Auras anónimas, Beatriz González
Publicado: 24/01/2014
Por María Belén Sáez de Ibarra

Auras anónimas, Beatriz González

Beatriz González (Bucaramanga, 1938) intervino en el año 2009 los cuatro columbarios del Cementerio Central de Bogotá que en los años cuarenta sirvieron de fosa común para los muertos del 9 de abril de 1948. Este conjunto de cuatro galerías funerarias encerradas por una verja de hierro y piedra ubicadas en lo que se conoce como el globo B o globo occidental del cementerio, pertenecía anteriormente a un sólido conjunto funerario que abarcaba desde el Cementerio Inglés en la avenida Caracas hasta el Cementerio Alemán y Hebreo abajo de la carrera 22.

Auras anónimas es una acción pública de toma de un espacio en la ciudad para la conservación de la memoria y un acto de resistencia ciudadana frente a los asesinatos perpetrados contra los más débiles y desposeídos, quienes además no encuentran un lugar para el rito de la sepultura y de conmemoración de su muerte. Un espacio para que la sociedad recuerde lo que no puede suceder nunca más. Y para los allegados de estas auras anónimas sin tumba urge una forma de duelo que dignifique a sus muertos.

La intervención en el cementerio partía de la iniciativa de la artista de colaborar con las instituciones públicas del orden cultural dentro de la Alcaldía Mayor para evitar el desenlace a que venía abocado el lugar: ser borrado de la memoria colectiva y puesto al servicio de la ciudadanía como parque deportivo o cualquier otro “uso” público. Ya en ese momento habían sido demolidos dos columbarios. En la actualidad, los columbarios amenazan ruina y se encuentran contiguos al recientemente construido Centro de Memoria Histórica de la Presidencia de la República. Existe en proceso un proyecto del Museo de Bogotá de restaurarlos como parte de un plan para configurar en estos predios el Parque de la Reconciliación.

Siendo alcalde de la ciudad, Antanas Mockus había escrito allí en la parte superior de los columbarios: “La vida es sagrada”. Se conserva la huella de esta frase acompañando esta monumental intervención artística en la ciudad. Las imágenes con las que Beatriz González llena los 9000 nichos vacíos destinados a la sepultura en otros tiempos, son apropiadas, por la artista, de unas fotografías de la prensa colombiana registradas en el año 2003 que muestran la forma como se cargan los cadáveres en los desplazamientos forzados en el campo y en la selva, generados por nuestra guerra. En la avalancha de imágenes mediáticas la artista busca un ícono que fije para la historia la aberración de la guerra que especialmente se ensaña con los débiles. El acto de llenar el hueco de los nichos abandonados es un gesto estético para conjurar la ausencia de una tumba para estas auras anónimas del conflicto armado colombiano.


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