Luiz Ruffato: la literatura como iluminación
Publicado: 26/02/2014
Por RevistaArcadia.com

Luiz Ruffato: la literatura como iluminación

Mi primer libro cayó en mis manos por casualidad. Hijo de un vendedor de crispetas semianalfabeto y de una lavandera de ropa analfabeta, ambos oriundos del campo, en casa nunca tuve acceso a la lectura. Estudiaba en un colegio de noche y en el día trabajaba para ayudar a mantener el hogar: a la edad de doce años ya había ejercido las profesiones de cajero de taberna y dependiente de mercería, y los fines de semana ayudaba a mi padre en el carrito de crispetas que tenía en la Plaza Santa Rita, en Cataguases, la ciudad donde nací, al interior de Minas Gerais.

Un domingo, a la salida de misa, un señor se aproximó, compró una bolsita de crispetas y le hizo la charla a mi padre. Averiguó si yo estudiaba y dónde. Tras oír la respuesta, el hombre preguntó contrariado por qué no me inscribía en el Colegio Cataguases (la mejor escuela pública de la ciudad, donde estaban los hijos de las familias ricas). Mi padre le explicó que allí nunca había conseguido cupo, a lo que el profesor –ahora debidamente presentado– refutó que hacía poco había asumido la rectoría del colegio y, por lo tanto, garantizaría mi matrícula para el año siguiente.

Y en febrero de 1973 allá estaba yo, con uniforme nuevo, cursando séptimo grado en la jornada de la mañana. Tímido, fuera de lugar, vivía arrastrándome por las paredes del colegio con la esperanza de volverme invisible –definitivamente no lograba integrarme con los demás niños–. Hasta que busqué refugio en un lugar poco frecuentado: la biblioteca. La bibliotecaria, que siempre me veía allí, decidió prestarme un libro* y comprendió que mi mudez asustada –provocada por mi retraimiento– era una señal de voluntad. Para agradarle, me llevé el volumen a casa y lo leí...

La historia transcurría a muchos grados bajo cero, los nombres de los personajes me eran impronunciables, y trataba sobre la masacre de doscientos mil judíos durante la Segunda Guerra Mundial. Yo vivía en una ciudad cuya temperatura promedio anual permanece alrededor de los veinticinco grados centígrados, nunca había viajado más allá de un radio de doscientos cincuenta kilómetros, y las muertes violentas en la región eran tan escasas que adquirían un carácter mítico. Es decir, todo lo extraño en la historia estaba dispuesto para que causara un rechazo profundo en mí. Aún así, esa lectura... abrió el Mar Rojo de la ignorancia para dar paso a mis inquietudes... Al terminar la última página, supe que jamás sería el mismo...

 

 

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*Muchos y muchos años después, recordé que el libro se llamaba Babi Yar, de Anatoly Kuznetsov (1929-1979), escritor ucraniano durante la era soviética.
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