Jean-Marie Le Clézio
Publicado: 26/02/2014
Por RevistaArcadia.com

Jean-Marie Le Clézio

La guerra fue para mí el momento determinante para ser escritor. Cuando tenía seis o siete años, en la ciudad de Niza, donde las calles todavía estaban bloqueadas por barricadas y los techos de las casas todavía estaban cubiertos de lona de camuflaje y el puerto todavía paralizado por las carcasas de los barcos hundidos en bombardeos, reinaba cierta angustia. Recuerdo haber dibujado con una tiza, sobre una pizarra, el paisaje que veía por la ventana de la casa en la que vivíamos con mi madre y mi abuela materna: palmeras, mástiles de barcos que surgían del mar y una inmensa grúa encargada de la reconstrucción. Todavía no sabía leer pero sabía escribir. Para satisfacer esa necesidad, mi abuela me regaló unas cartillas de racionamiento usadas y un gran lápiz bicolor de carpintero, azul de un lado, rojo del otro. Fue con ese lápiz y en uno de esos carnés que escribí mi primer poema, en el que hablaba de una campiña que no veía, de mujeres que recogían las espigas de trigo y de niños que jugaban. No guardé ese poema. Tal vez intercambiaron esas hojas por sacos de harina o raciones de tabaco (mi abuelo era un fumador empedernido). Pero recuerdo mi felicidad cuando mi abuela leyó en voz alta las palabras que había escrito, como si fueran los destellos de un sueño en mi vida de niño temeroso y furtivo, como todos los niños en tiempos de guerra.


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