RevistaArcadia.com

De Al Capone a Pablo Escobar

El 28 de agosto se estrena ‘Narcos’, la más reciente producción de Netflix, que cuenta la historia de Pablo Escobar y el Cartel de Medellín. Mientras que en su momento la mafia italiana fue protagonista, cada vez más producciones internacionales han mirado hacia el caso colombiano. ¿A qué se debe este fenómeno?

2015/08/27

Por Maria Camila Pérez B.

En 1972, el cineasta estadounidense Francis Ford Coppola cambió la historia del cine con El padrino, su adaptación de la novela del  escritor italo-americano Mario Puzo. Protagonizada por Marlon Brando y Al Pacino, la película cuenta la historia de la familia Corleone, una organización mafiosa italiana instalada en Nueva York, presidida por Vito Corleone (Brando). Coppola dirigiría, en 1974 y 1990, dos secuelas que convertirían la saga de El padrino en uno de los retratos más fieles de los grupos de crimen organizado que dominaban las calles de Nueva York.

En 1990 Martin Scorsese pondría su cuota al tema de la mafia con Buenos muchachos o Goodfellas; protagonizada por Robert de Niro, Joe Pesci y Ray Liotta. La película cuenta la historia de Henry Hill (Liotta), un joven criminal que se involucra con el mundo de la mafia y cae en la desgracia. Considerada un hito en la carrera de Scorsese, el crítico de cine Robert Ebert se refirió a ella como “la mejor película sobre la mafia de todos los tiempos”. Después del triunfo de Goodfellas, y después de haber dirigido Calles peligrosas en 1973, Scorsese presentaría dos otras historias relacionadas con el tema: Casino (1995) y Los infiltrados (2006), un retrato de la mafia irlandesa en Boston.

Para muchos, el imaginario del mafioso se construyó a partir de las imágenes que veían en la gran pantalla. La historia de personas como Al Capone, personificado por de Niro en la película Los intocables (1987), de Brian De Palma, cautivaron a audiencias por la crudeza con la representaban a este misterioso, violento y complejo grupo de hombres.


Marlon Brando como Vito Corleone en El Padrino (1972).

En 2007, David Cronenberg exploró, también, el mundo de la mafia rusa en Promesas del Este. Esta representación explícita de los gánsteres le valdría tres nominaciones al Globo de Oro en 2008 en las categorías de Mejor película, Mejor actor principal y Mejor banda sonora. La película de Cronenberg ahondaría en un tema con el que, ocho años atrás, Troy Duffy experimentaría en la película de culto The Boondock Saints (1999).

Por su lado Scarface, en 1983, fue una de las primeras películas en las que el narcotraficante hispano y el universo de las drogas serían protagonistas. De ahí en adelante, films como Carlito’s Way (1993) de De Palma y Blow (2001) de Ted Demme, la primera en presentar a Pablo Escobar como personaje, posicionarían a estos sujetos dentro del imaginario cinematográfico como hombres violentos y cada vez más poderosos. Con el nacimiento de esta nueva figura del gánster latinoamericano, el ojo del cine internacional se fijó en la realidad colombiana, afligida por una historia de violencia y drogas desde los primeros años de la década del 70.

En el 2000, la novela de Fernando Vallejo fue adaptada al cine por el iraní Barbet Schroeder. La virgen de los sicarios cuenta la historia de Fernando, un escritor que regresa a su ciudad natal, Medellín, después de varios años de permanecer por fuera. Tras su llegada, el autor se encuentra con una ciudad irreconocible y plagada de violencia debido a la guerra que se lidia con los carteles de droga. Esta producción colombo-francesa generó gran polémica en Colombia, en especial con la sociedad paisa, que pidió sabotear la cinta pues presentaba una visión errónea de los ciudadanos. Cuatro años más tarde, el estadounidense Joshua Marston irrumpiría en la escena con María llena eres de gracia (2004), una historia sobre una joven colombiana que se convierte en mula para suplir las necesidades económicas de su familia. La película, aclamada por la crítica a nivel internacional, compitió por un Óscar a Mejor actriz y obtuvo el Oso de plata en el festival de Berlín en la misma categoría.

Desde entonces, cada vez más producciones se han preocupado por relatar el conflicto colombiano causado por la droga, y personajes como Pablo Escobar se han convertido en la nueva figura a retratar. Entre 2008 y 2014, los televidentes colombianos sintonizaron con tres producciones nacionales que, a partir de la ficción y la realidad, presentaban una imagen dura del país y del conflicto interno. El cartel de los sapos (2008), El capo (2009-2010) y Escobar, el patrón del mal (2012-2014) son tan solo algunas de las telenovelas nacionales que intentaron presentar a una mafia colombiana sedienta de atención que obraba con una violencia tan estrepitosa que hasta los medios ajenos a Colombia sentían la necesidad de retratarla.

A principios de este año se estrenó en el país Escobar: paraíso perdido (2014), dirigida por Andrea di Stefano, y protagonizada por Benicio del Toro y Josh Hutcherson. La película retoma la figura de Escobar, pero esta vez la inscribe en un contexto distinto. Mientras que proyectos anteriores se habían enfocado en retratar a este capo, la cinta de di Stefano se enfoca en la figura del extranjero ingenuo que se adentra en el mundo de la droga por pura equivocación.

