el internet dedicados a la piratería.

4. San Junípero

Todo tiempo se vive en compañía de otros tiempos. La actualidad  se produce con las narrativas y las historias del pasado. Estados Unidos, por ejemplo, proyectó su historia con la imagen del Imperio Romano. Actualmente hay mucha nostalgia de los años ochenta, que puede verse en series como Stranger Things. Esto quizá se debe a que esa fue una etapa en la que las fiestas se fundamentaron, en la que el internet aún no se había expandido masivamente y en la que movimientos sociales como los feministas, como los queer y como el punk dieron grandes pasos. Los ochenta fueron tiempos paradójicos. Al mismo tiempo, los gobiernos se volvieron más austeros, las fábricas cerraron y muchas personas, de origen obrero, el destino les dijo: no hay futuro.

El cuarto episodio trata sobre el amor de dos mujeres en un pueblo ficticio estancado en 1987. ¿Cómo va a ser una historia en el pasado una historia del futuro? Por medio de un dispositivo, personas con enfermedades terminales son desconectadas de sus vidas y enviadas a un viaje en el tiempo en el que se sientan mejores y más jóvenes. En la novela de David Foster Wallace Broma infinita, existe una película tan entretenida que causa que inevitablemente uno no deje de verla, y que entonces se muera. Este episodio indaga, tal vez, como el lugar de nuestra existencia puede terminar deslocalizado totalmente debido al modo como seamos conectados a través de un dispositivo. Hay grandes películas sobre el humano deslocalizado y ambientado en otro lugar. Ejemplos: ExistenZ y Matrix. Por otro lado, una nueva serie de televisión tiene también este componente: Westworld.  

5. El hombre contra el fuego

El quinto episodio de la tercera temporada de Black Mirror muestra un ejército que tiene distorsionada la percepción del otro, del objetivo (que se ve como un monstruo) debido a que sus cerebros, como computadores, fueron programados para obedecer órdenes con mayor facilidad, y para reducir a los objetivos en bestias. Los otros, los enemigos, los monstruos, son personas con un ADN considerado débil por el orden militar del episodio. El argumento narrativo gira alrededor de un soldado al que el dispositivo, que identificaba a los otros como amenazantes, le deja de funcionar. La cuestión es simple: del sistema cultural que formemos parte se coordinan nuestros odios, nuestros temores. Al mismo tiempo, de su deconstrucción, de su inoperancia o reformación, puede variar la manera como nos relacionamos unos con otros.

El episodio se basa en un temor típico de la ciencia ficción, que es el del imperio desgarrador de una dictadura genética en la que los “mejores” no puedan vivir con los “peores”. Hace esto quizá pensar en el hecho de un país que no pueda coexistir con sus inmigrantes, que no son ciudadanos sino amenazas en los planes de desarrollo; o de un continente, Europa, lleno de refugiados que refugia en especies de campos de concentración. Al mismo tiempo, sirve para pensar en cómo sabe un ejército quién es su enemigo.

6. Odio nacional

Este año, entre los liberales demócratas, se muestra como el año en el que se cree y ratifica, a punta de prueba y error, que el sistema del sufragio electoral no es el sistema que construye el mejor mundo. Hubo varias victorias de la derecha y derrotas del sueño liberal: el No en el Plebiscito, el Brexit en Inglaterra y la victoria de Donald Trump en Estados Unidos. “Odio nacional” muestra los desastres que por votaciones pueden cometerse. La gente vota para que maten a alguien en el episodio y los medios sirven como mecanismos para castigar y cumplir los caprichos asesinos de los ciudadanos que cargan un odio que se transforma en la muerte de otro ser humano.

El último voto, después de una tanda de elecciones, es por la muerte del Primer Ministro. Lo que posiblemente termina pasando (pues nunca se comprueba) es que el Primer Ministro de Inglaterra, y cualquier otra persona que votó para matar a alguien, termina siendo asesinado. Las armas que hacen cumplir los votos son unas abejas hackeadas que reemplazan a las extintas abejas en la polinización de las plantas de Inglaterra.

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