LA INVISIBILIDAD DE LAS FRONTERAS
Publicado: 15/03/2010
Por Juan Guillermo Ramírez

LA INVISIBILIDAD DE LAS FRONTERAS

Juan Guillermo Ramírez reseña Babel, del director Alejandro González Iñarritu

Babel, el más reciente trabajo de Alejandro González Iñárritu (conocido por Amores perros y 21 gramos), arranca cuando un cazador japonés le obsequia un fusil a su guía marroquí. A partir de este momento, la fatalidad invade toda la historia y prueba hasta qué punto nuestras certezas pueden pulverizarse y que nuestra condición humana, siempre trágica, es frágil. En Babel cada muerte o herida le permite a los personajes curarse o renacer. Son fantasmas extraviados que luchan en vano por asimilarse al lugar en donde están. Sus soledades se revelan dentro de un caos imprevisto y nos arrastran a un porvenir incierto.

Son miradas que hacen creer que somos invencibles e inmortales. González Iñárritu encierra su mundo en una prisión sin barrotes. Nuestro espíritu es la primera de las fronteras invisibles, antes que nuestra dependencia social y nuestra lengua. Babel es universal: el mundo es una burbuja en donde fluctúan las armas, las palabras, las imágenes, las personas, la fiesta y el amor mutuo.

La película es claramente política y aborda temas de actualidad como la inmigración clandestina, el imperialismo estadounidense y la neurosis de los occidentales: un japonés perverso, una estadounidense atemorizada, una mexicana en plena huída hacia el norte. Babel hace un elogio al aislamiento de los individuos, a su incapacidad de relacionarse con el otro: los personajes prefieren huir a dejarse perturbar.

El guión, escrito por Guillermo Arriaga, conduce a sus personajes por caminos agrestes y ellos se salvan o se pierden. Brad Pitt interpreta el papel de un estadounidense medio que pierde a su esposa, personificada por la serena y siempre hermosa Cate Blanchett, en un país en guerra; Gael García-Bernal, en cuya corta aparición intenta alcanzar el sueño americano; su hermana, Adriana Barraza, es la mujer encargada de cuidar a los hijos de Pitt y Blanchett, y ejerce este trabajo de manera ilegal, pues no tiene papeles; la actriz japonesa Rinko Kikuchi es una joven sordomuda que miente sobre el suicidio de su madre y busca ansiosamente reafirmar su propia sexualidad en una memorable secuencia en la que va al baño de una cafetería y se quita los calzones; y, finalmente, su padre, encarnado por Kôji Yakusho, es el hombre que le regaló el fusil al guía marroquí y no puede soportar la muerte de su esposa. Sobre esta participación actoral, los verdaderos personajes que les dan fuerza a los múltiples relatos de Babel son los actores naturales: los dos niños pastores, su hermana y el padre. Sin caer en un aparente maniqueísmo, González Iñárritu muestra una galería de personajes que comparten una desgracia común, un ánimo diezmado y un azar cebado en la adversidad.

Como en sus anteriores películas, el director y el guionista recurren a la narración fragmentada, a los saltos cronológicos, el uso del flash back y las elipsis y la repetición de una misma escena desde diferentes perspectivas. Algunos dicen que con Babel se cierra una trilogía de los mexicanos. Uno podría decir algo más que eso. El cine de Alejandro González Iñárritu es un cine que es testimonio de la desesperación, de la angustia y de la soledad individual.

Profundamente intimistas, tanto el director y como el guionista nos recuerdan siempre la premisa de la teoría del caos: “El aleteo de una mariposa en Hong Kong puede desatar una tormenta en Nueva York”.


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