Álvaro Enrigue
Publicado: 27/02/2014
Por RevistaArcadia.com

Álvaro Enrigue

Ser escritor es una vocación. Está ahí desde siempre y siempre quise dedicarme a escribir, desde niño. Lo que hay es un momento en que piensas que a lo mejor si lo intentas algo cuela y terminas haciendo lo que querías. Eso me pasó a los veinte años. Decidí intentarlo y tuve buena suerte: mandé un artículo a un periódico –El Nacional, ya no existe– y el editor de la sección de Cultura me llamó para decirme que lo fuera a ver. Me ofreció una columna semanal. Lo había intentado en mil medios más y en ninguno me pelaron, pero ahí se abrió una puerta. Un poco más adelante, un amigo que trabajaba en la redacción de Vuelta me dijo que si quería mandar un artículo a la revista, que estaban buscando escritores jóvenes –yo era un chamaco. Mandé una reseña que nunca jamás pensé que publicarían–. ¡Era la revista de Octavio Paz! Al poco me llamó Aurelio Asiain para decirme que les había gustado, que la iba a publicar. Ahí fue realmente donde cambió todo, lo demás ha sido pura obstinación, disciplina, entrañas de acero. Ser el primero que abre la tienda y el último que la cierra. Insistir.


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