Álvaro Mutis
Publicado: 18/10/2013
Por Mario Rey. Editor colombiano residente en México.

Álvaro Mutis

El pasado 22 de septiembre murió en Ciudad de México Álvaro Mutis, autor de una de las más significativas y singulares obras de la literatura escrita en español en el pasado siglo XX y de uno de sus más curiosos personajes, Maqroll el Gaviero.

Mutis nació en Bogotá el 25 de agosto de 1923 y vivió en México desde 1956. En 1948 publicó su primer libro, La balanza, que vio arder a los pocos días en las llamas del Bogotazo. Desde entonces, el escritor y el gaviero han navegado entre la realidad, la ficción, la poesía, la narrativa, el diálogo y la reflexión.

La crítica ha considerado a Mutis como una de las mayores figuras de la literatura colombiana, y un grupo de reconocidos poetas como Octavio Paz, Enrique Molina, José Emilio Pacheco y Eugenio Montejo, de escritores como Severo Sarduy, John Updike o su incondicional amigo Gabriel García Márquez, y críticos de épocas y posturas ideológicas y estéticas distintas como Christopher Domínguez, James Alstrum, Fabienne Bradu, Martha Canfield, Seymour Menton, Louis Panabière y Ernesto Volkening se han ocupado de su producción y han señalado con entusiasmo sus virtudes durante más de sesenta años. Se lo asume, por ejemplo, como “un verdadero poeta” (Octavio Paz); “uno de los grandes poetas de América (José Miguel Oviedo); “un gran escritor” (Carlos Fuentes); “un clásico recién nacido” (John Updike); “un poeta maduro desde su primer libro” (David Jiménez); “un poeta de culto” (Christopher Domínguez); un “extraordinario narrador” (Juan Vicente Melo); “un escritor capaz de trascender sus modelos” (Juan Gustavo Cobo Borda), y uno en igualdad de condiciones con “los grandes poetas europeos contemporáneos” (Adolfo Castañón).

Su producción poética y narrativa ha sido valorada como alta poesía; canto propiciatorio, inquietante y misterioso; aventura espiritual, enseñanza, rezo y conjuro; obra monumental, de “perfección intachable” y disciplinada hermosura; de gran destreza literaria, fuerza vital y poder transfigurador; de “inimitable belleza y, como tal, completamente inútil”; obra que vibra con el mundo, capaz de trascender lo personal y representar al lector; y como una creación de un mundo, un personaje vivo, un mito y un lector propios.

La crítica coincide en señalar el origen poético de sus relatos; su espléndida manera de contar y su aura poética; los “imprevisibles virajes” de su intriga; su teatralidad y facilidad para crear personajes y situaciones verosímiles a partir de rápidos bocetos y brochazos; su gusto por contar historias y la épica; su renovación del placer infantil de la lectura; su enriquecimiento del género o su trascendencia del costumbrismo, el realismo, el folklor, el exotismo y la violencia comunes en la narrativa latinoamericana; su manera burlona de refractar la posmodernidad, así como la variedad de puntos de vista, narradores y formas narrativas.

No es de extrañar, entonces, que su obra haya recibido más de veinte premios, entre ellos los tres más importantes en lengua española: el Cervantes (España, 2001), el Príncipe de Asturias de las Letras y el Reina Sofía de Poesía Iberoamericana.

Y, curiosamente, su poesía ha dado origen a tres composiciones musicales: una de Mario Lavista (“Tres nocturnos, para mezzosoprano y orquesta”), otra de Marcela Rodríguez (“Cantata del tequila para coro mixto y orquesta de cámara”), y la última, de Luis Torres Zuleta (“Nocturno”).

Vale la pena recordar, para que el lector curioso tome nota, que dos de las novelas de Mutis fueron llevadas al cine: Carlos Mayolo dirigió La mansión de Araucaima (adaptada por Julio Olaciregui) en 1986 y Sergio Cabrera hizo Ilona llega con la lluvia, adaptada con Jorge y Ana Goldenberg diez años más tarde. Asimismo, Francisco Norden produjo en 1981 el cortometraje Hoy conocí a Bolívar, basado en su memorable cuento “El último rostro”. También se han producido varios documentales sobre su vida: Álvaro Mutis. Infierno inolvidable, de Alfredo Sánchez, en 1997; Escala íntima, de Rodrigo Castaño, en 1999 y Álvaro Mutis The Elements of Disaster, de Yves Billon y Mauricio Martínez-Cavard en el año 2000.

Quizás uno de los homenajes que él más agradeció fue aquel que en el 2005 le hizo el Instituto Cervantes de Estambul: bautizó su biblioteca con el nombre Álvaro Mutis y organizó una amplia exposición bibliográfica con diversas ediciones de sus obras, fotografías y documentos.

Conocí a Mutis durante muchos años. Siempre recordaré aquella noche cuando, en el mágico Tepoztlán, y después de enseñarme a preparar el mejor martini del mundo, rememoró su “Nocturno”: “Esta noche ha vuelto la lluvia sobre los cafetales. / Sobre las hojas de plátano, / sobre las altas ramas de los cámbulos, / ha vuelto a llover esta noche un agua persistente y vastísima / que crece las acequias y comienza a henchir los ríos / que gimen con su nocturna carga de lodos vegetales…”. Y, para mi gran sorpresa, después de denostar de los boleros, cantó completicos en tono burlesco más de diez.

Pocos días antes de su muerte, en un pueblito que aún logra conservarse enclavado en la monstruosa Ciudad de México, en la calle San Jerónimo, un brevísimo camino al plácido jardín de plátanos y cafetos que conducen a su luminoso refugio de libros, cuadros, fotos y gatos, tuvo lugar el que sería uno de nuestros últimos encuentros. Consciente de la inutilidad de toda empresa humana, se emocionó como un niño al evocar a Colombia y al enterarse de que el geólogo, poeta y traductor del ruso Jorge Bustamante, quien me acompañaba, había bautizado una veta del distrito minero San Diego Curucupaco con el nombre Amirbar. Luego recordó el resplandor de San Petersburgo, a sus maestros rusos de juventud descubiertos gracias a Jorge Zalamea y Casimiro Eiger, pidió con picardía otro whisky y brindó en ruso: ¡Za zdaróvie!


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