Hollman Morris, gerente de Canal Capital.

¿Tendrá por fin canal la capital?

Tras quince años al aire Canal Capital ha traído más penas que glorias a los bogotanos. Con la llegada de Hollman Morris a la gerencia y el lanzamiento de la nueva programación en agosto, ¿cambiará en algo el canal público de la capital?

2012/07/19

Por Lina Vargas.

Desde su primera emisión, el tres de noviembre de 1997, Canal Capital no ha transmitido ningún programa que haya quedado en la memoria de sus televidentes. Mientras los colombianos se han volcado a ver telenovelas, seriados y realities en los canales privados —hoy más de uno podría contar la trama de Betty la fea o, sin ir más lejos, de Escobar, el patrón del mal— y en ocasiones, canales públicos como Señal Colombia consiguen llamar la atención con propuestas innovadoras, Canal Capital ha sido, en sus quince años, una espacio vacío por el que han pasado el artista Bob Ross, cuyo programa El placer de pintar salió del aire en Estados Unidos hace diecisiete años, refritos de telenovelas nacionales y musicales indios del primer Bollywood. Y así como los bogotanos se acostumbraron a su infame sistema de movilidad, lo hicieron con su canal público de televisión.

Entonces, el pasado 19 de abril, Canal Capital transmitió el concierto de Paul McCartney y esa noche fue, por primera vez, el más visto en Colombia después de Caracol y Rcn. Unos meses antes, el 24 de febrero, el periodista Hollman Morris había asumido la gerencia. Lo que sucedió después del concierto es conocido: se generó un debate mediático en torno a los gastos: novecientos millones de pesos entre lo que se pagó por los derechos y la transmisión. Si a esto se restan los setecientos treinta millones de ingresos por publicidad, el monto que puso Canal Capital fue de ciento setenta millones. La Contraloría Distrital estableció que la gestión había sido “eficiente, económica y eficaz”. Y el torbellino se calmó.

Pero, más allá del incidente, la transmisión de McCartney hizo que Canal Capital estuviera, como nunca antes, en boca de los bogotanos. Algo similar, aunque con menor impacto, ocurrió el 3 de abril durante el lanzamiento de la nueva imagen del canal, en un concierto gratuito de Manu Chao en la Plaza de Bolívar.

Detrás de estos dos eventos ha estado Morris, un periodista con una trayectoria sólida en televisión —su programa Contravía mostró, como pocos en Colombia, el conflicto desde la perspectiva de las víctimas— quien, al tiempo que fue acusado de “amigo del terrorismo” durante el gobierno Uribe, también ha recibido críticas por parte de interlocutores más moderados que el expresidente, por su aparente “gusto por el protagonismo”. “Hollman Morris tiene un modelo de televisión sin rating pero con impacto —dice el analista de televisión Omar Rincón—. Es interesante que llegue porque podría traer un modelo de televisión distinto”. “Hollman Morris llegó al canal diciendo que la televisión no era solamente la señal al aire, sino la Web, las redes sociales y el streaming”, dice Bibiana Rosero, directora de producción de Canal Capital. Al parecer, Morris ha generado un buen ambiente de trabajo. Es un jefe respetuoso y ha intentado mejorar la situación laboral de los empleados del canal que en su mayoría tienen contratos temporales.

Lo que viene y lo que se fue

Si uno ve Canal Capital —está en treinta y tres operadores de cable en el país, en Telmex y en Directv donde comparte espacio con el canal de fútbol— o revisa su increíblemente reciente cuenta de Twitter —hasta el año pasado nadie allí había pensado en abrir una— se dará cuenta de que el nuevo lema del canal es “Televisión más humana”, algo que va muy en sintonía con la administración del alcalde Petro. Según Morris, esto se traduce en la promoción de los derechos humanos y la búsqueda de una cultura de paz. Desde su oficina, en el quinto piso de un edificio con vista a los cerros y a la avenida El Dorado en el que funciona Canal Capital, Morris vuelve a un discurso que conoce muy bien: “Somos el segundo drama humanitario más grande del mundo, cincuenta mil desaparecidos y cuatro millones de desplazados. Por eso queremos ser un canal que da voz a las víctimas y que construye la historia del país desde las víctimas y no desde los victimarios”.

