Pasajera en tránsito
Publicado: 15/03/2010
Por Cristian Valencia

Pasajera en tránsito

Cristian Valencia Pasajera en tránsito de Yolanda Reyes Alfaguara, 2006 328 páginas

Un amor adolescente mientras estudia en Madrid en 1982 es la mecha que enciende Pasajera en tránsito. Y unas ganas enormes de atrapar el pasado en una cúpula mágica; y una historia de militares argentinos; y la guerra de las Malvinas; y la vida que vivió Maria Fernanda del Castillo en ese Madrid: sus viajes, sus locuras, sus deserciones, sus amigos. Todo esto compone el universo de esta novela melancólica de los tiempos idos, escrita veinte años después, a la luz del reencuentro con Gabriel, el argentino que le robó el corazón en Madrid por un instante nada más. Instante que le daría a María el impulso vital para atravesar fronteras escribiendo cartas de amor eterno a un amante enigmático con quien jamás construyó una cotidianidad.

Sorprende mucho en esta novela que la historia de Colombia no aparezca por ningún lado, salvo en pequeñas alusiones a hechos. Sorprende porque el personaje principal es colombiano. Pero es una omisión que parece intencional. Aunque no sea explícito en la novela, lo tácito pesa demasiado. María sólo quiere vivir el momento. Y el momento es Madrid, y la historia política que pesa a lo largo de 328 páginas es la de Argentina.

Las estaciones del tiempo le sirvieron a Yolanda Reyes para diseñar la estructura. Y es invierno cuando recién llega a Madrid; primavera cuando se enamora de Gabriel; otoño cuando la melancolía abraza a los enamorados; y nuevamente invierno cuando María regresa a Bogotá con un amor perdido entre las cartas. Si bien la mayor parte de la novela está narrada por una tercera persona que todo lo ve, se siente más cercana a María que a Gabriel: tan sólo en una ocasión se atreve a meterse en la cabeza de él. Y esta tercera persona se intercala con escritos de María (a veces de Gabriel) compuestos por cartas, trozos de un diario y cartas para sí misma desde el presente, encargadas de disparar la nostalgia rotunda de María.

¿Por qué se enamoró de Gabriel? Se podría contestar sólo desde la perspectiva de María, porque la novela reserva poco espacio para describir los eventos amorosos, cosa que da para pensar que, para el narrador, ella está más enamorada de la idea del amor, que de Gabriel. Que le gusta el amor lejano para poder escribirlo.

La autora tiene una capacidad asombrosa para describir personajes a través de los diálogos. Así compone a María, a su amiga Ali, a Gabriel y a Dante. Sobre todo a Dante: argentino, gay, dicharachero y feliz; carga un enorme secreto sobre Gabriel, que usted, como lector, disfrutará descubriendo.


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