La cultura del nuevo capitalismo
Publicado: 15/03/2010
Por Hernán Darío Correa C.

La cultura del nuevo capitalismo

Hernán Darío Correa reseña La cultura del nuevo capitalismo de Richard Sennett Anagrama, 2006 185 páginas

Ahora, cuando el estado mafioso empieza a rasgarse las vestiduras, y se vislumbra que nos enfrentamos al mismo tiempo a los viejos y a los nuevos problemas de la política enel mundo entero dominado por negociantes-guerreros mesiánicos, este libro nos pone frente a frente con la cultura dominante, y nos sugiere caminos.

“Los grandes gobiernos e instituciones cívicas han tratado de desmantelar su pasado institucional, según el modelo del ‘capital impaciente’ de resultados a corto plazo, que se comporta como un reproductor MP3 (‘lo que uno oye puede ser programado en cualquier orden’). Hoy nos hallamos ‘fuera de la jaula’ del relato empresarial organizado a largo plazo (44), bajo la amenaza moderna del fantasma de la inutilidad, recreado por la oferta global de fuerza de trabajo, la automatización y la gestión del envejecimiento (78): Ahora los publicistas y las mujeres envejecen al doblar los treinta años y todos, cada que se renuevan los softwares; pero la expectativa de vida se prolonga (84). Y nos hemos tornado en ciudadanos-consumidores-espectadores, ante plataformas y diferencias políticas cosméticas y con productos de oferta siempre renovada, la elusión del conflicto social y el olvido por principio de la madera retorcida que es la humanidad (Kant)” (137).

Sennett, a quien ya conocíamos por su brillante Carne y piedra. El cuerpo y la ciudad en la civilización occidental, esta vez nos pasea analíticamente por “el capitalismo social de nuestro tiempo”, alude a los hitos de su obra como sociólogo contemporáneo (El respeto, La corrosión del carácter, The Hidden Injuries of Class) y muestra con certeras y renovadas imágenes cotidianas los nuevos contenidos subjetivos de la burocracia, el trabajo y el consumo, hasta preguntarse por lo que más empezamos a necesitar: “Un punto mental y emocional firme donde echar el ancla; valores con los cuales sopesar si los cambios en el trabajo, el privilegio y el poder, valen la pena. En resumen: una cultura” (156). Y propone: Hay tres valores decisivos para ello: relato o movimiento narrativo de nuestra vida, como parte de las acciones colectivas (“tejer un hilo narrativo de experiencias para gente que no ha empezado a peinar canas”); el empleo compartido (“en Holanda ha resultado una herramienta útil para los empleadores en una economía inestable, y para la sociedad en función de la inclusión social, y genera un autorrespeto en contextos de ansiedad intermitente”) (158); y modelar el tiempo para habilitarnos en planificar a largo plazo, con base en aprender a pasar oportunidades y asumir compromisos bajo un espíritu artesanal que nos enaltece emocionalmente, so pena de sucumbir en la lucha por sobrevivir. “Tal vez así la rebelión contra la cultura debilitada constituya nuestra próxima nueva página de la historia”.


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