La parilla de programación —que será lanzada en agosto, aunque algunos programas ya están al aire— tiene tres líneas: la memoria, el análisis y la inclusión. La bandera de la franja de memoria ha sido el programa Las víctimas de Pablo Escobar, una serie documental realizada en el Centro Ático de la Universidad Javeriana, que Morris propuso apenas entró. “Entonces nadie sabía que Caracol iba a sacar la serie”, recuerda Rosero. Sin duda, es un alivio para los televidentes de Canal Capital, acostumbrados a ver documentales enlatados y desactualizados, que en el capítulo del asesinato de Guillermo Cano se hable de la inmunidad parlamentaria de entonces y se relacione con la fallida reforma a la justicia de ahora.

En la segunda línea, de análisis, están los programas La Controversia, Las Claves, ¿Cómo va la paz? y HashTag Internacional, emitidos de lunes a jueves a las ocho y treinta de la noche, a los que se sumarán uno sobre Bogotá y otro sobre medioambiente. Un acierto de la franja es contar con un equipo de periodistas serio y profesional del que hacen parte León Valencia, María Elvira Samper, Antonio Caballero, Javier Ciurlizza y Laura Gil, así como delimitar los temas: “La Controversia trata un hecho político de la coyuntura nacional y lo debate a partir de opiniones contrarias, más que con analistas, con los protagonistas”, dice León Valencia; mientras que Laura Gil, presentadora de HashTag Internacional dice: “Estos temas han sido ignorados por la televisión. Súmele a eso la cuasidesaparición de los programas de opinión de las pantallas colombianas. Quizás la exigencia de un conflicto de más de cincuenta años contribuyó. Pero comienzan a verse propuestas para romper ese esquema”.

Por último, Canal Capital lanzó una serie de programas que dan espacio a las minorías. Uno de ellos es El Sofá, de temática elegebeté que tristemente se quedó sin presentador a solo cuatro meses de su estreno, pues quien estaba, el escritor Alonso Sánchez Baute, no llegó a un acuerdo con el canal respecto a su sueldo. En agosto vendrá un programa afro, uno indígena, uno para mujeres, uno para raperos y otro para jóvenes, realizado por la Red Alternativa de Bogotá que agrupa a trescientos productores audiovisuales. También habrá cambios en el noticiero Capital noticias que, a la llegada de Morris, estaba sin director y que ahora, bajo la dirección de Julio de la Rue, tendrá un enfoque nacional. Aunque faltan asuntos por definir, por lo que se ha visto, el noticiero dará prioridad a las víctimas del conflicto. Algo que sí adelantó Morris es que Bogotá no será cubierta solo con los muertos y los atracos. “Frente a una Bogotá violenta nosotros decimos que hay una Bogotá de la esperanza”.

La televisión pública

Canal Capital tiene varios retos. El primero es que ningún bogotano lo reconoce como su canal. Analistas de medios, periodistas y televidentes concuerdan en que el canal de la ciudad es CityTv. Otros critican que el noticiero y la franja de análisis den mayor importancia a lo nacional que a lo local. Y es que, como explica Rincón, los canales regionales se crearon para fomentar las identidades culturales del país y para generar una industria audiovisual local. Canal Capital funciona como una empresa industrial y comercial del Estado y desde el 2006 es una entidad vinculada al sistema de Cultura, Recreación y Deporte de Bogotá. “Sin embargo —dice Rincón— nunca ha tenido un modelo y un discurso de ciudad. En cambio, siempre ha sido usado como propaganda”.