(Lea también: Reseña sobre Escobar: paraíso perdido)

Por su lado, la nueva producción de Netflix, Narcos (2015), de Jose Padilha, también presenta la historia desde el punto de vista de un extranjero; esta vez, narrada por el agente de la DEA Steve Murphy (Boyd Holbrook), el encargado de destronar a Pablo Escobar (Wagner Moura) y acabar con el régimen de terror que azota al país. Este paso de retratar a la mafia italiana para enfocarse en la colombiana no es gratuito, pues ambas se relacionan con un tema que, según el periodista y crítico de cine Pedro Adrián Zuluaga, no pasa de moda. “Es básicamente el mismo tema, pero desarrollado en lugares distintos”, afirma Zuluaga. “Usted lave el dinero ¿Eso no fue lo que hizo Al Capone?”, pregunta Moura con tanto facilismo que es imposible no reírse.


Wagner Moura interpreta a Pablo Escobar / Imagen: Netflix.

Esta nueva serie, rodada en distintas ciudades de Colombia, y con un equipo de producción que cuenta con la participación de colombianos como Andi Baiz, quien dirigió cuatro capítulos, y Juan Pablo Raba, quien interpreta a Gustavo Gaviria, el primo de Escobar, promete mucho. Las imágenes de Medellín y Bogotá, entre otras, cautivan al espectador rápidamente y la escenografía es igual de sorprendente, pues la ropa, los carros, los aviones y la música ambientan la escena. Además, como las anteriores producciones de Netflix, Narcos no aburre. El primer episodio está cargado de acción, la historia avanza rápidamente y es de esperarse que los siguientes nueve capítulos escalen de forma trepidante hasta culminar con la esperada muerte de Escobar el 2 de diciembre de 1993. En general, esta narración desde el punto de vista estadounidense es un cambio refrescante que alivia un poco la pesadez de retratar, una vez más, la polémica vida de ‘El Patrón’, tema que ha causado gran debate en Colombia y que, seguramente, generará aún más comentarios de ese tipo después del estreno de Narcos.

A primera vista, el detalle más problemático de la serie es el español de sus personajes. Mientras que para un espectador sin experiencia estos acentos parecen iguales, es evidente que para un colombiano hay una gran diferencia entre el acento de Bogotá, el de Medellín y el de Cali, para mencionar unos pocos. Aunque la mayoría de los actores son de descendencia hispana, el gran declive es la forma de hablar de Escobar: un paisa raso interpretado por un brasilero. Aunque en cuanto a manierismos Moura interpreta a este despiadado personaje de forma magistral, pues logra ser intimidante y carismático a la misma vez, su acento es difícil de asimilar y en ocasiones difícil de entender. No obstante, su mirada fría y calculadora es suficiente para que cualquiera entienda que no es un hombre de juegos o trivialidades. “Plata o plomo…” amenaza Escobar en un enfrentamiento con la policía en los primeros momentos de la serie, transformando a este personaje tan atado a la historia colombiana en lo que un crítico ha llamado “el Tony Soprano suramericano”.



Cabe resaltar que Narcos es una producción que se hace con el apoyo de la Ley 1556 de 2012, también conocida como la ‘Ley de Filmación Colombia’, cuyo objetivo es posicionar al país como un escenario viable para el rodaje de películas internacionales, generando así nuevas opciones de empleo, de conocimiento, de infraestructura y, a la vez, fomentando la industria del cine y el turismo nacional. “Hay un contexto bastante favorable en términos industriales para que Colombia sea locación, como ocurre con Narcos o con la película que vino a rodar Tom Cruise, entre otras”, dice Zuluaga.

(Lea también:
Colombiawood: grandes producciones se están filmando en el país)

El interés por utilizar a Colombia como escenario va de la mano por cierto nivel de morbo por enfocar la historia colombiana desde el unívoco punto de vista de las drogas, la violencia, el dinero y una realidad política cuestionada por el ingreso de dineros de la mafia a ciertas campañas. “Creo que esa mafia colombiana de los años ochenta y noventa fue muy visible mediáticamente porque tenían acciones muy escandalosas. El narcoterrorismo de esa época, porque hoy en día es distinto, tenía un horizonte de lucha política. Creo que eso la hace y la hizo una mafia muy visible, con una mitología y personajes muy públicos”, dice Zuluaga “lo que más llama la atención es una mafia que no es opaca, sino que actúa de frente y es mucho más escandalosa al respecto”. Una tercera razón, según cuenta, para el interés en lo colombiano, tiene que ver con el tiempo que ha pasado desde el final del régimen de Escobar. “Ya hay una distancia suficiente y los rumores e investigaciones periodísticas y literarias se han logrado consolidar. Ahora se puede hablar con más seguridad y con muchos más elementos al respecto”.   

Este contenido hace parte de la edición impresa. Para leerlo, debe iniciar sesión:

Revista Arcadia anuncia a sus lectores que nuestra versión impresa comenzará a pedirles que se registren en nuestra página web.

Queremos conocerlo un poco,
cuéntenos acerca de usted:

Maria,

Gracias por registrarse en ARCADIA Para finalizar el proceso, por favor valide su correo a través del enlace que enviamos a:

correo@123.com

Maria,

su cuenta aun no ha sido activada para poder leer el contenido de la edición impresa. Por favor valide su correo a través del enlace que enviamos a:

correo@123.com