Ese es, justamente, el segundo reto de la nueva administración: reflejar un modelo de ciudadanía con el que los bogotanos se sientan identificados —que, por supuesto, puede ser la Bogotá Humana del alcalde Petro— pero sin convertirse en una herramienta política. Ya lo anunciaba el periodista Édgar Artunduaga en su columna de Kienyke: “Sería error garrafal constituirse en el ventrílocuo del alcalde Petro y su gobierno”. Al margen de que periodistas como León Valencia y Antonio Caballero resalten la autonomía que les ha dado el canal para realizar sus programas, lo que quizás se le olvida a Artunduaga es que mucho antes de la llegada de Morris, Canal Capital ya se movía por intereses políticos.

Varias fuentes consultadas señalan que la historia del canal ha estado atravesada por pagos de favores, nombramientos políticos, incidencia en los contenidos e irregularidades en el manejo presupuestal. La gestión de algunos de los gerentes tampoco ha terminado en buenos términos. Durante su alcaldía, Mockus suspendió a la entonces gerente Yolanda Gómez por haber obstruido una investigación de la Personería Distrital contra el gerente de televisión del canal, Jorge Luis Ramírez, por atropellos contra otros empleados. En la administración Garzón, Héctor Jaime Pinilla renunció a la gerencia para lanzarse a la Alcaldía de Manizales pero, al parecer, antes de salir, había utilizado el canal para hacer propaganda. Finalmente, al último gerente, Javier Ayala, quien renunció el pasado 25 de enero, no le fue muy bien en la auditoría realizada por la Contraloría Distrital en el 2010.

Hay quienes aseguran que durante la alcaldía de Samuel Moreno la plata del canal se fue por la alcantarilla. “Esos recursos, durante las administraciones anteriores no se utilizaron para producciones de calidad, sino para hacerle propaganda al alcalde de turno y aunque este dijera mentiras como sucedió con el tan recordado espacio Samuel en la calle”, escribió para Kienyke Óscar Sevillano.

El presupuesto que recibe Canal Capital se divide así: el distrito asigna diez mil millones de pesos al año, la Autoridad Nacional de Televisión —antes la Comisión Nacional de Televisión— entrega otro tanto y luego está lo que se consigue por pauta publicitaria que, en el peor de los casos, rondaría los mil millones. Adicionalmente, las empresas públicas de Bogotá deberían destinar un porcentaje al canal, pero esto casi nunca se cumple. “Canal Capital cuesta al año unos veinte mil millones, o sea casi once millones de dólares —dice Rincón—. En Argentina, existió un canal público espectacular, Ciudad Abierta, que se hizo con un millón de dólares”.

Según Rosero, parte de ese presupuesto se irá en mejorar el nivel tecnológico del canal que, como han señalado varios medios, tiene un rezago de veinte años. “Como inicialmente fue pensado como un canal emisor, no invirtieron en esa parte técnica y se contrató un formato análogo, cuando hoy ya todos los canales son digitales —dice Rosero—. Según los cálculos cambiar las cámaras, la edición y el sistema de producción costaría veinte mil millones”. Ese es el tercer reto.

El canal de Bogotá

Una evaluación justa de cualquier programa de televisión debe hacerse alrededor de seis meses después de que haya salido al aire. Hasta ahora, Canal Capital tiene a su favor el hecho de intentar mostrar un modelo de ciudad y de dirigir toda su parrilla hacia allí. Saber cómo les ha ido a los nuevos programas es difícil, sobre todo porque el canal no paga a Ibope por la medición de su audiencia, sino que se guía por indicadores como las redes sociales. Otro punto a favor es el espacio que se está dando a las minorías y a la producción local. Aun así le falta un buen camino por recorrer para lograr por lo menos el reconocimiento que tienen otros canales regionales como Teleantioquia. Cuando los bogotanos sintonicen Canal Capital y se sientan representados, cuando encuentren análisis pero también entretenimiento y cuando se escuchen frases como “no me puedo perder ese programa por nada del mundo”, entonces Bogotá podrá decir que tiene un canal público de televisión.

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.